Pedro y Luis están nerviosos

¿Cuáles son sus temores? ¿Por qué tanta alharaca con la marcha de los trabajadores?

Desde que tengo uso de razón he sabido que nuestras prestigiosas organizaciones sociales han realizado marchas, paros, concentraciones, en los barrios de Montevideo, en el Interior del país. También recuerdo que desde siempre, pero en particular en la larga noche de la dictadura, estos mismos protagonistas demostraron su enorme convicción democrática, y no precisamente con palabras, sino jugándose hasta el propio «pellejo».

Por lo tanto, los que intentan simplificar esta rica y gloriosa historia de lucha, lo hacen desde su pertenencia a intereses sociales, políticos, culturales, económicos, absolutamente distintos.

¿Cómo resuelven el guiso, la cazuela, el churrasco, la vivienda, la educación? ¿Cuándo van a hablar de laburo digno?

En Bella Unión, ¿están pensando en la motosierra para cortar la caña de azúcar? ¿O pensando en el «libre juego del mercado», para volver al pasado de 54 por mil gurises que se morían antes de cumplir los 3 años?

Si Ancap, el Mides, EL MSP, o sea el Estado, no estuviera allí actuando, ¿quién resolvía el puchero de miles de sus habitantes? ¿Quién su salud, su vivienda, su educación?

¿Quién?

¿Los que estuvieron decenas de años y pudiéndolo hacer, no lo hicieron?

Están nerviosos y los comprendo, yo en su lugar de interés también lo estaría, yo no querría esta marcha.

Obvio que las consecuencias están arriba de la mesa, y lo que también es cierto, es que el que se quema con leche «ve la vaca y llora», y lamentablemente en la década del 90 nos quemamos con leche.

Y en la marcha estamos contando cómo nos quemamos, que nos pasó con el ingenio azucarero de Salto, y que nos pasó a los pueblos de Villa Constitución y Belén. Estamos contando cómo nos destrozaron la industria nacional, cuando entraba todo de afuera, cómo perdimos cientos de oficios calificados. Estamos contando de los que decían que los funcionarios públicos hacían que trabajaban y ellos hacían que les pagaban. Y antes y después estuvieron los que se jactaban de no perder una huelga, los que permitían que los empresarios de raza echaran a una trabajadora por el atrevimiento de leer una proclama un 1º de mayo.

Hoy los escuchamos lamentarse de cómo este gobierno favorece a los trabajadores aprobando leyes de negociación colectiva, fuero sindical, condiciones de trabajo de los trabajadores rurales, del servicio doméstico, que hace años dormían en los cajones del Parlamento.

Es lógico que estén nerviosos por la marcha de la esperanza que este 27 de agosto llega a Montevideo, porque las grandes mayorías de nuestro pueblo no están representadas por quienes siendo gobierno han privatizado parte del Estado, cerrado industrias y favorecido banqueros que nos han robado.

Ya nos quemamos en los 90 y hoy, siendo viejos o jóvenes, hemos madurado lo suficiente como para pensar con nuestra propia cabeza y ver cada vez más, como lo hacen los más de 10.000 compatriotas a los cuales parte de esas políticas ciegas se lo habían prohibido.

Quizás un diazepan persuada a los nerviosos.

Pero esta marcha es inexorable, viene y viene desde 4 puntos del país, del este y oeste, del norte al sur, de todo el Interior ha reclamar por nuestro programa, a defender nuestras conquistas, a seguir construyendo con memoria para que no haya impunidad y por supuesto para que no haya regresión.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje