EDITORIAL

Un mensaje, un estilo

El presidente de la República, Tabaré Vázquez, realizó ayer un acto en Bella Unión, habló de las políticas sociales de su gobierno y lo hizo desde un lugar emblemático; una de las localidades del país que estaba más sumergida cuando inició su mandato.

La oposición de derecha, nuevamente, ha cuestionado virulentamente la decisión de Vázquez de mantener un diálogo abierto con la población y lo ha acusado de «intervenir en la campaña electoral».

Este argumento tiene varias debilidades.

En primer lugar, es un derecho y hasta una obligación del Presidente, no por poco practicada menos real, rendirle cuentas a la población de su actuación.

En segundo lugar, una de las diferencias del gobierno de izquierda con respecto a los partidos tradicionales es apostar a la participación ciudadana, lo ha hecho insuficientemente, es cierto, pero con mucho más decisión y énfasis que nunca en la historia reciente del Uruguay.

Vázquez no ha iniciado esta modalidad en la campaña electoral, lo hizo desde el primer día de su gestión, cuando además de hablar ante el Parlamento como es tradicional, hizo un discurso y un compromiso público en un acto multitudinario en la calle.

Lo continuó con los 16 Consejos de Ministros abiertos en el interior del país. Informando, escuchando a las comunidades, no sólo él como Presidente, sino todo su equipo de gobierno.

Además realizó dos rendiciones de cuentas públicas, también por primera vez en la historia, una en 2006 y otra este año, en 2009.

En realidad a la oposición le molestó siempre ese estilo de Vázquez, lo cuestionó y lo combatió políticamente. No es extraño, es una manera de gobernar, absolutamente distinta a la que ellos aplicaron y aplicarían, pero tan legítima o más que la que ellos aplicaron.

También en realidad, a la oposición le molesta el estilo y le molesta el contenido de las exposiciones de Vázquez, pero más le molesta el impacto incuestionable que este estilo y el propio Presidente tienen en la opinión pública. Siempre le molestó y, por supuesto, le molesta mucho más en tiempo electoral.

En tercer lugar, no resiste su exposición a la realidad el señalamiento de una intervención de Vázquez en la campaña electoral. Los anteriores presidentes de la República desde la recuperación democrática, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, tuvieron una presencia igual o mayor a la de Vázquez, pero en una modalidad diferente.

Los tres presidentes de la derecha usaron y abusaron de los medios de comunicación permanentemente, también en tiempo electoral. Vázquez ha tenido, en comparación, una baja exposición mediática, apostó a un estilo nuevo, diálogo directo con la gente.

Todo lo anterior referencia a la legitimidad o no de los discursos del Presidente, pero hay un segundo nivel de análisis, tan importante como este primero.

Más allá de la forma, importa el contenido, la sustancia del mensaje de Vázquez, aunque en este caso es inseparable un aspecto del otro.

Vázquez habló en Bella Unión, un pueblo devastado por una decisión, enmarcada en la más pura concepción neoliberal, del gobierno de Luis Alberto Lacalle de liberalizar la importación de azúcar y casi terminar con su producción nacional.

En su discurso de asunción presidencial el 1º de marzo de 2005 Vázquez anunció medidas concretas para hacer realidad ese compromiso.

Bella Unión tenía uno de los índices más altos de desocupación y de pobreza del país, todos los servicios de salud públicos y privados estaban deprimidos y en crisis. Un dato que graficaba la dramática situación era la mortalidad infantil en Las Láminas, uno de los barrios más golpeados: 50 por cada mil nacidos.

Hoy, la ciudad y los alrededores han cambiado radicalmente, la desocupación se ha abatido a niveles nunca conocidos, la caña de azúcar es una realidad pujante, con 7.500 hectáreas sembradas y 6.500 hectáreas en cosecha. Se han concentrado en la zona los esfuerzos del Estado, de la comunidad y de la inversión privada; ALUR es una realidad en desarrollo, no sólo con el azúcar sino con la producción de alcohol, de biocombustible y también de pienso animal. Se ha hecho una inversión muy importante en salud y en educación. También se ha canalizado eficientemente colaboración internacional, de Venezuela, de Cuba y de Japón. Un dato revelador: hoy, en Las Laminas, la mortalidad infantil es de 13 por mil nacidos.

Un discurso y una actitud presidencial importante, digna de ser conocida. Por su forma, de dialogar con la gente, de profundizar la democracia, de rendir cuentas, y por su contenido, concreciones de una política que ha tenido como prioridad a los más necesitados.

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