Una doctrina gringa para la dominación
Desde que los Estados Unidos proclamaron en 1823, con el presidente Monroe a la cabeza del gobierno, la famosa frase de ¡América para los americanos!, hemos tenido todo un historial de violaciones a la soberanía Latinoamericana, que actualmente quiere consolidarse en Colombia, después que el gobierno del presidente socialista ecuatoriano, Rafael Correa, se haya negado a renovar los privilegios que las tropas estadounidenses tenían en la tristemente conocida base de Manta, punto estratégico dominado por los Estados Unidos, en lo que alguna vez fue su patio trasero: Latinoamérica.
El historial intervencionista de la imperial potencia del norte es bochornoso. Tropas de Estados Unidos invadieron Colombia en 1901 y 1902. Honduras en 1903, 1907 y 1911. La República Dominicana en 1903, 1904, 1914, y 1916, ocupando el Estado isleño hasta 1924. Tropas de Estados Unidos desembarcaron en Nicaragua en múltiples ocasiones, ocupándola durante 20 años. Ocuparon Cuba durante tres años, entre 1906 y 1909. Haití fue ocupada durante 20 años. Fuerzas de Estados Unidos también hicieron incursiones en México, Panamá, Guatemala, y Costa Rica.
El presidente Dwight D. Eisenhower utilizó la doctrina Monroe en 1954 para justificar el derrocamiento de un gobierno democráticamente elegido en Guatemala. El presidente John F. Kennedy la adoptó desde 1961 hasta 1963 al atacar a Cuba, y el presidente Lyndon B. Johnson alzó su bandera intervencionista en 1965, cuando envió 23.000 marines a la República Dominicana para apoyar a generales que gobernaron el país durante los 13 años siguientes.
En 1973, tampoco vacilaron en financiar y promover con la CIA un golpe militar fascista que significó la muerte del presidente Salvador Allende y la de miles de chilenos destruyendo la histórica democracia chilena, para instaurar la dictadura del general Augusto Pinochet.
El presidente Ronald Reagan reconoció que la doctrina Monroe era la base para las guerras de la CIA que mantuvo en Nicaragua, El Salvador y Guatemala durante las cuales murieron más de 200.000 centroamericanos, así como en el ataque de Estados Unidos contra Granada.
Hoy, como afirma el conocido escritor, periodista y diplomático cubano Francisco Pividal, autor del libro «Bolívar Pensamiento Precursor del Antimperialismo», «el imperio no se detiene ante algo, o ante nadie, para tratar de impedir la creación de una patria grande», como estamos presenciando con el golpe de estado en Honduras, tratando de debilitar la Alternativa Bolivariana (ALBA) y su inexorable marcha hacia el socialismo.
El gobierno del presidente Alvaro Uribe y los golpistas hondureños, se ha convertido en los caballos de Troya de nuestra patria grande. Las bases y el gobierno de facto son la consecuencia de la doctrina intervencionista norteamericana. Buena parte del futuro de las democracias y de los gobiernos progresistas, por los que tantos de nuestros mejores hijos murieron luchando, están en juego hoy si no se frena el intervencionismo yankee.
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