Zubin Mehta, símbolo musical de Israel
Cuando una mañana en Tel Aviv telefonearon para invitarme a una conferencia de prensa del maestro Zubin Mehta, que tendría lugar dos horas más tarde, con motivo de cumplirse 40 años de su designación como director estable de la Orquesta Filarmónica de Israel (IPO por su sigla en inglés), no dudamos en aceptar a pesar de que habría de ser la primera vez en que se me adjudicaba el rol de entrevistador, pero con el atenuante de integrar un colectivo.
En su introducción, Zubin Mehta recordó que la primera vez que condujo la IPO no fue hace 40 años sino en 1961, y temió que al mismo tiempo sería la última. Tampoco imaginó, cuando dio inicio a su ciclo como director estable, que se involucraba de por vida en una aventura que, dijo, «disfruté cada instante y que no la cambiaría por la de ningún otro director de orquesta del mundo. Aprendí más de los instrumentistas que integran la orquesta que ellos de mí. Crecimos juntos y lo que hemos logrado ha sido el resultado de un esfuerzo conjunto».
Los logros han sido impresionantes. Como él mismo subrayó, la IPO puede compararse en la actualidad con las mejores orquestas del mundo. Lo que no dijo fue que él mismo también puede hoy compararse con los mejores directores del mundo.
En Israel la música ocupa un lugar preferencial en la vida cultural y social. No es ajeno a ello el profundo arraigo que la música tenía en la Europa judía. El violinista sobre el tejado de Chagall es su testimonio emblemático. Además, a lo largo del siglo pasado sucesivas olas inmigratorias trajeron músicos de nivel, como la alemana de la década del 30 (la IPO se fundó hace 74 años y ya por entonces la dirigió Toscanini) y la que provenía de los países que integraban la ex Unión Soviética en la pasada década. En otras palabras, el trabajo de Zubin Mehta tenía sólidos antecedentes.
A lo largo de los años he tenido oportunidad de verlo y escucharlo al frente de la IPO, tanto en Israel como en otros países. Pero nunca me impresionó tanto como en los dos últimos conciertos del mes pasado que tuvieron lugar en Tel Aviv (uno de ellos integra una serie denominada «conciertos en jean» para atraer a los jóvenes a la música clásica) por la sintonía entre director y músicos. Se respiraba una atmósfera de complicidad entre ellos, cuya principal beneficiaria es la propia música.
Volviendo a la exposición, Zubin Mehta explicó la anticipación con que se hace la programación de conciertos, giras, contratación de solistas y restantes actividades de la IPO, la cual no se limita a la temporada 2009-2010, sino que en algunas facetas incluye los años subsiguientes, aun con la aclaración de que pueden sobrevenir modificaciones.
Anunció la próxima visita por algunos países sudamericanos Uruguay incluido a los cuales vuelven con renovado entusiasmo, no sólo por el público que acompaña y la buena crítica, sino también por la calidez con la que se sienten recibidos.
La IPO también se presenta en ciudades árabes de Israel, Nazaret y otras que mencionó, como parte de una obra didáctica destinada a los árabes israelíes, entre los cuales ha detectado jóvenes muy talentosos que con el tiempo podrían llegar a integrar la Orquesta. La música, agregó, requiere paciencia.
Hizo hincapié en las actuaciones de la Orquesta en las poblaciones fronterizas de Israel. En dos oportunidades quisieron actuar en Sderot, cuando esta ciudad era el blanco predilecto del Hamas para disparar sus cohetes desde Gaza, pero los servicios de seguridad no lo permitieron.
Iniciativas de esa naturaleza, al igual que su decisión de retornar precipitadamente desde el exterior cuando estalló a guerra llamada del Día del Perdón porque consideró que su deber en aquellos momentos aciagos era estar junto a sus músicos, lo instalaron definitivamente en el imaginario colectivo del pueblo. Se generó un círculo virtuoso entre él y los israelíes. Zubin Mehta aprendió a querer como propio un país que al fin y al cabo no es el suyo y éste lo erigió espontáneamente en su símbolo musical.
Su designación como director artístico de la IPO a perpetuidad, fue interpretada por la opinión pública como una ratificación formal de algo que ya se había consagrado en los hechos.
Sobre el final de la conferencia de prensa le preguntamos si para la gira por América Latina había incluido en el repertorio autores sudamericanos. Mencionó una obertura de Juan José Castro (quien fuera director estable de la Ossodre en una etapa de esplendor de la misma) y obras de Piazzola. Paso el dato para la eventualidad de un bis, cuando el próximo sábado 22 tendremos en el Teatro Solís a esta embajada cultural de primer orden que viene desde Israel.
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