Las luces y las sombras del maestro Barenboim

El renombrado maestro argentino­israelí Daniel Barenboim es desde hace años foco de fuertes polémicas. Sus controvertidas declaraciones sobre Israel y la política de sus gobiernos en el tema palestino, han desatado en el transcurso de los años fuertes discusiones. Especialmente problemática resultó su decisión, hace ya un tiempo, de adoptar la ciudadanía palestina en señal de apoyo a la «causa palestina», lo cual no impidió que diversos grupos presionaran para cancelar su concierto en Ramallah debido a que había defendido el derecho de Israel a existir y a vivir en seguridad.

La polémica es, afortunadamente, pan de todos los días en la democracia israelí, pero las declaraciones de Barenboim a menudo despertaron reacciones airadas porque daba la sensación de adoptar plenamente la posición del «otro lado», como desconociendo el desafío lanzado desde siempre a la existencia misma de Israel por parte del mundo árabe. La intención del maestro, no tenemos dudas, es aportar a la paz y hacer crítica constructiva, pero en general no se lo toma así en Israel.

Días atrás volvió a enojar a muchos al pronunciarse a favor de la declaración de Jerusalén como «capital cultural árabe», con lo que sin duda agrega puntos a las exigencias árabes respecto a Jerusalén, por más que aclare que habla sólo de cultura y no de política.

Hablar de Jerusalén como «capital cultural árabe» distorsiona la realidad, inclusive si hay por cierto actividades culturales también en los barrios árabes, organizadas por sus propios habitantes. Jerusalén jamás fue capital de nadie que no sea del pueblo judío, lo cual se manifestó a lo largo de la historia tanto en lo político como en lo cultural. Para otros fue provincia y no corazón. Es sagrada para el islam en tercer lugar, después de La Meca y Medina, mientras para el pueblo judío, es el símbolo de su existencia histórica.

Cuando fue aprobado el plan de partición de Palestina el 29 de noviembre de 1947, se destinó a Jerusalén el estatus especial de «Corpus Separatum» bajo control internacional, en forma interina. El liderazgo sionista lo aceptó, aunque Jerusalén era su corazón, ya que la alternativa era dar el «no» a la creación de Israel.

Pero los árabes rechazaron el plan, atacaron al entonces naciente Estado y los combates abarcaron también a Jerusalén. Los jordanos ocuparon la parte oriental, pero no la convirtieron en su capital ya que ésta siguió siendo Ammán. Israel quedó en control de la parte occidental y de inmediato la declaró su capital. En junio de 1967, en la Guerra de los Seis Días, se agregó la parte oriental conquistada por Israel, que la incluyó en su capital soberana, por lo cual, mientras los árabes conmemoran desde entonces la «ocupación», Israel celebra la «liberación y reunificación».

No es justo obsequiarles a los árabes ese título de «Jerusalén, capital cultural árabe». Atacaron Jerusalén porque la alternativa era aceptar un plan que significaba paz con el Estado de Israel. No respetaron santuarios judíos y de lápidas de los cementerios hicieron asfalto.

Ahora, es legítimo que exijan discutir a nivel político el futuro de las zonas árabes de Jerusalén. Pero esa, es otra historia.

Consideramos que Barenboim se equivocó en su proclamación al respecto.

Pero lo polémico de sus declaraciones y las discusiones que desata a menudo, no le pueden quitar lo hermoso de su obra en pro del acercamiento y el diálogo, en la forma de la Orquesta West-Eastern Divan, que realiza estos días una gira europea para celebrar los 10 años de su creación. Barenboim y su cercano amigo palestino, el ya fallecido doctor Edward Said, fueron sus creadores.

Este año 37 israelíes, 46 palestinos, sirios, libaneses, jordanos, egipcios, turcos, iraníes y 20 músicos españoles participan en la gira de la orquesta, que desde hace años está auspiciada por el gobierno de la región de Andalucía en España.

«Nuestra orquesta no tiene una línea política común»; «buscamos que cada uno pueda expresar libremente su opinión, y el otro tiene que aprender a vivir con eso: esto es muy sano», explicó recientemente Barenboim, al estallar una discusión entre un músico israelí y uno palestino, en la que él trató de intermediar para apaciguar los ánimos.

Barenboim realiza con esta orquesta, una labor magistral. Cabe recordar que cuando se logre eventualmente firmar acuerdos de paz entre Israel y otros de sus vecinos con los que formalmente aún se halla en estado de guerra ­con Egipto y Jordania hay acuerdos de paz­, ello no será suficiente. Lo clave es que los pueblos se conozcan.

La orquesta de Barenboim aporta un grano de arena a esta misión.

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