Interrogante sobre la izquierda en las elecciones
Sin la menor duda, los viejos y aun los nuevos adherentes al FA se preguntan si, para este programa práctico de un gobierno de centro y neoliberal, debemos
comprometer nuestro voto por cinco años más.
Difícil pregunta resulta para una postura progresista, pero cabe preguntarnos: ¿podría haber una alternativa posible de gobierno más comprometida, en esta contienda o lucha electoral? A la vez, nos interrogamos: ¿la opción de izquierda se perdió e ideológicamente casi no queda nada de ella? ¿El deseo de poder que juega siempre en los hombres compromete ideológicamente también a la izquierda? ¿Debo votar al FA porque es la opción del mal menor?
¿Qué pasa con la educación vareliana, que hoy todo lo bueno es privatizado, la industria nacional hoy desmembrada y nos invaden productos «made in China»?
Algún correligionario me comentó que no debía sembrar dudas antes de las elecciones de octubre, pero se me ocurrió que es bueno plantearlo, razonarlo y pensar para no alienarnos. A mi pensamiento lo rodean mil preguntas más, como el tema en torno a la educación, la economía neoliberal, el sistema monetario y cambiario, la industria nacional, los impuestos al mundo financiero y al campo, casi inexistentes, los medios de comunicación con trasmisión de valores inconvenientes, etc.
Pero reconozco que el problema es mucho mayor que lo político o electoral; es este período histórico posmoderno o posontológico, que lleva consigo un gran desafío de cambios acelerados.
Siglos anteriores, Nietzsche dijo «Dios ha muerto», y hoy estamos comenzando a vivir dicha frase. Nietzsche nos decía que comenzaron a desintegrarse en nuestro pensamiento y acción todas aquellas ideologías, creencias, ciencias, religiones o dioses que considerábamos como totales o verdades absolutas. Al mundo lo comenzamos a percibir recientemente como relativo en todos los campos: con la caída del socialismo real, se reafirma la economía de mercado capitalista y el neoliberalismo, que hoy entra en crisis o caída. Las ciencias, tomadas como verdades totales, comenzaron a ser más relativas; recordemos la teoría cuántica, la curvatura del espacio y de la geometría de Einstein (segmento de recta es una curva). Vattimo, filósofo italiano, comenta que la técnica fomentó «la muerte del arte». Las religiones fueron un claro instrumento de uso y abuso social y hoy, a la vez, la creencia en un ser superior o dios es muchas veces ambigua y dudosa.
La propia estructura familiar sufre transformación, como el cambio del papel del hombre y la mujer y hasta las raíces más profundas de qué es una pareja.
Sin duda, en la posmodernidad, la caída de las verdades o verdades absolutas, filosóficamente, trae a nuestro humilde «yo» diario una expectativa ininteligible.
Por eso, es natural que en esta fracción de segundo, en el reloj histórico que nos tocó vivir, al ver «el péndulo» dirigido en todas direcciones, nos acarrea un mareo en su velocidad.
Si concebimos que estamos ante la muerte de verdades, nos preguntamos: ¿en qué está el hombre? Quizás un filósofo argentino, Darío Sztajnszrajbrg, nos responde: «La ausencia de parámetros universales y la imposición de elementos culturales, cuyo fin es, sin duda, someter a unos sobre otros. La sociedad de consumo exacerba la alienación. Y la autenticidad ha desaparecido. Es más, se ha convertido en el deseo de los dominantes». En el marketing, cuando una no verdad triunfa sobre otras no verdades que pierden, ¿no es eso la imposición del más poderoso?
La muerte de la verdad trae pluralismo y la diversidad. Pero, sobre todo, el hombre se abre en una «búsqueda» permanente. ¡Búsqueda permanente!
Es en este mundo y en este proceso que debemos elegir un candidato o partido a votar en octubre y por eso se hace tan complicado, nada es claro, nada es total, y nuestro ser humano tiene que elegir, como diría Sastre: «Somos arrojados al mundo y tenemos que elegir».
¿Con qué parámetros, con qué verdades o no verdades? Acaso, ¿saldremos del subdesarrollo en cinco o diez años?
Aunque no tenga una respuesta clara, el pensar es útil para no estar totalmente alienados; el pensar nos permite estar ante una búsqueda permanente y no ante no certezas o no verdades.
En esa búsqueda humana, tomo la historia, las referencias y elijo la no verdad del FA,
no por certeza, sino para acompañar la búsqueda por ese sendero.
Solamente que dicha búsqueda debería ser de muchos y no de una vanguardia que
sustente el poder, para que la misma sea búsqueda. En el mundo de cambios y no de certezas, solo podemos estar convencidos del camino de la inquietud o investigación y no dentro de enlatados cerrados que nos alienan. Al compañero que me comentaba no generar reflexiones o dudas en esta elección, se me ocurre decirle: solo pensando hacemos caminos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad