Cómo vi al Presidente

En un hermoso mediodía de agosto invernal, se abrieron las puertas de la Casa Presidencial, y me introdujeron los secretarios al despacho del Presidente.

Afable, distendido, me recibe con la bonhomía que lo caracteriza. No es el caso describir de lo que hablamos, al fin y al cabo en 45 minutos se puede decir mucho, y de escasa trascendencia, o poco de mucha, mucha importancia. Depende de cómo venga la carretilla, de su carga y de quién la lleva.

Quisiera que el lector de LA REPUBLICA tuviese una información de primera mano de cómo ve al Presidente un compatriota, que tiene responsabilidades institucionales y, a la vez, una intensa vida de vínculo ciudadano.

Entrando en tema, lo vi jovial, por supuesto más envejecido que aquella primera vez que nos encontramos, cuando, acompañando una delegación del Suanp por invitación de Ruben Sassano ­éste representando a los portuarios­, se le entregó un dinero producto de una colecta que hicieron para la «olla» del Club Atlético Progreso, del que Tabaré Vázquez era presidente. Posteriormente intimamos más, cuando asume la tesorería de la Comisión que impulsaba el «voto verde», con las tres mujeres más emblemáticas: María Ester Gatti Islas, Matilde Rodríguez Larreta y Elisa Delle Piane de Michelini. Parece que no, pero han pasado más de 20 años y ahí estábamos, conversando, dialogando, intercambiando conceptos, opiniones, ideas. Y lo vi entero. Tiene esa condición que quizás sea absolutamente uruguaya, el médico que actúa en política, humaniza la política, le da contenido, firmeza y serenidad.

Serenidad, eso trasmite el Presidente, él sabe que está arriba de un barco que navega por la noche, en un mar de olas embravecidas en que hay noches que se puede naufragar. Veo en él la serenidad que Mark Twain reflejó en su escritura al narrar cómo se iba adentrando en la profundidad del caudaloso Misisipi.

Serenidad de científico que estudia, analiza, diagnostica y decide. Hacía unos minutos había tomado decisiones, definió cambios de ministros, algunos claves, como el de Defensa Nacional. Y ahí estaba, sólido, vivaz, sonriente y compañero, alentando a seguir, recordando historias de vida cargadas de experiencia, de alguien que nació en La Teja, barrio de Ancap, símbolo de soberanía energética, barrio de solidaridad obrera, de fábricas y de mucha historia de fútbol, boxeo, murgas y otros cuentos.

Sí, me fui contento por dos razones: una, la institucional, el reconocimiento del Presidente a la corporación que represento, la Junta Departamental de Montevideo; el otro, ese íntimo egoísmo que llevamos con nosotros y lo comparto con los lectores: ser recibido y estar reunido con el Presidente, quien con José Batlle y Ordóñez son los mandatarios más trascendentes que haya tenido la República Oriental del Uruguay en lo que va de estos dos siglos.

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