El único renegado es Sanguinetti
He pasado la vida enfrentando en ideas al Dr. Federico Fasano y el diario LA REPUBLICA. Desde el 15 de febrero del 2005 no ocupo ningún cargo público, lo que me dificulta ponerme en contacto con la opinión cuando entiendo que tengo algo de interés que trasmitir. Desde entonces este medio me ha abierto siempre las puertas para hacerlo. Ello me permite afirmar, y deseo expresarlo por esta vía, que aquí no solo se defiende la libertad de expresión sino que se la practica.
Muchas gracias al Dr. Federico Fasano y a LA REPUBLICA.
He aquí lo que siento que debo decir:
592.061 uruguayos respaldaron directamente al Dr. Julio María Sanguinetti el 30 de noviembre de 1984 para que fuera Presidente de la República por primera vez. 15.474 lo apoyaron para convencional del Partido Colorado el 28 de junio.
Más de medio millón de compatriotas que en el pasado votaron por esa colectividad hoy no lo hacen.
Desde un semanario de Internet, casi sin lectores, en el que escribe, y fue publicado como avance en el diario «El País» el viernes pasado se dedicó a ofender a los dirigentes políticos colorados que públicamente hemos dicho que votaremos en octubre la candidatura a la Presidencia de la República del Dr. Luis Alberto Lacalle.
¿Quién es el renegado? ¿Sanguinetti, con esa representatividad, o nosotros acompañando a medio millón de ciudadanos que salieron de ese lema por sentir que en esta instancia era en el Partido Nacional, el Frente Amplio o el Partido Independiente donde podíamos servir al país?
¿Quién es el desertor? ¿Sanguinetti, que cuando vio que no tenía la posibilidad de llegar a la Presidencia no se postuló más a ese cargo como lo hiciera Pacheco en tantas oportunidades por ayudar al partido queriendo él manejar todo por debajo de la mesa o nosotros, que actuamos a cara descubierta?
¿Quién es el que dio todo lo que tenía que dar? ¿Sanguinetti, que condujo al coloradismo desde una potente colectividad con el poder y un cuarenta por ciento de respaldo a la casi extinción de este presente, o quienes como el suscrito, que con toda humildad y buena fe estamos pensando en lo que es mejor para el país?
¿Quién es el que está ofrecido siempre para cualquier cosa? ¿Sanguinetti, que ha ocupado todas las posiciones que ha podido, y hoy ya no puede aspirar a ninguna porque no tiene votos ni para ser edil, o los que emprendemos de vuelta una lucha cívica sin ser candidatos a nada ni esperar recompensa o posición alguna? Cuando decidí hacer pública mi posición, hace más de un año, el Partido Nacional no tenía ninguna posibilidad de ser gobierno y el Dr. Lacalle estaba veinte puntos por debajo de Larrañaga en las encuestas. No puede haber entonces interés subalterno alguno. Eso sí, queda de ese momento un recuerdo grato por haber coincidido en opinión con dos distinguidos uruguayos, el Ing. Alejandro Végh Villegas y mi entrañable amigo hoy desaparecido Dr. Federico Bouza.
¿Quién «echó para atrás»?, ¿el que logró lo que ningún enemigo del Partido Colorado soñó nunca, ponerlo al borde de la desaparición, o quienes ejercemos nuestro derecho a la libertad?
¿Quién está detrás de un pequeño impacto publicitario, Sanguinetti insultándonos o nosotros siendo fieles, como siempre, a nuestra conciencia?
El que no puede ni limpiar zócalos es Sanguinetti, porque de un tiempo a esta parte es demasiado claro que todo lo que toca lo ensucia. Se agravia por la posibilidad de que nosotros integremos la administración de un gobierno encabezado por el Dr. Luis Alberto Lacalle. Lo primero es señalar que dicha eventualidad no ha sido nunca solicitada ni ofrecida. Cosa que por supuesto para Sanguinetti es inconcebible.
Claro está, no se agravió en su momento, por integrar como ministro una administración colorada encabezada por un Presidente que hasta siete años antes ocupaba una banca en el Senado de la República electo por el Partido Nacional.
Durante el período constitucional de ese gobierno, la relación del Presidente con esa colectividad fue compleja y con distintos escenarios, incluso hubo un sector que integró su gabinete. Y otro, liderado por Wilson Ferreira, que no lo hizo. Pero nadie, en sus determinaciones, adujo el antecedente mencionado para fundar sus decisiones.
Es que el Partido Nacional, ni el Partido Colorado, ni colectividad alguna de este país es capaz de llevar adelante ese tipo de acciones. Esas prácticas son patrimonio exclusivo de Julio María Sanguinetti, y por eso le va como le va.
No está demás recordar, también, que en su momento cosa que no censuro, sino que apoyé recogió a Hugo Batalla para integrar su fórmula presidencial luego que este votara en dos oportunidades al Frente Amplio.
El Partido Colorado está al borde de la desaparición. Ojalá que sus nuevos conductores adopten otras actitudes y pueda superar este momento. No deseo en lo que me resta de vida más que poder volver a votarlo en el futuro con la convicción, orgullo y alegría que lo he hecho siempre.
Pero si se siguen transitando estos caminos eso va a ser cada vez más difícil. En el Partido Colorado de Sanguinetti el que discrepa es discriminado, en los hechos expulsado, y luego descalificado.
Lo que se pretende, al final, es que perdamos nuestra capacidad de ejercer la libertad.
Es necesario emprender el camino inverso. El de la reflexión, la autocrítica, la comprensión hacia quienes están en otras posiciones.
Al final todo es más sencillo de lo que parece: basta preguntarse quién tiene razón, ¿los cientos de miles de uruguayos que no vuelven a votar al Partido Colorado si este señor sigue apareciendo, o el minúsculo grupo, casi inexistente, que le sigue?
¿Qué más tiene que hacer este país para demostrar el rechazo que genera la figura de este tristemente célebre hombre público?
El único renegado que hay en el Uruguay se llama Julio María Sanguinetti.
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