Largan los blancos y su juventud
Abrieron las gateras y, en términos turfísticos, «tendieron» el tordillo. Desde el «vamos» se pica en punta. Y a esos efectos, acertadamente, se eligió a la juventud como elemento motor para el inicio del evento. Y como blanco, me gustó la idea. En el estadio del Club Goes repleto, en primer lugar se juzga algo evidente, y es la renovación masiva y entusiasta de un partido político que no obstante sus 172 años de muy añeja existencia, se ha renovado en su cuasi totalidad. Partido con gente joven, es partido con futuro. Verdad de Perogrullo.
Pero lo más importante sin perjuicio de la cantidad, es la realidad y condicionamiento intelectual de esa masa de jóvenes. No es por cierto, lo que tradicionalmente se acostumbraba de ellos. O sea, la mano de obra para pegatineros y enchastradores de brocha gorda en paredes y monumentos públicos. Por el contrario, hoy presentan un verdadero decálogo de iniciativas e ideas a ser incluidas programáticamente a la aprobación del Honorable. En buen romance, una juventud pensante y con iniciativas de gobierno. El propio Larrañaga señaló que esta reserva y previsible equipo joven, a pasar en el futuro a la titularidad, no se creó por generación «espontánea», sino que se ha ido preparando desde hace un par de elecciones a la fecha». Y es posible y así lo señaló, se prodigó y cultivó desde la creación del Directorio Juvenil con integración de delegados en el propio Directorio mayor.
De manera de prestigiar, dándole iniciativa y jerarquía a la muchachada que ha tomado conciencia de su importancia, no sólo presente sino futura, en la perduración de la vida partidaria. Diferencia que se tuvo y es del caso marcar con el fenómeno al revés del Partido Colorado, que se anquilosó en viejos «popes» que habrían hecho lo suyo en su momento, pero cansaron a la ciudadanía sin mostrar mayores cambios. Hoy los vemos de «apuro» a don Pedro y sus «botijas» tratar de hacerlos con fuerte resistencia interna y un descreimiento bien ganado externo. El coloradismo, es de prever, tendrá un duro tránsito de años para lograr lo que el Partido Nacional, con previsión, hizo en relativo poco tiempo: renovarse.
Lo digo objetivamente, que tampoco veo una «cuartilla» joven en el Frente, que a su vez, dentro de filas, parecería haber cultivado la gerontocracia. Como ejemplo, súmense los años de los presidenciables y demás dirigencia, y aunque suene odioso comparar, es notoria la ventaja para los blancos. Cuadros también mucho más jóvenes.
Nosotros vamos a pasar como generación, es ley de vida. Y los partidos deben quedar. Máxime aquellos que han hecho la patria y hasta por antecedentes históricos, hoy no necesitan andar buscando héroes ajenos o nacionales, tratando de adaptarlos a su «gusto» para ponerlos de «referencia del cuadro». Los blancos tenemos las paredes llenas, comenzando por la del Libertador Oribe, de cuadros ilustres. Las que todos debemos llenar son, a partir de ahora, las del futuro.
Donde por razones obvias generacionales, se parte de recién nacidas. Más gerontes no parecería aconsejable seguir poniendo.
¡Hay que hacer historia nueva! No es entregándose a ningún imperio real o «soñable» como es Brasil, a título de ejemplo, que se puede hacer patria!
¡De esa manera, más bien se la mata!
¡Nunca creímos ver a ningún oriental que se preciara de serlo, ofrecer liderazgos a potencias extranjeras en desmedro natural de la soberanía nacional!
¡Nos equivocamos, los hay!
¡Lo qué diría Artigas!
Felizmente no fue ningún blanco y menos su juventud.
El sábado, en la noche del estadio del Club Goes, como en épocas de Saravia, la juventud blanca de pie, dijo: ¡Presente mi general!
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