La motosierra y el gasto social
A comienzos del mes pasado, el candidato presidencial del P. Nacional, el Dr. Lacalle, tuvo un momento de honestidad brutal y declaró que «El gasto público será lo primero que atenderemos cuando lleguemos al gobierno (…) vamos a entrar con una motosierra». Luego de darse cuenta lo que había dicho, intentó explicar que en realidad no había dicho lo que había dicho, o que no había querido decir lo que había querido decir, y terminó diciendo «en mala hora puse el ejemplo de la motosierra».
Yo creo que en buena hora lo puso. Porque demuestra que, por más que haya modernizado su discurso, que pretenda modificar su imagen para aparecer como más «moderado» o volcado hacia el centro, en definitiva, sigue siendo el mismo de siempre, sigue pensando igual que a comienzos de los 90′; es un neoliberal puro y duro, que sigue fiel y coherente a la prédica del Consenso de Washington, que tan nefastos resultados arrojara en nuestra región en la década pasada.
En un mundo en el que el paradigma neoliberal está en franca retirada, luego de provocar la peor crisis económica global desde la Gran Depresión de 1929, en el que hasta revistas emblemas del liberalismo como The Economist han salido a expresar que es imprescindible la intervención de los Estados para recuperar la economía y salvar a los mercados financieros de la debacle auto-provocada por la desregulación y falta de controles, y los organismos financieros internacionales han revisado las políticas ideológicamente sesgadas que recomendaron como recetas de «copio y pego» en todos los países pobres y en vías de desarrollo; es bueno y positivo saber que el Dr. Lacalle sigue defendiendo ese paradigma ya agotado.
Debemos recordar que fue en el gobierno del Dr. Lacalle que se implementó el modelo económico definido como VCE por Daniel Olesker: Vulnerable, Concentrador y Excluyente. Si bien ese modelo generó crecimiento económico, al mismo tiempo generó una mayor ampliación de la brecha social, favoreciendo que los sectores más poderosos se apropiaran de una parte mayor del ingreso que los sectores menos poderosos (asalariados, jubilados, clases media y pobre, etc), y por tanto, afectando negativamente el entramado social de esta gran comunidad que es nuestro país. Algunos de los «logros» de la aplicación de ese modelo fueron: una tasa de desempleo «estancada» en un 10% durante casi toda la década (que se disparó a más del 17% con la crisis); para el sector más pobre de la sociedad la tasa de desempleo llegó a ser de casi el 25% entre los hombres (1 de cada 4) y del 42% entre las mujeres, más de la mitad de los trabajadores eran precarios o sub-empleados, caída del salario real en forma continua desde el año 98 hasta llegar al 25%, etc.
Como vemos, con las políticas de recorte a motosierra del gasto público, los más perjudicados terminaron siendo los más humildes y desprotegidos, lo cual, para cualquiera que no sea neoliberal resulta evidente: quienes disponen de más recursos (económicos, culturales, sociales, etc) siempre disponen de más herramientas y por tanto de mayor cantidad de alternativas para afrontar los períodos de crisis, y para obtener réditos en los de crecimiento.
Sin la intervención redistribuidora del Estado, los pobres serían cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Por algo los países más igualitarios del mundo y de mejor calidad de vida, son también aquellos donde el Estado lleva adelante más y mejores políticas redistributivas.
Esto es lo que todos los progresistas debemos tener en claro y recordar a vecinos, amigos y conocidos de cara a las próximas elecciones nacionales. Porque la motosierra de Lacalle significaría o bien recortar el presupuesto destinado en educación, salud y vivienda, eliminar la universalidad de las asignaciones familiares y el Fonasa, retacearles recursos al Plan Ceibal, al Hospital de Ojos, al Plan de Alfabetización, a los programas del Mides de inserción social y de cooperativas sociales; o bien, significaría nuevamente utilizar los salarios de trabajadores públicos y de jubilados como variable de ajuste estructural, o de repente la motosierra pasaría por una política de despidos masivos de trabajadores públicos.
En todo caso, y fuera cual fuera el modo en que trabajara la motosierra, lo que queda meridianamente claro es que por más que intente maquillar el discurso y disfrazar su ideología, el Dr. Lacalle sigue siendo consecuente con el credo neoliberal, y lo demostró en ese momento de franqueza que le salió naturalmente, porque así es como piensa. Y está en todo su legítimo derecho a pensar así. Es parte de la democracia.
Pero de igual forma, nosotros tenemos el legítimo derecho a responderle cada vez que salga con esos planteos. A señalar cuales fueron los resultados del uso indiscriminado de la motosierra en la década pasada, una motosierra que comenzó usando el Dr. Lacalle, que luego, la siguieron usando los dos gobiernos colorados, y que ahora, después de 5 años en que se la cambió por el bisturí, su creador planea volver a utilizarla.
Si queremos mantener los logros de este gobierno, si queremos seguir avanzando en un proyecto de país inclusivo y democrático, si no queremos privatizar las políticas sociales (idea recientemente defendida por Ignacio de Posadas), si no queremos un país donde los más infelices sean cada vez más infelices y los más privilegiados cada vez más privilegiados; si, en definitiva, aspiramos a construir un país más justo, más integrado, más próspero y menos tensionado, debemos seguir apostando que el Estado mantenga su rol como agente redistribuidor, entre otras cosas, mediante el gasto público tal como se ha usado en el actual gobierno. Porque las motosierras, ya sabemos los resultados que dan.
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