Desmontando mentiras

Hoy en día la ética y la moral se convierten en asuntos secundarios para quienes, desde algunos medios de comunicación, utilizan la mentira como un «arma» para informar o, más bien, desinformar a sus usuarios y usuarias.

Es el caso de que en algunos medios de difusión de mensajes se hacen afirmaciones que no se corresponden con la verdad, importándoles un bledo la opinión de sus lectores.

Recientemente, con asombro, leímos en un medio de comunicación impreso, en este país, que en las relaciones con el gobierno y el pueblo de la República Oriental del Uruguay, nuestro gobierno, el presidido por Hugo Chávez Frías, lo que ha hecho son promesas y más promesas sin concreción alguna.

Como nosotros estamos comprometidos con la ética y la moral y, además, somos la representación del gobierno venezolano en esta tierra de Artigas, vayan para los lectores de este diario las siguientes reflexiones:

¿Se puede considerar una promesa o una realidad el nuevo Instituto Nacional del Cáncer que será inaugurado el próximo 1º de setiembre aquí en Uruguay, entre otras razones, por el apoyo económico de Venezuela?

¿Por qué mentir al no informar debidamente que la recuperación de muchas salas del Hospital de Clínicas es el producto no de promesas sino de donaciones concretas de nuestro gobierno?

¿Acaso la recuperación del ingenio azucarero en Bella Unión, departamento de Artigas, no se ha hecho en gran parte por la inversión realizada por nuestra empresa petrolera Pdvsa?

Los centenares de trabajadores de la Cooperativa Nacional de Ahorro y Crédito (Cofac), que hoy trabajan en Bandes Uruguay, con plena seguridad social y jurídica, ¿no es una demostración de una realización concreta?

¿Es o no es verdad que Envidrio y Funsa son hoy empresas recuperadas por sus trabajadores y en pleno desarrollo, entre otras razones, por la donación que nuestro gobierno Bolivariano realizara en su momento para estos emprendimientos?

¿Es acaso mentira que el Ministerio de Desarrollo Social de la República Oriental del Uruguay recibió una donación por parte de la República Bolivariana de Venezuela para llevar a cabo los emprendimientos socio-productivos y socio-culturales, así como otra para apoyar en la construcción de 100 aulas dentro del Programa «Aulas para Crecer», ambos proyectos desarrollándose con total éxito en todos los departamentos de este país?

¿Es mentira o es una realidad el tablero electrónico que ahora tiene el Estadio Centenario de Montevideo?

¿Es mentira que el intercambio comercial entre Venezuela y Uruguay estaba por debajo de los diez millones de dólares hace 5 años y actualmente está casi por los quinientos millones de dólares?

¿Y el Satélite Simón Bolívar, hoy en pleno funcionamiento contra los pronósticos de los agoreros de siempre, no es una realidad sobre la cual se está finiquitando el acuerdo de participación de la República Oriental del Uruguay en hasta un 10%?

¿Y el centro cívico y la cancha deportiva construida y donada al Pueblo Bolívar, en Canelones, es ciencia ficción? ¿O acaso se les puede mentir tan descaradamente a esos habitantes?

Por supuesto, esto no lo decimos para convencer a quienes consideran que el avance en la relaciones bilaterales entre Uruguay y Venezuela, lejos de ser importante, significa más bien un golpe duro para sus posiciones de clase, sobre todo porque lo que venga de nuestro gobierno para ellos per se es negativo.

Sin embargo, para ellos vaya esta versión de una parte de lo dicho por el Libertador Simón Bolívar, en Mi Delirio sobre el Chimborazo:

«Observa, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: dí la verdad a los hombres».

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