EDITORIAL

Perspectivas  para octubre

Los datos brindados por las encuestas más recientes muestran un leve repunte de la intención de voto hacia el Frente Amplio, un aumento del Partido Colorado y del Partido Independiente, y una ligera disminución del Partido Nacional y de los indecisos.

Atrás quedó la puja interna que sin duda había creado una cierta incertidumbre en el cuerpo electoral, y el ciudadano común (el que no se siente identificado con ninguno de los partidos en pugna) empieza lentamente a definir su opción con vistas a los comicios de octubre.

Transcurrido un cierto tiempo desde la definición de las internas y luego del golpe teatral de la fórmula nacionalista conformada oficialmente apenas conocidos los resultados de las primarias, pero sobre todo después de que el Frente Amplio definiera la suya no sin algunas dificultades, vaivenes y vacilaciones, el panorama que se ofrece al elector quedó clarificado. Los partidos tradicionales exhiben un vuelco a la derecha. Por un lado, las propuestas programáticas de Pedro Bordaberry confirman la tendencia neoliberal cada vez más marcada de la vieja colectividad de Rivera (la coincidencia ideológica del candidato colorado con Mauricio Macri es reveladora al respecto); por el lado del Partido Nacional, la súbita desaparición de las propuestas pretendidamente centristas que Larrañaga había esbozado durante la campaña para las internas es un síntoma inequívoco del viraje hacia las posturas conservadoras que el triunfo de Lacalle impuso a la vieja colectividad de Oribe.

En cambio, superada la pugna entre Astori y Mujica (que en rigor no ofreció facetas ríspidas ni diferencias ideológicas o programáticas relevantes), la coalición de izquierda se fue afianzando para mostrarse cada vez más como una opción sólida, seria y creíble. A diferencia de los partidos históricos, la fórmula frentista exhibe una unidad más consolidada en la que no hay un predominio notorio del candidato a la Presidencia sobre el candidato a la vicepresidencia. Tanto Mujica como Astori exhiben un protagonismo parejo que da una imagen de total coincidencia entre ambos, a la vez que transmiten una fuerte idea de complementariedad; tratándose de dos personalidades tan disímiles y de dos estilos casi opuestos, esa complementación aparece como un rasgo distintivo de las fuerzas progresistas que está resultando atractivo para el ciudadano común. Al estilo campechano y sencillo de Mujica que atrae a los sectores populares, se suma de manera natural el rigor conceptual y la credibilidad de Astori para convocar a los otros estratos de la sociedad. Ambos lucen sonrientes no sólo en las fotos de campaña sino en toda circunstancia en que aparecen en público.

En tiendas nacionalistas, la locuacidad impulsiva característica del doctor Lacalle lo ha llevado a formular ciertas ideas que terminaron por convertirse en un bumerán. Sus dichos aparentemente ingeniosos, como la metáfora de la motosierra, dan a la campaña blanca una nota de frivolidad que los ciudadanos perciben, con razón, como poco seria y que por tanto rechazan. Y cuando se trata, no de sugerir propuestas sino de responder a las propuestas de la izquierda, el doctor Lacalle tampoco ha logrado su propósito. Concretamente, ante la idea lanzada por Mujica de conformar un gobierno con participación de la oposición en una suerte de coalición nacional, en vez de aplaudir la iniciativa mostrando así su acuerdo con la tendencia imperante, el candidato blanco prefirió descalificar la idea con el argumento de que el actual gobierno del Frente no había dado cabida a la oposición. Tal argumento no es de recibo ya que la frustración del acuerdo a comienzos de 2005 se debió más que nada a la intransigencia del Partido Nacional.

En fin, así están planteadas las cosas. En la medida que el Frente siga exhibiendo esa solidez y al mismo tiempo sea capaz de capitalizar los logros de su primer gobierno, la posibilidad de triunfar en octubre no aparece tan lejana.

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