Un Fatah debilitado, con mensajes extremos
Hace pocos días, cuando estaba por comenzar la sexta Asamblea General de Al Fatah (el componente principal dentro de la OLP), el legislador palestino Abdullah Abdullah vaticinaba que «este evento devolverá al pueblo palestino la confianza perdida en su gobierno». Aunque no escondía las fallas en el funcionamiento de las instituciones oficiales palestinas, decía que «no es algo sin precedentes que al estar en el poder, uno cometa algunos errores… y eso no es un defecto».
Sin embargo, Al Fatah no logra resolver los problemas ni estabilizar la propia imagen de la organización y por ende, en parte, de la propia Autoridad Nacional Palestina, compuesta mayormente por figuras de dicho grupo y encabezada por su jefe, el Presidente Mahmud Abbas.
Según una encuesta de opinión llevada a cabo por la publicación palestina Palestinian National Newsletter, el 56% de los entrevistados no creían en un cambio positivo a raíz de la conferencia mientras que el 34% restante se limitaba a opinar que hay «potencial» de avance serio, sin atreverse a vaticinar que este se concretaría con certeza.
En lo interno, son varios los problemas concretos. Está la división entre Fatah y Hamas o sea más que nada entre Cisjordania y la Franja de Gaza, simbolizada en el hecho que Hamas no permitió la salida de la Franja de unos 50 miembros de Al Fatah que pretendían llegar a Belén a participar en las reuniones.
Otro punto clave se refiere a las discusiones sobre el liderazgo, entre la vieja guardia compuesta más que nada por los septuagenarios veteranos líderes y los más jóvenes, de alrededor de 40, que sienten no se les permite acceso a la cúpula.
El profesor Mordejai Keidar, catedrático en el Departamento Arabe de la Universidad israelí de Bar Ilan recuerda que los temas a resolver por Fatah se refieren también al objetivo de la organización, el camino a seguir y los medios a abrazar.
«La pregunta es cuál es la meta de la organización, si se trata de liberar a toda Palestina (lo cual incluiría el territorio de Israel) o únicamente de erigir un estado palestino en Gaza y Cisjordania», dice Keidar . Y agrega que «esto deriva del tema de la visión respecto de Israel ya que si la primera opción es la adoptada, hay que eliminar a Israel, y si es la segunda la preferida, es imperioso reconocer a Israel y llegar a acuerdos bilaterales».
Esto conduce directamente a la pregunta sobre el camino y los medios: ¿lucha armada o negociación? Fatah no está unido al respecto y hay entre sus filas quienes también ahora en Belén, hablaron explícitamente en favor de la «lucha armada» como «única forma de liberar Palestina».
El propio presidente Abbas, en su discurso inaugural, el martes último, declaró por un lado que «nuestra opción es la paz», pero por otro agregó de inmediato que «nos reservamos el derecho a la resistencia popular». En la terminología del conflicto, eso suele ser sinónimo a apoyo a los atentados, aunque la gente de Abbas alega que «Israel tergiversa nuestros mensajes».
Un incidente complejo que se relaciona a lo que en Israel se vio como un mensaje extremo de Fatah en su convención, fue la presentación a cargo del ex primer ministro Ahmed Qreia (Abu Ala), de Khaled Abu Usbah, quien en 1978 secuestró un autobús israelí lleno de pasajeros, matando la célula terrorista a 37 civiles, entre ellos 12 niños. Abu Ala lo presentó como un «héroe», y en medio de los aplausos, habló claramente de «gloria» al recordar como «mártir y heroína» a la jefa de la célula responsable de ese ataque, Dalal el-Mughrabi, que murió en el tiroteo con las fuerzas de seguridad de Israel.
Esto, mientras en las paredes de la sala en la que tenía lugar la reunión, numerosos de los pósters eran de niños y jovencitos portando rifles de asalto AK-47. En uno de ellos aparecía el texto: «La resistencia es el derecho legítimo de nuestro pueblo».
Para los israelíes, este mensaje fue el central y el más preocupante.
Hace un año, al presentar una evaluación oficial de la situación interna palestina ante la Comisión de Seguridad del Parlamento israelí, Kneset, la cúpula del Servicio de Inteligencia militar estimó que si el ejército israelí «aflojaba» su control de Cisjordania, a Hamas le llevaría no más de 72 horas tomar control de la situación, tal cual lo había hecho en junio de 2007, en unos días, en Gaza.
Pero el martes último, justamente mientras comenzaba el Congreso de Al Fatah en Belén, se presentaba ante la misma comisión parlamentaria, el Brigadier General Yosi Baidatz, Jefe de la División de Investigación (en el sentido de análisis y evaluación), de la Inteligencia militar, con una conclusión sumamente diferente: A pesar de los serios problemas en Fatah, el gobierno de Abbas es estable.
En opinión de los analistas Avi Issacharoff (experto en asuntos árabes) y Amos Harel (en temas de seguridad), del matutino israelí Haaretz, eso debe a «una mejora en la economía de Cisjordania, apoyo internacional masivo, el relativo éxito del gobierno del Premier Salam Fayyad y el entrenamiento intenso por parte de Estados Unidos, de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina». «Todo esto se combina, mejorando la posición de Abbas», resumen. «Pero dentro de Fatah, todavía hay anarquía».
Esa anarquía o al menos seria división interna por ahora, parece conducir a puertos complicados y no ayudar a dar impulso al proceso de paz. Es que entre un mar de discusiones sobre temas internos, algo ya se ha confirmado: Fatah rehusa volver a las negociaciones con Israel, en tanto Israel no haya aceptado 14 condiciones que pone sobre la mesa.
Entre ellas: la congelación de toda actividad de construcción en asentamientos, el reconocimiento de un estado palestino con Jerusalén de capital, la liberación de todos los presos y el regreso de los refugiados a lo que es actualmente el Estado de Israel. Son puntos con los que difícilmente muchos israelíes concuerden, por cierto no como exigencias a cumplir antes de sentarse a hablar para poner fin al conflicto.
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