La misión imposible de Uribe
El presidente Alvaro Uribe emprendió una verdadera «blitzkrieg» por siete países sudamericanos, incluido el nuestro, con la intención de convencer a sus gobiernos de las bondades del convenio militar con EEUU que, como extensión del militarista Plan Colombia, concede a ese país el uso de siete bases militares (aéreas, navales y terrestres) en territorio colombiano. Podría decirse que era una misión imposible, destinada al fracaso antes aun de iniciarse, y así fue en efecto.
En realidad, el objetivo de Uribe era justificar su ausencia en las reuniones de Unasur y del Consejo Sudamericano de Defensa que tendrá lugar el lunes 10 en Quito, coincidiendo con la toma de posesión por parte de Rafael Correa de su segunda presidencia, y en las cuales se resolvió expresamente tratar este gravísimo tema. Uribe se salteó en su gira a Venezuela y Ecuador, con los cuales sus relaciones han sufrido un profundo deterioro, agravado por la cesión de las bases militares a EEUU. Con Ecuador las relaciones están rotas a raíz de episodios derivados de la invasión de su territorio por parte de tropas colombianas, provistas de asesoramiento y logística estadounidenses, el 1º de marzo de 2008 en Sucumbíos. Por su parte, el gobierno venezolano (que soporta una absurda acusación de Colombia relacionada con armas de las FARC) consideró un acto de agresión la ubicación de bases militares estadounidenses en sus fronteras, y congeló sus relaciones, incluso en el plano comercial y diplomático, con Bogotá. Apenas se difundió la noticia sobre las bases, los presidentes de Brasil y Chile, Lula y Michelle Bachelet, acordaron promover el tema en forma prioritaria ante el Consejo Sudamericano de Defensa. Lula expresó su desagrado ante esta decisión inconsulta. Su asesor en cuestiones internacionales, Marco Aurelio García, se refirió al peligro de estas bases a proximidad de la región amazónica y declaró que «perro mordido por una cobra se muestra precavido ante una lombriz». En su gira relámpago, Uribe no recogió ninguna adhesión, salvo la del presidente peruano Alan García.
De todos modos, el tema se tratará de lleno a partir del lunes en Quito, aunque Uribe haya rehuido el debate. En los distintos países visitados se registraron diversas tomas de posición contra la política de Uribe. En Uruguay, el Frente Amplio emitía una declaración en momentos en que éste se reunía con el presidente Vázquez, el vicepresidente Nin y el canciller González en el sentido de que dicho acuerdo «no sólo atenta contra la soberanía del pueblo colombiano, sino que además constituye una amenaza directa en la región, afectando la estabilidad democrática y la convivencia pacífica en nuestro continente», y agregando que «el Frente Amplio se manifiesta contrario a toda militarización y carrera armamentista en el continente y rechaza todas las bases militares tanto en Colombia y Honduras como las existentes en países del Caribe».
Fidel Castro ha hecho de este tema el objeto de una de sus profundas reflexiones bajo el sugestivo título de «Siete puñales en el corazón de América». Allí analiza los extremos de sofisticación y perfeccionamiento a que han llegado los planes armamentistas del imperio estadounidense, que se extienden a todo el mundo, y sus proyecciones para el futuro inmediato, en particular en materia de robotización. Trasladando luego el escenario a nuestra América, señala: «A la luz de estas realidades, los gobernantes de los países de Unasur, del Mercosur, Grupo de Río y otros, no pueden dejar de analizar la justísima pregunta venezolana: ¿Qué sentido tienen las bases militares y navales que Estados Unidos quiere establecer alrededor de Venezuela y en el corazón de Suramérica?». Y se contesta: «Sería un grave error pensar que la amenaza es sólo contra Venezuela; va dirigida a todos los países del sur del continente. Ninguno podrá eludir el tema y así lo han declarado varios de ellos». Examina asimismo el pretexto esgrimido por EEUU relacionado con la lucha contra el narcotráfico. Pero esa lucha no se libra entre la policía y las fuerzas armadas de EEUU contra los narcotraficantes, sino que «la guerra ha sido exportada a México y Centroamérica», que «la ola de violencia y sangre se extiende en mayor o menor grado por los países de Sudamérica» y finalmente que el dinero proviene «del infinito manantial que emerge del mercado norteamericano».
Dejo para otro momento la referencia a un artículo de Jaime Caycedo, dirigente del PCC y del Polo Democrático, sobre las repercusiones internas de la política de Uribe. Pero sí quiero recordar que este debate, en cuyo trasfondo anida la política belicista del imperio, se produce en el entorno del 6 de agosto, día del lanzamiento, en 1945, de la bomba atómica sobre Hiroshima, el mayor crimen de guerra de la historia.
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