El "nacionalismo" retrógrado
Tiene razón el Dr. Lacalle cuando afirma que el primer tema donde hay oposición total con el Frente Amplio es acerca del concepto de nación. Las siguientes son las ideas principales de él.
Artigas tuvo «la visión más inteligente y completa de la organización política del Río de la Plata (que) nació en 1813 pero murió apenas el gobierno de Buenos Aires resolvió entregar la Provincia Oriental al Imperio portugués […] Pero desde entonces, nunca más pudo ni podrá hablarse de patria grande porque no la hay, hay una sola patria que es el Uruguay». Muerto «el sueño artiguista», «solamente hay un sueño, el de la patria oriental separada, independiente, altivamente orgullosa, de una identidad distinta e independiente». Por eso «el nacionalismo oriental no admite vinculación política alguna, y menos subordinarse a organismos políticos internacionales en los que somos minoría, como el malhadado Parlamento del Mercosur, que tendrá oportunamente que desaparecer», pues allí Uruguay «cede» soberanía. Por el mismo motivo también debe rechazarse la integración a Unasur. Sólo nos mantendremos en la OEA (¿por su triste pasado o es que somos mayoría?). Prefiere a socios fuertes y lejanos y debemos suscribir un TLC con EEUU. Advierte, citando a Herrera que «el internacionalismo es un morbo disociador para todos los pueblos». Como frutilla de la torta reserva el ejercicio de la ciudadanía a los residentes, y a los emigrados con recursos para pagarse los viajes a fin de votar. Con tal criterio, Artigas hoy sería excluido del padrón electoral dado su afincamiento en Paraguay.
El Dr. Lacalle entronca las raíces de su pensamiento con los «arquitectos de las patrias chicas» de fines del siglo XIX, en la que se inscribe la obra de Francisco Bauzá, «La leyenda Patria», de Zorrilla o «El Juramento de los Treinta y Tres» de Blanes, cuando el Estado-nación consolidando su desgajamiento de su entraña rioplatense de la Patria Vieja gesta una «ideología «nacional». Es cuando el operativo del «retorno» y «limpieza» del «bárbaro» caudillo se vuelve imprescindible para tener un padre fundador de la «nacionalidad oriental» por encima de y anterior a las guerras entre blancos y colorados.
Las raíces partidarias directas de esta visión se remontan a su abuelo, el Dr. Luis A. de Herrera. «Si de ello pasamos a sus principios básicos (sería pretencioso llamarles filosofía) ya se vio que implicaban una visceral desconfianza en lo que formalmente se designa como «ideologías». La posición, como tal, adolece de todas las limitaciones del pensamiento conservador y de su rechazo a los valores universales, siempre tan explosivos, tan difíciles de embretar. También, como ya se apuntó, ostentan la contradicción de ser esos principios una ideología más, una condición en la que no está sin duda sola pues son abundantes los casos similares (la «ideología del fin de las ideologías» es uno muy cercano). Adviértase que Real escribe mucho antes que los posmodernos surgieran.
Herrera es un político conservador, heredero del nacionalismo europeo clásico, liberal en términos económicos, pero identificado con el autoritarismo desde Stroessner a Franco (a quien su nieto Luis Lacalle visita y escribe que «al conocer a este hombre, le renovábamos la lealtad y la admiración de tres generaciones de gente de nuestra sangre» ). Un conservador que hace primar el «sagrado egoísmo» del «interés nacional», convirtiéndose palabras de Real- en un nacionalista de «patria chica» al extremo que su estudio sobre la misión Ponsomby, gestor del Uruguay «Estado tapón» en 1828, no es crítico sino apologético. No obstante, Herrera recela de EEUU, defiende la «no intervención» y la «autodeterminación» de los pueblos, se opone a la instalación de sus bases aero-navales en Uruguay, al pacto interamericano y a otros instrumentos de dominación estadounidense, o a la intervención en Guatemala. Son lineamientos estos últimos olvidados por su nieto.
La visión de Lacalle del «sueño artiguista» que ya no puede ser, deforma el proceso histórico de la Cruzada Libertadora, cuyos hombres al desembarcar se dirigen a los «argentinos orientales», proclama reafirmada en la Declaratoria de la Florida con su ley de Unión a las Provincias Unidas y la admisión de su pabellón nacional. Y tergiversa la rica tradición blanca anti-imperialista sostenida durante la Guerra Grande o la de la Triple Alianza.
En síntesis: para el Dr. Lacalle el internacionalismo es un morbo, de la patria grande no podrá ni hablarse y desea «una sola patria, el Uruguay» altivamente orgullosa y asociada a EEUU con un TLC incluido. Para la izquierda frenteamplista el internacionalismo es reivindicable como «patria de la humanidad», la Patria Grande de «nuestra América» indo-afro-latina es un sueño que se va convirtiendo en realidad para orgullosamente detener y derrotar al imperialismo y a sus TLC afirmando la segunda independencia y nuestro Uruguay debe ser fortalecido integrándolo en pie de igualdad con los otros pueblos y Estados de la región. Son dos visiones antagónicas.
1 Carlos Real de Azúa. «Herrera. El colegiado en Uruguay». «Historia de América. 29. 1972.
2 Luis Lacalle. «Trasfoguero». Talleres -gráficos Donosita. 1963. Inciso «Un Jefe» Pág.26
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