EDITORIAL

Los dichos de Lacalle

El doctor Luis Alberto Lacalle es el candidato de la derecha política y el principal abanderado de la cruzada restauracionista para hacer retroceder al Uruguay a antes de marzo de 2005.

Más allá de las operaciones marketineras que intentaron, sin éxito ninguno, presentarlo como diferente, más volcado hacia el centro, desde el mismo día de las internas y particularmente en este mes transcurrido desde entonces ha definido con sus expresiones públicas, que sigue siendo el mismo. Es lo que siempre fue.

Hay muchas señales al respecto, solo recordaremos algunas, que fueron quizás las de más repercusión pública.

Unos días antes de las elecciones internas, Lacalle dijo que si fuera un inversor esperaría hasta diciembre y no invertiría ahora.

Ante la gravedad del planteo y las respuestas dadas desde el Frente Amplio, el gobierno, los propios sectores empresariales y la realidad misma, Lacalle luego relativizó los dichos, pero los mantuvo en su esencia.

Fundamenta sus dichos en que Mujica no es confiable, que quiere atacar la propiedad y que sólo sería confiable para los empresarios un gobierno de derecha encabezado por él.

Son conocidas y para los lectores de LA REPUBLICA en especial, las respuestas, durante el gobierno del FA las inversiones fueron diez veces superiores a las que recibió el país durante el gobierno de Lacalle.

El segundo pronunciamiento público de Lacalle que generó rechazo fue el ya paradigmático anuncio de que «entrará con una motosierra para cortar el gasto público».

La imagen de Lacalle con una motosierra recortando el Plan Ceibal, las asignaciones familiares, los salarios públicos, el Hospital de Ojos, etc., etc., lo llevaron otra vez a matizar su afirmación.

El tercer episodio fue la comparación realizada desde tiendas nacionalistas del Plan Ceibal con la Tarjeta Joven y la afirmación de que esta brindó más beneficios a los jóvenes, que se «sentían personas» al tener una tarjeta que los habilitaba para descuentos y consumo.

El cuarto, el más reciente, fue la propuesta de poner baños y peluqueros, para que los compatriotas que viven en los asentamientos adquieran hábitos de limpieza y pulcritud.

Estas afirmaciones, que representan aspectos del pensamiento personal de Lacalle, se complementan con los anuncios de eliminación del monopolio de Ancap, una nueva privatización de Pluna, la disolución del Parlamento del Mercosur, entre otras.

Es entendible que en los primeros debates, legisladores nacionalistas y operadores de campaña, tanto blancos como colorados, reclamen que no se discuta sobre el pasado, que las cosas cambiaron y que sólo se debe discutir el gobierno del FA y el futuro.

Curioso pedido, intenta una especie de operación amnesia, es como que blancos y colorados nunca hubieran gobernado y solo representan el futuro y una palabrita mágica: «el cambio».

El problema es que Lacalle cada vez que habla y Pedro Bordaberry, la otra cabeza de la derecha política, también, refieren con sus propuestas al pasado. Es que ya gobernaron, ya hicieron lo que anuncian que volverán a hacer y los resultados fueron los que fueron.

A todo ello hay que agregar, aunque por ahora no lo digan mucho, que tanto Lacalle como Bordaberry votarán en contra de la anulación de la Ley de Caducidad y de que el voto universal, derecho y obligación para todos los uruguayos, sea una realidad para los cientos de miles de compatriotas que están en el exterior.

Las operaciones marketineras seguirán, pero vale más la porfiada realidad, las propuestas son de derecha, son restauracionistas y en cuanto a la noción de cambio, vale la pena recordar que la marcha atrás también es un cambio, hablando en términos automovilísticos, claro.

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