EDITORIAL

Profesores enfrentados al gobierno

Mientras la campaña electoral va cobrando protagonismo, se suceden anuncios, arrecian las críticas cruzadas entre los distintos candidatos y la gestión gubernamental del Frente Amplio es centro de severos cuestionamientos de parte de los candidatos opositores, desde el sindicato de profesores de Secundaria se abre un nuevo frente contra el gobierno decretando un paro de 48 horas.

Los reclamos de los docentes tienen que ver con aspectos propios de su trabajo: revisión del sistema de otorgamiento de horas de clase, mayor seguridad en los liceos, pago en fecha de los salarios, adecuado mantenimiento de los locales liceales, incremento del número de funcionarios y alguna otra medida para mejorar la tarea educativa. Se trata, como puede verse, de reclamos perfectamente justos; nadie discute su legitimidad. Lo que sí puede cuestionarse es la pertinencia de la medida extrema del paro, ya que las autoridades del Consejo de Educación Secundaria han exhibido en todo momento su voluntad de diálogo. Hay, pues, una radicalización del gremio docente que a nada bueno conduce y que genera un clima enrarecido en las relaciones entre autoridades y funcionarios.

Por trayectoria y por convicción, el Multimedio Plural ha apoyado las reivindicaciones de los asalariados y los conflictos que los enfrentan con las patronales por la sencilla razón de que nos inclinamos en principio a favor del débil ante la arrogancia de la autoridad o ante la prepotencia patronal. Eso está fuera de discusión. No obstante, entendemos que en muchos casos, los gremios estatales, esto es, los sindicatos que nuclean a los funcionarios públicos, han perdido de vista un hecho innegable de la realidad: que bajo el actual gobierno se ha desplegado una intensa acción dirigida a proteger los derechos de los asalariados, a mejorar su condición, a promover la sindicalización y a recuperar y mejorar el nivel salarial. Se ha vuelto a convocar a los Consejos de Salarios, se han implementado medidas de todo tipo y se han votado leyes laborales de enorme trascendencia como la jornada laboral de ocho horas para los trabajadores rurales, la de fueros sindicales, la de licencias especiales en la actividad privada, la de reglamentación del trabajo doméstico, entre otras.

El salario real ha recuperado su poder adquisitivo, y son precisamente los docentes (maestros y profesores) junto a los policías y funcionarios de la Salud Pública, los que han visto incrementadas notablemente sus retribuciones.

Ahora bien, los gremios docentes parecen no valorar todos estos logros y alegremente convocan a un paro que no tendrá otro efecto que aumentar el descontento de los padres de alumnos y el desprestigio que sufren los docentes a los ojos de la población en general.

Pero la plataforma del paro incluía, además de las reivindicaciones enumeradas al comienzo, el rechazo a la recientemente aprobada Ley de Educación. Alineándose de hecho con los partidos de la oposición, los profesores anunciaron su decisión de iniciar una acción de inconstitucionalidad contra dicha ley ante la Suprema Corte de Justicia. Las razones de tan vehemente rechazo son las mismas que llevaron a un grupo de exaltados a exhibir una actitud patotera cuando el Senado sancionó la ley.

La Ley de Educación aprobada fue fruto de mucho tiempo de debates en los que se oyó a todos los sectores de la sociedad. Seguramente habrá cosas a corregir, pero es innegable que esa norma fue un paso trascendente para mejorar todo el sistema educativo, y la inmensa mayoría de las aspiraciones de los profesores fueron contempladas en el texto legal.

La actitud del gremio de Secundaria configura un desborde sindical absolutamente injustificado.

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