De triunfos y derrotas
Eduardo Bonomi
Hace años que, a la hora de los balcanes, la izquierda viene atravesando una secuela de triunfos y victorias; elecciones y plebiscitos, huelgas y movilizaciones, mientras que a la hora de las realidades, durante el mismo período de tiempo, el pueblo en su conjunto viene sufriendo el desempleo y la rebaja salarial, un endeudamiento insostenible y el deterioro continuo del sistema de salud y educativo, el problema de la vivienda se vuele cada vez más acuciante, pues no sólo lo sufren los que no tienen vivienda, sino que los que la tienen no pueden mantenerla, el aparato productivo está hecho pedazos y el comercio se deteriora cada día más…
Uno se pregunta si la medida del éxito de los que luchamos por un programa de soluciones nacionales y populares, por el patrimonio y la producción nacional, por el trabajo y por el salario, por la mejora de la salud, la vivienda y la educación ¿no tendrá que estar precisamente en los logros que se hayan obtenido en todos esos planos?
Evidentemente sí, y si no hubo avances y, por el contrario, se ha deteriorado el nivel de vida de los uruguayos, se debe a que nos han derrotado en nuestra lucha. Eso es ilevantable y no resiste el menor análisis… Pero, eso sí, los que fuimos derrotados no somos responsables del deterioro del aparato productivo ni del brutal desempleo o la rebaja salarial y la caída de los servicios básicos que los orientales merecemos. Ello es responsabilidad de los que nos han derrotado en las distintas confrontaciones por las que hemos pasado y usaron su triunfo para beneficiar otros intereses que no son los de los integrantes del pueblo oriental.
Por eso no deja de llamar la atención que, cuando se analiza la posibilidad de emprender una movilización, un elemento que siempre se pone arriba de la mesa es el desaliento que puede provocar el fracaso y, cuando se analiza el resultado de la misma movilización, hasta los que ponían más énfasis en ese temor, sostienen que no hubo derrota ni fracasos, sino un esplendoroso triunfo y que hay motivos para el festejo.
Se trata de un profundo error: la gente siente de otra manera las derrotas y los triunfos. No los mide de acuerdo a las posibilidades de acumulación política, sino de acuerdo a los efectos prácticos que esa movilización tiene sobre su vida cotidiana: sobre todo cuando se los convocó a participar, votar o manifestar, en nombre de la mejora práctica de sus condiciones de vida o de la defensa de las empresas del Estado, de evitar pago doble de facturas o de crear puestos de trabajo, y no se los convocó para acumular políticamente en un proceso que será largo. Pero después la medida del éxito resulta que no estuvo en haber obtenido nuestros objetivos, sino en que acumulamos, llegamos a un piso mucho más alto de lo que esperábamos, tenemos una buena base, etcétera, etcétera, y la gente no entiende nada, se la convoca para una cosa y festejamos porque logramos otra.
A esta altura de la vida, hay que aprender de los propios acontecimientos y sincerarnos mucho más en nuestras afirmaciones: derrotas son derrotas y triunfos son triunfos. Y cuando no logramos el objetivo que buscamos estamos ante una derrota. Sin embargo, con el mismo grado de sinceramiento, hay que decirle a la gente que un proceso de lucha por mejorar las condiciones de vida de los orientales, si se pelea bien, aunque se sea derrotado, también se acumula también se aproxima a los objetivos buscados. Y eso también hay que tenerlo en cuenta a la hora de resolver si se emprende o no se emprende una lucha por un objetivo puntual. Tampoco hay que olvidar que al razonar así, estamos ante dos tipos de valoraciones: la valoración que puede hacer una organización política al analizar la lucha en su conjunto y la valoración que se puede hacer ante un objetivo puntual y concreto como el que buscamos el domingo 18 de febrero…
Después, en la presentación de la valoración ante la gente, se confunden los dos niveles: la valoración de la lucha en conjunto y la valoración del resultado concreto. También es cierto que hay una interrelación entre las dos: los avances en el conjunto de la lucha nos permite emprender con mayores posibilidades de éxito las confrontaciones concretas y a su vez los éxitos concretos suman para las luchas de conjunto. Lo que no se puede es confundir unos con otros ante los ojos de la gente.
El 18 de febrero volvió a poner de relieve que, cuando se suman los esfuerzos más plurales, las instancias de movilización popular tienen una enorme potencialidad a los efectos de acumular para los cambios que la gran mayoría de los orientales estamos necesitando. Pero para seguir peleando bien, además de no seguir confundiendo triunfos con derrotas, se necesita corregir errores: la relación entre las fuerzas políticas y las fuerzas sociales no fue la mejor, las fuerzas sociales no alcanzaron todo su potencial, pues este se perdió en una especie de representación de las organizaciones por unos pocos dirigentes y perdió en una especie de representación de las organizaciones por unos pocos dirigentes y la organización resultante, sin la movilización social y sindical necesaria, mostró esas carencias.
La gran tarea del pueblo oriental, de las organizaciones sociales y políticas, sindicales y religiosas, es tratar de superar las carencias para poder transformar –no por obra de la semántica, sino por de las movilizaciones populares– las derrotas en triunfos.
* Integrante del Comité Ejecutivo del MLN-T, Dirección Nacional del MPP, Mesa Política del FA
Compartí tu opinión con toda la comunidad