¿Qué futuro nos espera?
Es muy posible que, del modo cómo transcurrieron los hechos legislativos, una parte considerable de la población no haya todavía alcanzado cabal conciencia de las transformaciones legales operadas en el segundo semestre del año 2000.
Parecería que Uruguay inicia su camino de ida en materia de privatizaciones, apertura externa y desregulaciones, cuando la mayor parte del mundo viene de vuelta.
Parece que vivimos «en relanti» la furia antiestatista de la señora Margaret Thatcher o del señor Ronald Reagan o, en el mejor de los casos, los coletazos latinoamericanos del fundamentalismo neoliberal que encarnaron Carlos Menem, Salinas de Gortari y Fernando Color de Mello.
El despiadado vendaval contra los moderados avances sociales que conllevaba el llamado «estado de bienestar» ha cesado de uno a otro extremo del mundo y gran parte de los «teóricos» de aquel modelo neoliberal se apresuran a reconocer las consecuencias negativas que ha tenido el proyecto para la salud del entramado social.
En nuestro país si bien el norte elegido, la privatización y desregulación, no suponen sorpresas pues ha sido el discurso de las derechas en los últimos años, si empieza a generar alarma el ritmo privatizador vertiginoso que se le ha impreso a la acción legislativa y de gobierno.
Con una excepción a la que enseguida nos referiremos, nunca, en el último siglo los cambios habían tenido el ritmo acelerado y la amplitud con que se suceden en estos últimos meses.
Paradójicamente, el otro período de reformas vertiginosas fue protagonizado por un antepasado del actual Presidente. Y tuvieron un signo diametralmente opuesto al del gobierno actual.
Efectivamente, entre los primeros meses de 1911 y fines de 1912, la administración presidida por José Batlle y Ordóñez impulsó legislativamente el monopolio estatal de los seguros, 26-4-1911; la estatización total del Banco de la República, 13-5-1911; los Ferrocarriles del Estado, 1-6-1911, el Instituto de Pesca, 21-9-1911, las Usinas Eléctricas del Estado, 22-11-1911, el estanco del alcohol, 20-3-1912; la estatización del Banco Hipotecario, 23-3-1912, entre otros emprendimientos a cargo del Estado.
La suerte de estos entes u organismos públicos fue variada. Algunos, como el Banco de Seguros del Estado obtuvieron un éxito fulminante, que superó todas las expectativas y se transformó en un factor de ahorro e inversión nacional de enormes proyecciones.
Otros evolucionaron más lentamente o a partir de las condiciones en que se empezaron a desarrollar, con una pesada herencia de los propietarios extranjeros anteriores, resueltamente fracasaron.
Pero la gran mayoría de las empresas públicas tanto del área industrial como comercial se convirtieron en grandes emprendimientos, con logros sumamente importantes en el desarrollo de un modelo económico propio, al servicio de una estrategia de desarrollo económico y social de signo nacional, aumentando en grado sumo la autonomía que disponía el país en relación a las grandes potencias de Occidente.
Las empresas públicas y, más en general, el área estatal de la economía ha tenido y tiene grandes falencias y deformaciones.
Los sectores progresistas, aun mucho antes de la conformación como entidad política en inicios de los años 70, asumieron siempre una actitud de defensa crítica hacia la conducción de los Entes Autónomos.
Pero de los errores de las distintas administraciones se ha ido saliendo.
Los errores, los desatinos o las desviaciones de la gestión estatal los puede corregir otra administración estatal, otros elencos políticos, otros impulsos de renovación nacional, como el país ha vivido.
Los inversores extranjeros, anónimos y movidos exclusivamente por el afán de lucro, a esos no es posible corregir, enmendar o sustituir.
Si el dinero del crédito estatal, de los seguros y de las hipotecas, de la refinación del petróleo, las telecomunicaciones y la producción de energía hubiera permanecido en manos de las empresas trasnacionales que las dominan en el mundo, la historia de este siglo en Uruguay hubiera sido muy distinta.
¿Cómo será el futuro después del vendaval privatizador?
Es una pregunta de respuesta por demás incierta.
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