Reivindicación del nacionalismo

Es obvio que hay una estrategia programada. Sin perjuicio de aprovechar una dirigencia muy mediocre, interesada y ramplona, la derecha se ha volcado, incluso por sus más emblemáticos representantes, a la tesis de fusionar de los partidos tradicionales. El miedo cerval a un triunfo futuro de la izquierda los lleva a sostener tesis que otrora fueron justamente defendidas por éstos.

Durante 170 años de lucha tradicional entre blancos y colorados, con sus tradiciones, afectos, compromisos históricos, familiares y filosóficos que –aunque diametralmente opuestas– fueron moldeando el país, crearon el freno moral y sentimental que impedía el acceso de la izquierda como opción de poder.

Los tiempos, es evidente que cambian. Mientras la izquierda abandona esas tesis por otras tácticas más efectivas en base a trabajos de base, ayudas comunitarias, asistencias en zonas carenciadas y populares, sin contar las movilizaciones en gremios y sindicatos, ejercicios que los partidos tradicionales hicieron en buena medida en función de sus caudillos y que la muerte de la ley de lemas los terminó. A los «doctores», incapaces de entender y mucho menos de hacer esa labor, no se les ocurrió otra solución mejor que «juntarse» («por fin juntos» decía el eslogan vergonzante en azul y blanco…) para evitar la derrota.

El problema es que el tiempo, que es inexorable, corre a favor de la izquierda que no se «quema» al no ejercer el poder y por ende sigue siendo una expectativa real de cambio.

No entienden los conservadores que la repetición de caras y costumbres que sólo buscan las soluciones particulares de sus «clases» y no las generales del pueblo, se han agotado y si desean subsistir, deben cambiar los métodos, los fines y por supuesto, las jefaturas.

Querer crear el temor de un muro de Berlín trasladado a 18 de Julio, es simplemente infantil. La izquierda tendrá más tarde o temprano que ganar con el posterior desgaste natural que todo gobierno en ejercicio tiene. Es una ley de juego realista e inevitable.

El problema no estriba en ese juego casi simplista de cambios de poder. Lo importante y sustancial son sus consecuencias. Cuáles son las corrientes que representan la defensa de lo nacional en el momento. O sea, quiénes en definitiva son los que defienden los intereses del pueblo, sus producciones, su desarrollo y futura prosperidad de la voracidad de los imperios económicos, llámense multinacionales, grandes capitales internacionales, banca extranjera, etc., que disfrazadas de políticas «globalizadas» explotan y hambrean a nuestros pueblos respaldadas por el gran imperio del norte que hace las veces de gendarme.

Sin perjuicio de que por razones sentimentales, costumbristas y prácticas entre otras, luchemos por la integridad y permanencia de nuestro partido blanco, con su personalidad tradicional y su identidad histórica con todo lo que ella representa, no es menos cierto que está llegando la hora que al igual que la deredcha explotadora y retardataria tratan de unirse matando incluso valores gravitantes como han sido y son los partidos que hicieron la Patria, las corrietnes nacionalistas tengan que empezar a pensar también en formar una unión de los que quieran y defiendan los valores nacionales. Estén no dentro del partido. Ya

Los nacionalismos no han muerto. Son, por el contrario, el «muro de contención» que siempre tuvieron los imperios y las oligarquías vernáculas compradas por éstos. Aunque la prensa «grande» nos las presenten como negativas y crueles, en los hechos son los que defienden los pueblos.

Es el caso de los árabes y fundamentalistas con sus culturas superiores que nos los muestran como atrasados y bárbaros. Los ayatolas se enfrentaron a los yankis y rusos combinados en su mayor expresión de poder y en defensa de su petróleo y su gente, les ganaron. ¡Vaya pruebita que se mandaron! Gadafi, no obstante soportar décadas las presiones y agresiones de las potencias europeas y yankis, se ha consolidado y su pueblo es dueño de su destino. Lituania se independizó del imperio ruso y Chechenia resite sola, las demás potencias y la prensa grande se compadecen de sus sufrimientos pero nadie la ayuda y ni siquiera argumentan a favor de esa heroica y legítima lucha por su libertad y soberanía. Pésimo ejemplo para los imperios. Lo mismo pasa en Irlanda, donde Inglaterra y sus esbirros quieren desmantelar sus movimientos separatistas y es obvio que no pueden con su nacionalismo. Se repite el tema con los vascos. Al igual que los irlandeses nos los muestran como vulgares «terroristas» ignorando por supuesto el feroz terrorismo de Estado empleado por ingleses y españoles en cada caso para evitar sus independencias y libertades respectivas.

En nuestra América también reflotan los nacionalismos. Ahí está el incipiente gobierno venezolano de Chávez, que habrá que seguir observando, pero que el ejemplo que está dando es digno de encomio.

¿Quién se podía imaginar que las FARC colombianas, el movimiento guerrillero más antiguo del continente con vigencia, pudiese entrar por la puerta más grande del Atrio Vaticano? Entran en la persona del comandante Reyes, una de las «manos» preferentes de Marulanda (a) Tiro Fijo, a dialogar con las más altas dignidades cardenalicias, de paz y de concorida. ¿Cuánto tardará el Santo Padre en ir a Colombia a «charlar» como hizo con Fidel, con Maulanda? La Iglesia, con su habitual lucidez ecuméncia, generosa y humanista se da cuenta de las luchas de los pueblos por sus libertades y justicia social. No dialogan ni pierden tiempo con los Ramón Díaz y sus muchachos. En cambio lo pueden hacer, nadie se llame a «asombro» con Tiro Fijo. Que representa gran parte de las clases más explotadas de la América india y colombiana. El «Patrón de arriba» las sabe «todas» y aconseja bien a su Iglesia.

Rebobinando. Vamos a tener que sentarnos en algún «boliche» con buen «vinacho» de por medio, los que pensamos parecido. Los nacionalistas. Los que nunca hicimos caso de «mandones» ni «entreguistas». Habremos discrepado muchas veces, pero si dialogamos, podemos coincidir en muchas más.

Todo es empezar y tomarse la «primera».

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