Fórmula blanca

Ya hemos dicho en ocasiones que en los partidos políticos generalmente sus espectros contemplan sabiamente diferentes posiciones. O sea, de derecha, izquierda y centro con los perfiles hacia uno y otro extremo según las circunstancias del momento. El Partido Nacional acertadamente optó en los hechos adaptarse a esos planteos.

El radicalizar la colectividad en una sola dirección, o sea de una sola tendencia, también a nivel mundial se ha dado y por ahí se sigue dando, conservadora o progresista como suele llamarse, tiene entre otras consecuencias la de fundirse por siempre en un solo perfil radicalizándose por añadidura. En buen romance, le coarta al ciudadano que tradicionalmente simpatice con el partido de marras otra elección o tendencia ideológica obligándole a irse de filas ante la incompatibilidad presentada.

En alguna oportunidad esas realidades se dieron en nuestro partido y se sufrió fracturas correspondientes, perdiéndose figuras trascendentes. Entre la muerte de Herrera y el advenimiento de Wilson como líder, hubo un interregno, recordemos, el que el partido hizo crisis derechizándose marcadamente, que repercutió en la mediatización de los liderazgos del caso.

La radicalización de esa corriente no careció de figuras si bien muy destacadas, particularmente a nivel de doctores fueron ellos que embretaron en la derecha el perfil ideológico alejando del redil o cerno partidario a otros dirigentes de valor imprescindible para el nacionalismo. Casos de Quijano, Erro, Rodríguez Camusso, Cusano, Penco, Paco Espínola, todos hijos del mismo tronco añejo, donde no se les avizoraba opción alguna en su momento.

El partido anquilosado no avizoraba «retoños» prometedores futuros hasta, como milagro de la Providencia, surge la imagen de Wilson. Joven, gran parlamentario y además como Herrera, un real ideólogo que abrió las viejas ventanas oxigenando con nuevas corrientes «Nuestro Compromiso con Ud.», la vetustez de prácticamente una década desde la muerte del viejo caudillo. Reforma agraria, nacionalización de la banca, nacionalización del comercio exterior entre otros principios económicos, políticos y sociales fueron ideas revitalizadoras con que Ferreira volvió a catapultar al partido.

Ese partido, con sus 173 años actuales, de los más viejos del mundo, osciló inteligentemente entre esas corrientes que los caudillos supieron darle y, aún hoy, congeniando los dos perfiles, el herrerista de Lacalle y el wilsonista de Larrañaga lograr amalgamar una unidad muy trabajada, limando y entramando con algún menor perfil diferencial, un solo tronco con un mismo plan, indispensable para encarar el futuro gobierno.

Bueno también es señalar que si bien los dos líderes de ambas corrientes tuvieron el criterio y mérito indudable para llegar a ese logro, nadie puede olvidar no solo el aspecto renovador y progresista del caudillo sanducero sino el gesto tenido, al saberse el resultado adverso a sus intereses políticos la noche de la «interna», de grandeza espiritual y partidaria, revelando el desprendimiento inmediato personal, al que podría haberle cabido según las circunstancias vividas, por los intereses superiores del partido y de la patria, resolviendo sobre la marcha la construcción de la fórmula. Son grandes «ítems» o gestos que hicieron a lo largo de su historia, la dimensión que los bancos tienen como constructores de la nación oriental.

Careció Larrañaga de tiempo razonable, por la inmediatez de la respuesta, de valorar o medir otro interés que no fuera el superior afecto y cariño por su país y su partido. Y tampoco fue menos amplia la invitación generosa recibida sorpresivamente pocos momentos antes de parte de Lacalle a integrar una sola gran bandera e ideario que tuvo su origen señero en el libertador de la patria el Gral. Manuel Oribe.

Tenga la ciudadanía la tranquilidad de un futuro gobierno blanco de timón firme enfrentando los «bandazos» internacionales de intereses foráneos a nuestra tierra y su gente en el presidente futuro y el diálogo fluido, desinteresado en lo personal y progresista en sus concepciones en la figura del vice Jorge Larrañaga para lograr un gobierno próspero de concordia nacional. Es nuestra real esperanza.

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