De religión latinoamericana
Se reunió en Montevideo el Consejo Mundial de Iglesias con la participación de emisarios de diferentes países en procura de analizar y combatir los orígenes de la violencia en la sociedad. En ese ámbito intervino el analista político Gerardo Caetano como conferencista sobre el tema: Los guetos, las religiones y los nuevos políticos del siglo XXI. Parte de su alocución mencionaba: «También la religión se ha diversificado, separando en parte a los uruguayos. Y los políticos uruguayos son un ejemplo de ello. El politólogo recordó que Pedro Bordaberry proviene de una familia profundamente católica y que José Mujica ha inaugurado locales partidarios en centros umbandistas. También dijo que vio «personalmente» a Luis Alberto Lacalle persignar a niños haciéndoles la señal de la cruz en la frente, lo cual era «impensable» para un político uruguayo en el pasado. Y que el presidente Tabaré Vázquez, un masón, tiene «un vínculo muy particular con la laicidad».
Reflexionando acerca de si es posible vivir sin banderas y entendiendo el término «gueto» como núcleo de exclusión, me pregunto si una religión de alguna manera lo es. De ser así, estoy dispuesta a saltar barreras tras el lenguaje universal de simple comunicación humana y declararme de religión latinoamericana.
Hago alusión al Dr. Gerardo Caetano a quien aprecio y admiro, sumando con audaz atrevimiento a su análisis que nos honra al mencionarnos, la siguiente precisión: Las expresiones culturales de grupos históricamente relegados, aunque continúan siendo socialmente censuradas, han adquirido otra visibilidad, y en ese proceso salen a luz sus costumbres incluidas las religiosas o de interpretación de lo trascendente. El crisol de creencias parece aumentar, aunque preexiste en tiempos cronológicos, ya que la religiosidad africana e indígena matriz de Umbanda, es desde antes de la era cristiana. Milenarias cosmogonías que deberían ser estudiadas en programas de enseñanza al mismo nivel que las deidades romanas o griegas. Las prácticas religiosas provenientes de negros e indios, equivocadamente denominadas sectas, fueron vistas por sus orígenes como «brujería» o elemento vergonzante, asociadas a clandestinidad, superchería o ilegalidad como forma de desprecio, más cercanamente en el tiempo folclorizadas, tomadas como elemento decorativo o de cuasi divertimento, y en la actualidad demonizadas como cumbre de discriminación. Como verán, no es el mejor de los climas para crecer. Siguiendo mi modesto razonamiento la religión no se ha diversificado tanto, más bien son tiempos de verdades arrinconadas abrirse paso. Nuestro gobierno de izquierda en Uruguay tiene el mérito de brindar un espacio a culturas saturadas de postergaciones que otros gobiernos pretendieron aplastar.
En cuanto a «separando a los uruguayos» digo, las religiones separan como lo hacen las distintas filiaciones de las personas en un sinfín de aspectos que simultáneamente contribuyen a la cohesión social al generar ciudadanía. Pongamos ejemplos: las comunidades étnicas, los partidos políticos, las nacionalidades, los clubes de lo que sean, la propia familia sanguínea, los idiomas, y hay miles de situaciones pues somos gregarios por naturaleza y nos gusta ser parte de un todo. No significa que, por haber diferencias en las opciones de socialización que haya fractura social, fragmentación o patologías. Reconocernos en el otro es unidad humana. Rechazarlo por ser o pensar diferente es enfermedad. La desintegración se produce con la marginalización del acceso al disfrute de los derechos económicos y sociales.
La diversidad cultural y por ende religiosa o de fe, es sana e inevitable; nadie imagina un mundo monocorde y unicolor. «Sin banderas» es una hermosa utopía. Las personas necesitamos congregarnos lo hacemos permanentemente en torno a algo que nos identifica y nos une, pueden ser sentimientos, orígenes, causas o ideologías. Eso es la esencia, casi un instinto de supervivencia y de calidad de ser.
En cuanto a los presidenciables: Mujica, quien se declara panteísta filosofía que asocia la Naturaleza con Dios fue a templos de umbanda como fue a dar una conferencia a la B’nai B’rith, al PIT-CNT, almorzará en ADM, visita barrios suburbanos y el interior del país, pues todos somos parte de esta pequeña gran nación. Los otros se muestran católicos, me parece bien. Lo de Lacalle haciendo la señal de la cruz a los niños es patético. (¡Sólo Dios los podrá salvar si él vuelve!).
Una religión es una comunidad de amor y no debe separarnos. El asunto está en respetar y amar al otro como a mí mismo, allí concluiremos que somos diferentes porque somos iguales y en ese quid nace la paz y la solidaridad imprescindibles para el desarrollo de los pueblos. Es positivo nuclearnos en torno a cuestiones positivas, es malo si nos fanatizamos en poseedores de la verdad y en destruir al que no piensa o es como nosotros. Siempre habrá coincidencias sublimes por encima de diferencias.
Que haya quienes fomenten las divisiones conflictivas como forma de legitimar espurios intereses, sin dudas. Nuestro desafío radica en encontrar las afinidades y el lugar donde haya espacio para todos.
Por mucho tiempo mastiqué la raíz de la segregación y eso me dio el antídoto. Coincido plenamente con Eduardo Galeano: «Los mapas del alma no tienen fronteras».
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