El espíritu de Hiroshima
El Movimiento de Educadores por la Paz ha solicitado a los organismos de la Enseñanza Pública de la ANEP, que durante los primeros días de agosto se evoque, en una visión amplia y polifacética, la Tragedia de Hiroshima y Nagasaki en todos los centros de enseñanza.
1- Se cumplen, los próximos días 6 y 9 de agosto de este año, 64 años del ataque con bombas atómicas a dos ciudades japonesas: Hiroshima y Nagasaki.
Cientos de miles de mujeres, niños y hombres morían o quedaban mortalmente heridos a causa de los efectos destructivos de las bombas.
Este crimen contra la humanidad en su conjunto, no tuvo nunca justificación.
Es iniciado el proceso de fabricación de la bomba atómica, en el año 1939, con la intención de intentar derrotar al nazismo de Hitler, para salvar a la humanidad del genocidio.
Las tareas culminan en 1945, a mediados del año. Ya había sido derrotado el ejército alemán por las Fuerzas Aliadas, y la caída de Berlín por parte del ejército soviético, se produce el 9 de mayo de ese año.
El fascismo italiano ya había sido derrotado por las fuerzas aliadas, en especial por Gran Bretaña, y los Estados Unidos venían derrotando claramente al imperio japonés, en el momento de explotar las bombas.
Una vez construidas, había que probar el efecto de las mismas.
2- Si analizamos la situación actual, en materia de armamentos nucleares, constatamos:
-la existencia de miles de cargas nucleares, algunas de ellas instaladas para su inmediata utilización, para poder asestar «el primer golpe».
– las cargas nucleares son de tremenda potencia de destrucción, ciento de veces mayores a las utilizadas en 1945.
– Una mayor cantidad de países poseen o están en proceso de poseer esas armas.
Todo ello señala que el riesgo de guerra nuclear no es una ficción del pasado, sino un peligro latente del presente y del futuro de la humanidad.
3- Es bueno, necesario, que las nuevas generaciones, conozcan, recuerden y analicen estos acontecimientos.
Está claro que la inmoralidad de la carrera armamentista no se refiere sólo al armamento nuclear. También se vincula a la producción de otras armas, de todas las armas, desde las más imponentes a las armas ligeras.
Hay que desarrollar una clara política anti-armamentista.
La mayor parte de la investigación científica mundial se sigue destinando a la fabricación de armas, privando así a la humanidad del enorme avance a favor de la salud, la alimentación, las mejores condiciones de vida.
Debería surgir en el ámbito de la comunidad internacional, en el seno de las Naciones Unidas, un consenso mundial, expresión de todos los pueblos, a través de sus gobiernos, a favor de la detención irrestricta de la fabricación, venta circulación y compra de todo tipo de armas.
4- El Espíritu de Hiroshima nos obliga a pensar, no sólo en el momento histórico en que se vivió la tragedia, sino a retrotraer al día de hoy, y mirar nuestro presente y nuestro futuro, para decir que si no levantamos entre todos, a todos los niveles, nuestras voces y nuestras acciones seguiremos viendo el horror que produce la violación más flagrante de los derechos humanos, expresada a diario en todas las regiones del mundo.
Sin estar sumergido en una guerra mundial, el mundo de hoy ofrece varios escenarios de destrucción y muerte:
– La pobreza extrema, que lleva a la muerte a millones de niños, mujeres y hombres por hambre, enfermedades y pésimas condiciones de vida.
– Las guerras, desatadas por la usurpación de los países poderosos a otros, por razones políticas, económicas.
– Los conflictos regionales e internos, en regiones y países por razones étnicas, culturales, políticas, religiosas, sociales.
– El terrorismo, desatado como respuesta a las violaciones de los más poderosos, condenable también por las víctimas inocentes que ocasiona, y el terrorismo de Estado.
5- El Espíritu de Hiroshima. Nos obliga a actuar como parte de una comunidad, que debemos enriquecer, para hacer mejor el país, para hacer mejor a la región, al continente y al planeta. Para ello comprometernos a ser solidarios, respetuosos, sensibles con todos nuestros semejantes, en especial los más débiles.
Es necesario fortalecer en los niños, jóvenes y adultos la idea de que la paz es una necesidad suprema de todos los pueblos y naciones.
Por eso creemos que desde los primeros tramos, y durante toda la vida hay que fortalecer los valores humanos fundamentales. Crear una cultura de paz.
Hay que educar para la paz.
Que podemos forjar otro mundo, si entre todos podemos construir nuevos pilares, nuevos fundamentos jurídicos, económicos, éticos, en los que se apoye una nueva relación entre los seres humanos, sus comunidades, sus países.
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