Artigas liberado para quedarse
Como no podía ser de otra manera el diario El País disfruta ser el vocero de algunos sectores militares influidos por los partidos tradicionales, anunciando que hay jóvenes oficiales que están molestos con el traslado de los restos de Artigas, recuperando al prócer de las catacumbas de la dictadura: el frío y húmedo mausoleo de la Plaza Independencia.
La propuesta del presidente Tabaré Vázquez del traslado de esos restos, tiene un significado profundamente democrático y civilizatorio, que apunta a reafirmar y recrear el pensamiento de uno de los líderes más radicales de Latinoamérica, por aquello de ir a las raíces de las cosas.
Artigas fue y sigue siendo uno de los mejores orientales, en tanto supo construir un pensamiento que amalgamó los conceptos de democracia, libertad y justicia social, como no lo hizo ninguno de los caudillos de la primera independencia y como no lo hicieron otros pensadores y líderes uruguayos que redujeron sus propuestas a defender la democracia y la libertad, pero vaciando de contenido todo lo que tiene que ver con la equidad y la defensa de los más humildes.
Fue la izquierda en la década de los 50 quien rescató el ideario artiguista, mientras que blancos y colorados prefirieron colocar en el arranque de la historia a sólo dos grandes uruguayos como fueron Manuel Oribe y Fructuoso Rivera.
Pero de Artigas y de su reglamento de tierras prefirieron olvidarlo, ocultarlo y colocarlos en los archivos de la pre historia, con la clara intención de que el compromiso de los pobres fuera olvidado.
El Frente Amplio es el continuador del artiguismo, por más que las dos viejas colectividades políticas lo nieguen, en el solo acto de no hacer mención nunca de su ideario, aunque más no sea en los feriados de las fiestas patrias.
En cambio con Tabaré Vázquez, el protector de los pueblos libres, el general del pueblo, volvió en estos cuatro años y medio a recorrer las llanuras de la patria instrumentando soluciones para los más desposeídos.
La democracia llegó en nuestro país el 1º de marzo de 1985 y desde esa fecha los gobiernos colorados y blancos no instrumentaron un solo gesto para que las frías paredes del mausoleo de Plaza Independencia recobraran la palabra.
No hicieron nada, le taparon la boca con el silencio de un sistema político dominante caduco que está dispuesto a hablar de cualquier cosa, menos del reparto de la riqueza.
Ahora se golpean el pecho y derraman lágrimas de cocodrilos porque José Artigas, gracias al gobierno progresista, recobra la libertad para reafirmar el reencuentro con su pueblo, que siente que esta vez el prócer llegó para quedarse y seguir cabalgando con su gente que lo acompaña en su nueva gesta liberadora.
Es de esperar que los humedecidos dirigentes de los partidos tradicionales no jueguen con fuego y sepan desprenderse de ese vil intento de arengar a jóvenes oficiales, que saben muy bien que hoy pueden transitar por nuestra patria con el orgullo de vestir el uniforme de Artigas.
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