¿Ahora el culpable es Juan Gelman?
«Una guerra contra la memoria, una falsificación orwelliana de la memoria, una falsificación de la realidad, una negación de la realidad, (…)» Primo Levi (1986)
Según dan cuenta distintas fuentes militares recogidas por la prensa, estaría en curso una investigación ordenada por el presidente Sanguinetti apuntada a disipar las oscuridades que rodean a la desaparición del nieto o nieta del escritor argentino.
Una averiguación, con ese fin, se estaría llevando adelante en el Hospital Militar, escenario según se denuncia, del posible nacimiento de la criatura reclamada desde 1976.
Ahora ha tomado estado público otra investigación ordenada por Sanguinetti, que consistiría en el interrogatorio de varios de los oficiales denunciados como revistando, en el período crítico de los secuestros, en el Servicio de Inteligencia de Defensa.
Pese a la notoriedad del caso, a la relevancia alcanzada por las cartas públicas de Juan Gelman y la recepción en Casa de Gobierno de centenares de cartas de personalidades de la cultura de todas partes del mundo, ambas indagatorias han permanecido en la penumbra con la que se suele proteger a los secretos de Estado.
Penumbra y secreto, que desde hace más de veinte años protege a los eventuales responsables de delitos graves, repetidos y perpetrados al amparo de su condición de funcionarios públicos.
Penumbra y secreto a la que ahora se pretende agregar algunos elementos de intimidación cuando se maniobra para colocar a Juan Gelman, lacerado en sus derechos por la acción perversa del terrorismo de Estado, en la condición de culpable por su militancia política en la década de los setenta.
La situación creada por los gobiernos de la impunidad (Sanguinetti y Lacalle) está asumiendo cada vez más los perfiles grotescos, inhumanos y agraviantes de un relato de Kafka.
Día a día, los defensores de la impunidad dan un paso más en ese camino sin retorno del absurdo y de la inversión de valores.
Ayer se pretendía encontrar contradicciones en las cartas públicas de Gelman.
Dejemos de lado el hecho que no hay, en modo alguno, contradicción entre suponer que su nuera fue trasladada a Uruguay, donde dio a luz, y denunciar, como lo hizo Gelman, la responsabilidad del mando militar argentino (capitán, después general Cabanillas) que tenía a su cargo el establecimiento el clandestino de detención bonaerense conocido como Automotores Orletti.
Dejemos de lado, pues, este falso argumento de quienes se proponen atacar y culpabilizar a la víctima, o una de las víctimas de estos episodios.
¿Qué garantías de procedimiento, de escrupulosidad pueden merecer las investigaciones, «administrativas», ordenadas por el Poder Ejecutivo y llevada adelante por militares?
¿Se cotejaron declaraciones de otros involucrados?
¿Se tuvo en cuenta el testimonio, recientemente reiterado pero conocido desde 1985, por lo menos, de los doce sobrevivientes de Orletti que aseguran haber percibido señales de la permanencia, en los meses señalados, en el SID de un niño o niña, recién nacido?
¿Quiénes son los responsables de las investigaciones «administrativas» llevadas adelante por militares sobre acusaciones que pesan sobre otros militares?
¿Qué significa, desde el punto de vista de una indagación de este tipo, el hecho que recién ahora se reconozca que hubo una cantidad de ciudadanos uruguayos trasladados ilegalmente de Buenos Aires a Montevideo?
¿Quién dijo la verdad y quién ha estado mintiendo durante más de veinte años?
¿Qué significado tiene el hecho que recién ahora se reconozca que en el local del SID de Bulevar Artigas y Palmar se mantuvo en secreto a un cierto número de ciudadanos detenidos?
¿Quién ha estado mintiendo sobre esto durante más de veinte años?
¿Quién ha dicho la verdad?
¿Son los gestores de todas estas mentiras, fabricadas para cubrir la impunidad, los que acusan a Gelman?
¿Con qué autoridad moral?
Kafka de nuevo: Juan Gelman, el abuelo, el padre, el suegro es un hombre que tiene un rostro, que tiene una voz, una trayectoria como luchador y como intelectual.
Muchos uruguayos y muchos argentinos, si se cruzaran con él en una calle, lo reconocerían.
¿Cuál es el rostro de los que lo atacan?
¿Cómo suena su voz? ¿Cuál es su biografía?
¿Cómo responden cuando se los acusa de estar allí, en el SID, en el momento de los secuestros y, luego, cuando hubo evidencias de la presencia de una criatura?
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