EDITORIAL

La "sensación térmica" de Insulza

Si bien nadie nunca negó un crecimiento de la violencia, siempre se afirmaron dos cosas: que Uruguay era el mejor país de la región (lo cual obviamente no es consuelo para nada ni para nadie), concepto que evidentemente comparten los numerosos inversores del extranjero que han estado llevando adelante sus apuestas empresariales en nuestro país, sino también, a esta altura, los miles de europeos, norteamericanos y argentinos que se han instalado a vivir en nuestro país; y que se estaba politizando y generando una paranoia ciudadana con la manija que daban políticos y algunos medios de prensa.

 

Esto dio lugar a mucha discusión y, hay que reconocerlo, fue bien utilizado y trabajado. El gobierno intentó con poco éxito buscar diferenciar entre la realidad, los hechos, los números, y las sensaciones llamadas «térmicas», por no decir claramente las campañas políticas.

 

En las últimas semanas, las cifras oficiales muestran claramente que hay un descenso claro en el nivel de delincuencia. La oposición, mutis por el foro; nadie salió a hablar del tema.

Tampoco se habla más de la inseguridad, claro, ahora estamos en plena campaña electoral y no se pueden realizar afirmaciones aventureras que ya le han costado al candidato blanco varias marchas atrás públicas, presionado por la postura firme de los representantes del gobierno y el Frente Amplio.

En estos días se sumó a la campaña frenteamplista nada más ni nada menos que el secretario general de la OEA, pensará alguno, porque señaló que Uruguay y Chile tienen niveles de inseguridad inferiores a los del resto de América Latina.

En definitiva, dirá la oposición, que Insulza adhirió a la tesis de la «sensación térmica». La pregunta es al revés: ¿no habrá posibilidades que realmente se haya estado dando manija?. Por otra parte, ¿tiene autoridad para hablar sobre violencia quien siendo joven fue capaz de pegar un fustazo en público en la cara de un correligionario?

 

Los blancos parecen ahora haber acomodado sus dichos y ya no quieren bajar la edad de la imputabilidad, una medida que se utiliza en algunos países del mundo y que (al igual que la pena de muerte) no ha generado ningún tipo de efecto. Sin embargo, se les ocurrió la brillante idea de elevar de cinco a diez años la reclusión para los menores infractores entre 16 y 18 años.

Además se proponen cargar la responsabilidad a los padres. Una solución maravillosa que solamente se le puede ocurrir a algún extraterrestre, que no tenga idea del país en que vive, qué problemas existen, cómo se generaron y cómo se resuelven.

Es fácil hablar de la violencia ignorando la exclusión social, es más, acentuándola, generando guetos aun en Montevideo, expulsando a la periferia a quien no tiene acceso a determinados niveles de vida, educación y valores morales. Educar da mucho trabajo, es una opción que no se tiene en cuenta.

Pero volvamos a Insulza, ya que también sostuvo que «pese a la percepción social y la alarma pública sobre el tema, los países del sur de América tienen tasas de inseguridad menores que los demás países del continente».

 

Es más, rechazó la idea de aumentar las penas al considerar que mejor es «asegurarse de que quienes cometen los delitos efectivamente van a ir a la cárcel» y finalmente discrepó con la cobertura que generalmente realizan los medios de comunicación de la «crónica negra».

¿Qué hacemos con el secretario general de la OEA? ¿Cómo lo adjetivamos?

Daría la impresión de que existen lecturas de la realidad diferentes a la de la derecha nativa, despolitizadas y de gente con mucho prestigio.

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