La ONU, garantía de paz en Honduras
Del mismo modo que en Haití y en otras zonas del planeta donde el fantasma de la guerra, la hambruna y todas las pandemias sociales se hacen presentes, la Organización de las Naciones Unidas debe continuar siendo, para quienes seguimos creyendo en la coexistencia pacífica entre los pueblos y en la autodeterminación, la democracia y la plena vigencia de los derechos humanos, » el garante de todos los seres humanos».
Los actuales gobernantes de facto no tienen ningún destino, salvo deponer su actitud y autorizar el acceso de cascos azules de la Organización , integrados por una fuerza de paz de América Latina que hagan posible:
1) Una transición de seis meses hacia elecciones democráticas con la presencia del actual presidente legítimamente electo, Manuel Zelaya.
2) La entrega de las armas de parte de los insurrectos, militares golpistas y las garantías de un proceso legal justo, en el marco de un estado de derecho para quienes atentaron contra la Constitución, secuestrando en la noche y en su domicilio al presidente constitucional de Honduras, deportándolo en un avión militar hacia el exterior y agraviando su investidura.
3) La plena e inmediata vigencia de la libertad de prensa y de las comunicaciones para hacer posible un proceso de cara a las elecciones democráticas, establecido en la propia carta magna hondureña, y que en el plano político se traduce en elecciones a fin del presente año.
4) La conformación de un Comité Honduras Democrática en una tríada que a nuestro juicio deberían integrar el delegado que designe el actual secretario general de la ONU, el secretario de la OEA, José Miguel Insulza, en representación del sistema interamericano, y la actual presidenta pro-témpore de Unasur, Dra. Michelle Bachelet Jeria.
Va de suyo que huelgan las palabras de condena para quienes al mejor estilo del dictador Augusto Pinochet se alzaron contra la voluntad de un pueblo que alcanza índices de pobreza asfixiantes. Los epítetos y los discursos deben dar paso a una acción proactiva y eficaz en aras de recuperar las libertades públicas y el estado de Derecho ahora, ya.
Una balcanización de Centroamérica puede constituir el más grave retroceso en la forja democrática de nuestros pueblos en toda la historia de América Latina. Aquello debe evitarse a cualquier precio, respetando las particularidades y esencia del pueblo de Honduras, reiterando nuestra solidaridad con sus ciudadanos y con el presidente Zelaya y llamando a la cordura a quienes detentan el poder por la fuerza a actuando con sentido ecuánime, patriótico y responsable.
El gobierno de Micheletti es una nave a la deriva y merece la unánime condena del mundo libre, que no tolera en el actual estadio de civilización otra voluntad que no sea la que emane del voto que el alma pronuncia.
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