Motosierra, deuda y otras yerbas
La campaña electoral formalmente aún no comenzó, pero ya está que arde. En realidad sería más justo decir que la campaña electoral de la derecha, política, empresarial y mediática comenzó en octubre de 2004 y nunca cesó.
Empezaron por augurar el caos con el triunfo del Frente Amplio; el desplome de la economía, el descontrol social, la paralización de la producción y el aislamiento del país a nivel internacional.
Claramente nada de ello ocurrió. Además, lo llamativo es que eso sí ocurrió, en el gobierno de Jorge Batlle, del Partido Colorado, respaldado por el Partido Nacional.
Cada medida del gobierno del Frente Amplio fue anticipada, acompañada y continuada por un coro, convenientemente amplificado y decorado con técnicas marquetineras por los medios afines, de augures del desastre total.
¿La crisis internacional? Nos vamos a fundir, nos tienen que exonerar de impuestos y autorizar una rebaja de salarios. ¿La sequía? La peor de la historia, exoneración total de impuestos y aportes patronales, moratoria en los préstamos, y claro; como siempre rebaja de salarios.
La derecha criolla en todas sus expresiones, política, económica, mediática y por supuesto, también académica, es coherente en su reclamo y en su propuesta.
Es más, lo que hicieron en los 90 y primeros años de este siglo, lo hubieran vuelto a hacer, con el mismo fanatismo dogmático y defendiendo los mismos intereses.
No pudieron porque no tienen el gobierno, por primera vez en la historia del Uruguay.
La costosa y dificultosa recuperación del Uruguay de una de las peores crisis económicas y sobre todo, de la devastación social que provocó, lo tuvo que encarar el gobierno del Frente Amplio.
La inversión social, el manejo responsable de las principales variables macroeconómicas, la reorientación del gasto, las políticas distributivas, sobre todo en el terreno del salario, las jubilaciones y en el terreno impositivo, las reglas claras y el trabajo para conseguir inversiones y mercado, entre otras cosas permitieron ir levantando a una sociedad fracturada.
Más allá de las polémicas y de las chicanas electorales es innegable para todos que el Uruguay es otro y lo es no solo por una buena coyuntura internacional sino por como se aumentaron los recursos nacionales y por como se invirtió y se repartió. ¿Qué todavía es insuficiente? No hay duda. Por eso hay que seguir por el mismo camino, es imprescindible.
Por ello las propuestas programáticas de los partidos políticos para octubre no son un adorno a la cara de los candidatos, son lo esencial.
El Frente Amplio tiene una propuesta clara, un programa común, definido en diciembre, discutido además democráticamente entre miles de militantes que lo discutieron y aprobaron.
La fórmula presidencial del FA explicó que las propuestas de la plataforma electoral y el plan de gobierno que concretan el Programa girarán en cinco ejes: más desarrollo, más equidad, más democracia, más transparencia y más seguridad. Continuidad y profundización de los cambios iniciados.
¿Qué propone la oposición? Luis Alberto Lacalle, el candidato que representará, más allá de operaciones de marketing político-deportivas, a la oposición blanca y colorada, fue explícito: llamó a suspender las inversiones y anunció una «motosierra» para recortar la inversión social.
Hasta ahora no hay un programa. En ese terreno, cuando se sale de las frases y los eslóganes, los acuerdos parecen no ser sencillos.
En el terreno económico, además de la ya emblemática «motosierra», Lacalle había dicho en la campaña hacia las internas que era partidario de un endeudamiento mayor y en particular con el Fondo Monetario Internacional.
Es una afirmación que va contra el esfuerzo enorme que ha hecho el país por separarse del FMI, renegociar la deuda, transformar su composición y aliviar el peso de ésta sobre la economía nacional.
Pero además, la diferencia con esta postura no se expresó solamente desde el FA, ayer el economista Javier de Haedo, ex jerarca del gobierno de Lacalle y uno de los principales asesores económicos de Jorge Larrañaga, afirmó algo muy distinto.
En una columna en el diario El País, expresó diez pautas para marzo de 2010. En el décimo punto dice textualmente: «Parece conveniente retomar, en cuanto se pueda, la política de deuda pública del actual período, profundizando la desdolarización de la deuda, que ha demostrado ser un excelente seguro de devaluación, y manteniéndonos lo más lejos que sea posible del FMI».
La diferencia con la propuesta de Lacalle no es para nada menor. ¿Cómo se expresará eso en el programa del Partido Nacional, cuando éste exista?
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