Niños y jóvenes, causa nacional
Adriana volvía de la Facultad a la noche y encontró a un niño de más o menos nueve años semi escondido en su jardín: »¿Qué hacés ahí?» dijo ella. »Dame plata o te corto», fue la respuesta del chico mientras titubeando, mostraba algo parecido a un cuchillo. La joven estudiante de ingeniería, lejos de asustarse, dijo «No me quedó nada.» y le preguntó la edad, el nombre y si tenía familia. Muy nervioso y a la vez desconfiado, Diego, así se llamaba, de a poco contó que su padre estaba preso y su madre trabajaba de noche, el tío le había regalado el cortaplumas para robar y si no llevaba plata a la casa lo curtían a palos. Luego de hablar un poco lo hicieron pasar, le dieron de comer y unos pesitos con la esperanza de que, al menos esa vez, se salvara de la paliza. Se fue, pero la miseria de la situación se quedó con quienes nos enteramos del caso.
Ante estos hechos, el dolor y la vergüenza nos obligan a luchar de una y mil maneras contra la brutalidad cotidiana que sufren algunos uruguayitos, inmersos en la cultura de «lo consigo» parafraseando al Padre Mateo, hablando de gurises que se crían acostumbrados a «manotear» para tener lo que desean. Todos somos víctimas de tal situación. ¿Acaso alguien cree que esto le roza solamente cuando nos roban o nos agreden directamente?
Es necesario eliminar la raíz de la violencia ejercida sobre quienes son impulsados a delinquir siendo niños, por adultos que quizás repiten lo que sufrieron antes en circunstancias similares. Trabajar, ganar un sueldo escaso y después comprar algo, no todo lo que se quiere, puede ser un proceso demasiado largo para las exigencias de felicidad basadas en el consumismo histérico impuesto desde los grandes medios de comunicación, ofreciendo cosas y modelos a imitar incluso a sectores de poder adquisitivo nulo o exiguo que así acumulan decepciones, donde el fin ya no parece ser el objeto que luego de obtenido brinda placer sino el propio acto de consumir. La pérdida de normas mínimas de convivencia ya ni hablemos de valores comienza cuando en una casa hay seis o siete y el alimento a gatas alcanza para uno. Los compatriotas hoy excluidos, no provienen de cuatro años y medio de gobierno de izquierda cuyas políticas públicas han reducido enormemente los índices de pobreza infantil y los coeficientes de desigualdad comunitaria. Tales problemas se arrastran de administraciones blanquicoloradas preocupadas por llenarse de privilegios y dejar hacer al libre mercado del que obviamente se favorecían, pariendo diferencias humillantes y fractura social irreversible.
Una más justa distribución de la riqueza es absolutamente viable y hemos comenzado a comprobarlo. Hace falta voluntad y eficacia en las intenciones de cambiar el estado de situación siempre difícil para los mismos. La evolución, puede ser una revolución a largo plazo e instrumentarla depende de nosotros. El socialismo posible, lo es en la medida en que sea verdadero en las acciones, consciente de la realidad regional e infalible en las urnas. «Haga cada uno su parte del deber, y nada podrá vencernos» dijo José Martí. Los esfuerzos militantes de aquí a las elecciones nacionales serán determinantes en instaurar un segundo gobierno frentista para seguir repartiendo equitativamente los bienes de nuestra patria. Para que no haya más Diegos en los jardines ajenos agazapados para evitar los golpes, físicos y de la vida que le quitó de un zarpazo el derecho a la inocencia. De todos depende, un poquito al menos. «Seremos socialistas por necesidad» escuché decir al próximo presidente del Uruguay José Pepe Mujica. Se ha hecho mucho pero falta más, por eso necesitamos que siga gobernando el Frente si queremos legar una sociedad mejor al futuro.
A los que tienen abundancia y hablo de bienes materiales, nadie les va a tocar nada pues también es necesaria su estabilidad financiera para bien de la economía del país, pero les conviene votar al Frente Amplio, partido político preocupado en recuperar sectores marginados de población, reduciendo indirectamente un gran porcentaje de delincuencia forzada. Ser carente no es razón ni sinónimo de acciones delictivas aunque es elemento de riesgo. Lo que no gastemos en políticas sociales a la larga lo usaremos en seguridad y reja, dice Pepe, y está pasando. La mayoría de los pobres en dinero que quieren ser ciudadanos con iguales oportunidades de dignidad de vida, no necesitan veranear en Miami ni administrar bancos que luego se funden fraudulentamente para estar tranquilos y ser felices; tener una casa que no se llueva, abrigarse y comer todos los días será suficiente. Al menos no estaremos contribuyendo al submundo del odio, del «yo no tengo nada y a vos te sobra» factor potencial de delincuencia; no nos hagamos los desentendidos. A eso le agregaremos la educación democratizada a todos los niveles para los retoños de la República Oriental, valorizando mañana su trabajo intelectual y físico y desarrollando su pensamiento para que no se dejen engatusar por políticos blancos y colorados, cuenta musas, que fundieron la nación con discursos bonitos y autoritarismos, y vienen por más como si nadie tuviera memoria.
Votemos al Frente Amplio. Unidos seremos los necesarios para continuar cambiando.
Compartí tu opinión con toda la comunidad