Alerta, trabajadores industriales: comparemos y elijamos

El miércoles pasado tuve el placer de participar en una jornada organizada por el Grupo de Integración productiva del Mercosur sobre política industrial.

Sentí un gran orgullo de escuchar a Roberto Kreimerman, director nacional de Industria, quien por primera vez desde el retorno a la democracia ha tenido la oportunidad de diseñar política industrial y no estar a cargo de un «sello» sin ninguna política concreta, como habían sido hasta nuestro gobierno los directores de Industria.

Fue un orgullo para este gobierno sentir a Roberto decir que «la clave del desarrollo es la industria y sin una política industrial activa no hay desarrollo.» Y lo mismo contar las varias iniciativas que se han tomado en muchos sectores de actividad desde el Ministerio de Industria.

Porque hay que recordar la dura vida de los industriales y de sus trabajadores durante los años 90.

El gráfico 1 nos muestra la caída del producto industrial durante el gobierno de Lacalle y esa misma gráfica compara, como desarrollaremos más adelante, el crecimiento de la industria en nuestro gobierno.

(Ver gráfico 1)

 

Esta caída de la industria, en un marco de libre e irrestricta importación «ayudada» por un atraso cambiario que abarató notablemente las importaciones, hizo que el mercado interno cada vez más se llenara de productos importados y cada vez más perdiera pie la producción nacional.

El gráfico 2 nos muestra como cayó la producción nacional en las ventas totales en varias ramas de actividad y es especialmente relevante en textiles, vestimenta, marroquinería y calzado y ni hablar en aparatos eléctricos.

(Ver gráfico 2)

 

Y la clara consecuencia de dicho problema fue la pérdida de empleos industriales, que llegaron a 90 mil durante la década.

En algunas ramas este tema fue muy relevante, como muestra el gráfico 3.

(Ver gráfico 3)

 

Son los sectores donde la desindustrialización pegó más fuerte, sectores que ocupaban mucha mano de obra que agregaban mucho valor nacional y que estaban vinculados a textiles, cuero, vestimenta, calzado, etcétera.

Los datos del cuadro toman como base los censos industriales de antes y de después de la destructora política antiindustrial del gobierno de Lacalle.

Fue la época sin duda más dura para la industria en la historia del país.

Fue la época de estímulo a la libre importación. Uruguay importaba poco más de 100 millones de dólares de bienes de consumo en 1989 y llegó a importar casi 800 millones de dólares, es decir 8 veces más de bienes de consumo en 1998. Fue la época del atraso cambiario y fue la época del libre mercado que nos iba a dar una producción mucho más eficiente.

Años duros para la industria, entonces, que en síntesis:

 

1) Perdió participación en el producto global

2) Se redujo el valor agregado producido, en especial en el área textil, con una vuelta al lavado y peinado respecto a tejidos, hilados y vestimenta.

3) Este proceso de recomposición industrial, por lo tanto, estuvo correlacionado negativamente con el valor agregado nacional y la ocupación.

4) Redujo sustancialmente el empleo generado en un orden de la mitad de los puestos de trabajo que había al comenzar la década.

5) Al mismo tiempo, y como ya lo hemos visto en otras notas anteriores, salvo excepciones dejaron de lado la negociación colectiva que caracterizó al período 1985­1992 y utilizaron la desregulación laboral para reducir costos laborales.

 

Y sin duda todo ha cambiado en estos años.

Ha habido política industrial con un ministro de Industria y un director nacional de Industria que tienen la firme convicción de que no hay desarrollo sin industrialización y no hay industrialización sin políticas activas de estímulo a su desarrollo y sin políticas sectoriales dirigidas a promover sectores competitivos de nuestra industria.

Pero a diferencia de la concepción liberal no queremos ser competitivos bajando los salarios, no queremos ser competitivos con salvajismo laboral.

Sí queremos ser competitivos con desarrollo tecnológicos, con calificación de los recursos humanos, con agregar valor y conocimiento, y todo ello sólo se logra con un Estado que a través de la planificación estratégica conduzca y oriente este proceso.

Un claro ejemplo de ello y del que hablaremos en notas posteriores es la reglamentación de la ley de inversiones, que ha sido una palanca del desarrollo industrial (el decreto 455/07) y que ha estimulado la industrialización priorizando el conocimiento, el desarrollo tecnológico, la creación de empleo, el desenvolvimiento de pequeñas y medianas empresas y la radicación en el interior del país.

Los resultados están a la vista. La gráfica 1 vista más arriba mostraba que el PBI industrial, que cayó durante el gobierno de Lacalle, creció más de 50% en nuestro gobierno. Y al mismo tiempo la gráfica 4 nos muestra que mientras en los 90 se perdieron 90 mil puestos de trabajo, en este gobierno y tan sólo hasta 2008 se han creado más de 35 mil.

(Ver gráfico 4)

 

En síntesis para este gobierno la industria ha sido una prioridad. Se decidieron políticas de estímulo a la inversión y de desarrollo de políticas sectoriales para su fortalecimiento.

Pero también fueron prioritarios los trabajadores industriales, creando miles de empleo y, a través de los Consejos de Salarios y las leyes de protección laboral, contribuyendo a la mejora salarial, a la mejora de la calidad del empleo, a la regulación de los sectores tercerizados y sobre todo a la protección del dirigente sindical y por ende al crecimiento relevante de las afiliaciones sindicales.

Por lo tanto para continuar este desarrollo de políticas sectoriales de consolidación de una industria competitiva debemos mantener este gobierno.

Por ello lo del título: alerta trabajadores industriales: comparemos y elijamos.

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