Artigas y su "traslado"
El sentimiento patriótico posesivo de afecto, admiración, veneración, respeto de los héroes, no es privativo de ningún jerarca por Presidente de la República, monarca o jefe de gobierno pueda ser, sino del pueblo o nación entera globalmente tomada a la que perteneció el Padre de esa Patria. Es el caso concreto de Artigas. Su permanencia y continuidad histórica tampoco pertenece a ninguna tendencia política y menos foránea, contra las que luchó en su momento cuando la creación del país. Sea de derecha como de izquierda.
El destino de sus restos sagrados, no está a disposición o la ocurrencia antojadiza que el político de turno pueda tener circunstancialmente. Son de la voluntad de su pueblo que lo tiene como inspirador de su libertad, soberanía y ser nacional. No se puede por un elemental principio de respeto, «manosear» su figura y su historia representada naturalmente en sus restos, que quieren ser trasladados sin necesidad alguna y sin la anuencia de su pueblo. A nadie se le ha ocurrido salvo al doctor Vázquez, trasladarlo irrespetuosamente del actual lugar de descanso, sin la aceptación expresa de sus hijos. El argumento esgrimido sobre que el actual mausoleo fue construido por la dictadura, es un ejemplo absurdo justificante de esa inequidad política. Porque justamente allí, está la razón de querer su traslado previo a un acto eleccionario. La auténtica razón estratégica, es usar a Artigas por razones partidarias. Objetivamente si todas las obras que se hicieron en dictadura, por esa sola razón, hay que destruirlas, dinamitemos los puentes con la Argentina, las represas tanto la del Rincón del Bonete (dictadura de Terra) como las del Palmar y Salto Grande, la boya petrolera, el Estadio Charrúa, el aeropuerto de alternativa de Santa Bernardina, la piscina internacional de Maldonado, etc. En trece años de cualquier gobierno bueno o malo, el que ataca las libertades por supuesto es malo, siempre suelen hacerse obras, se guste o no admitirlo. En buen romance, si cada vez que una tendencia política que no sea de nuestra simpatía o aprobación partidaria, deja de ser gobierno y los que vengan de signo contrario deben eliminar sus obras, incluyendo el edificio Libertad desde el que mandata el doctor Vázquez en su administración, sería una perfecta locura. Sean o no del proceso militar. En ninguna parte del mundo cuando se erigieron monumentos o tumbas en homenajes a figuras nacionales respectivas, Francia con Napoleón, España con Franco inclusive, Paraguay con Fco. Solano López; Venezuela con Bolívar, etc. ninguno dio «tinte» ideológico para justificar «mudanzas» óseas tan respetadas y veneradas para ser trasladadas a presuntos museos cuyos destinos genéricos como edificios, tiene otros fines.
Artigas es de todos los orientales. Está por encima de aprovechamientos partidarios. También los blancos podríamos decir y no lo hacemos, que siendo Artigas el primer federal del Río de la Plata y siendo tanto Oribe, nuestro fundador, como el propio Lavalleja también del mismo signo, si el Prócer hubiese estado vigente en épocas de la batalla de Carpintería o de la Guerra Grande inclusive, hubiese sido Federal y por lo tanto blancos como somos todos. Y a ninguno se nos ocurrió tampoco andar «zangoloteando» sus sagrados restos. Por supuesto al argumentar que el gobierno constructor del mausoleo era de facto, y eso es cierto, no quita el rebuscamiento de querer apoderarse de sus cristianos huesos, el Prócer tampoco. Fue masón y sí muy católico, está probado históricamente, justifique esa arbitrariedad antojadiza. La política, justamente porque Artigas estuvo por encima de intereses partidarios de cualquier época, ni de tendencias filosóficas o religiosas, le puede hacer intervenir en una imagen que debe mantenerse sagrada para unos y otros. Los que hicieron el mausoleo en una acertada ocurrencia, aunque es obvio políticamente discrepe radicalmente con ellos en los demás órdenes, también eran orientales. No creo que sea tampoco buena cosa seguir dividiendo la familia uruguaya aún en algo tan obvio como es el traslado de un monumento, porque no nos guste quién lo mandó hacer. No sirve mantener odios y rencores permanentemente o lo que no sería digno, el usurpar imágenes para explotar ocasionales réditos políticos electorales. ¡El Prócer está donde está y allí debe quedar! En el peor de los casos, si la «urgencia» patriótica no tuviese signo político, pasadas las elecciones, que la decisión del traslado, se haga por consulta popular previa. Nuestro pueblo oriental y artiguista es el único que tiene derechos sobre su destino definitivo.
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