"Merci monsieur president"

No es que me brote el galicismo de los ancestros vasco-franceses, pero el día era singular y universal: 14 de julio. No pasó desapercibido y lo mencionó como fecha trascendente para la humanidad, y siguió de largo con palabras pausadas enumerando fechas, cifras y números. Para que hubiera memoria, arranca con el discurso de mayo de 2005 en Buenos Aires, con empresarios argentinos. El doctor Tabaré Vázquez expuso ante el empresariado uruguayo y argentino un apretado balance de cómo se han desarrollado las inversiones financieras en su gobierno. El lugar era el apropiado, el salón del antiguo Parque Hotel, hoy edificio sede del Mercosur. Su exposición fluida, serena, equilibrada mostró y demostró una línea de coherencia para captar inversiones, con cifras por demás apabullantes. Frente a un doctor Lacalle sentado en primera fila, argumentó que en la década de 1990 (gobierno del doctor Lacalle) hubo un promedio anual de 130 millones de dólares de inversiones, mientras que en los años de 2001 a 2005, el promedio fue de 350 millones por año; en el 2008 ingresaron 2.050 millones, 6 veces más que en el año 2004.

La inversión creció, con Botnia y sin Botnia (esta representa el 14% del total de los investimentos). El Uruguay se ubica como la quinta economía de América Latina, en cuanto a los flujos de inversiones en relación al PBI.

Antes de que hablara el Presidente, Juan Carlos López Mena, presidente de la Cámara Empresarial Argentino Uruguaya, hizo referencias sustanciales; habló de la confiabilidad del país, la credibilidad y la seguridad jurídica que se ofrece a los inversores nacionales y extranjeros.

El Presidente resaltó el blasón de este gobierno: seriedad, eficiencia, innovación, responsabilidad histórica; la obra lo trasciende, recuperar puertos, infraestructura aeronáutica, ferrocarriles, construir puentes, hoteles, carreteras; entusiasmar a los inversores para que vean e Uruguay como un país responsable y creíble. Esto sólo puede hacerse generando garantías de estabilidad política y social, y eso lo logró el gobierno del Frente Amplio encabezado por el doctor Tabaré Vázquez.

Por ello: gracias, señor Presidente; gracias por su energía al servicio de la comunidad, gracias por esa capacidad de realizar una política económica que tiene su aspecto más revolucionario en la redistribución de la renta nacional, atacando los bolsones de pobreza y marginación. Siempre hemos dicho que vale más un paso práctico en el movimiento que cien programas, y la frutilla de la torta es sin duda esa visión vareliana (inspirada en la revolución norteamericana del 4 de julio de 1776) que es el Plan Ceibal. Cuando escuchaba a Evo Morales hablar de su admiración por esa realización, meditaba en los 500 años de postergación de los pueblos indígenas, de minorías étnicas olvidadas, despreciadas y pisoteadas, de un tercer mundo sumergido que quiere saltar diques y caminar hacia adelante.

Sí, gracias señor Presidente, estamos como los predicadores del iluminismo, tratando de construir nuestro propio destino, pese a los vientos de fronda y a los pájaros de mal agüero, quienes en aras de su egoísmo de fuerzas políticas caducas y fracasadas sueñan con el «cuanto peor mejor», y todavía lo hace con voz engolada y con una magnificencia llamativa en los grandes medios que preocupan pero no nos arredra.

El viejo Parque Hotel volvió a brillar como en sus mejores noches de gala, pero ahora con cifras, algunas portentosas, de un pequeño país que se niega una y otra vez a volver a un pasado de postergación, dolor y atraso.

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