No sólo por la AMIA

Este sábado 18 de julio se cumplen 15 años del atentado terrorista perpetrado contra la sede de la AMIA ­Asociación Mutual Israelita Argentina- en Buenos Aires. En Uruguay, la colectividad judía la fecha se siente con especial fuerza, por la doble cercanía: la emocional, a los hermanos judíos en la orilla vecina, y la geográfica, a Argentina en general.

 

Pero no sólo la colectividad judía conmemora y recuerda. Una de las mejores muestras de lo que es Uruguay, de su esencia democrática y sus convicciones morales, es el hecho que la ceremonia organizada por el Comité Central Israelita en honor a la fecha, es en el Salón de Actos del Palacio Legislativo. No es una sala de alquiler a pedido, sino un simbólico baluarte de los valores uruguayos.

Al señalar un aniversario de un atentado terrorista, hay dos dimensiones.

Una, la particular, puntual, referente a ese caso concreto, recuerda los nombres, los rostros perdidos, las vidas truncas antes de tiempo. Cada familia recuerda cómo era antes.. y cuán distinto es el después.

La otra dimensión es la general, la que quizás tiene menos caras con nombre y apellido, pero es la que más recuerda cuán cruenta es la amenaza, cuán peligroso el flagelo. Es la que recuerda, en este caso, que AMIA fue uno de tantos.Fue uno de «los dos atentados en Buenos Aires» pero también uno de miles de ataques de diversa índole perpetrados por fanáticos irracionales, contra el mundo libre.

La base para derrotar el fenómeno es no creer que el peligro es sólo para Israel y blancos judíos en el mundo. Es indudable que numerosas organizaciones terroristas verán en esos sus primeros objetivos, sus puntos preferenciales a la hora de planear una explosión. Pero son sólo la primera etapa. Que no piensen en Europa o América Latina que allì se detendrán los enemigos del mundo libre.

 

Bien recordamos que en los atentados de Buenos Aires, también transeúntes no judíos fueron asesinados en las explosiones, pero nos referimos también a la intención de fondo,no sólo al resultado casual.

Cuando de Al Qaeda se trata, ni siquiera lo ocultan: hablan abiertamente de una Cruzada «contra judíos y cristianos». En Irak atacan iglesias…y Atocha, en Madrid, o el centro de Londres, ya son noticia conocida.

 

Los terroristas tienen dos mensajes letales: alegan que actúan en nombre de Dios o que representan a los pueblos oprimidos . Unos y otros, cometen el pecado de afirmar que tienen la verdad en la mano. Pero no sirven a los intereses de los que alegan representar. No libera sino que eterniza la miseria y la violencia.

 

El fenómeno del fundamentalismo islámico se ha tornado en algo especialmente preocupante , con tentáculos en el mundo entero, que se excede en mucho de luchas locales puntuales. Tiene el serio agravante de ser perpetrado casi siempre no sólo con el respaldo y el aval sino con la participación directa de la República Islámica de Irán, varios de cuyos ex jerarcas deberían ser detenidos por órdenes de arresto internacionales aprobadas por Interpol, en base a la investigación del Fiscal Alberto Nisman, encargado del caso AMIA, en Argentina.

 

En ese contexto , con eso en mente, que deben verse las imágenes de aquel 18 de julio de 1994 en Buenos Aires. Y es con esas imágenes en la memoria que debe analizarse la continua transferencia de armas de Irán y Siria a la organización radical chiita Hezbolá en Líbano, contiguo a Israel. Y las armas y explosivos que siguen entrando a Gaza, aunque la relativa y aparente calma de los últimos meses pueda engañar.

 

Es por ese mismo prisma que resulta imperioso recordar a los muertos en una discoteca en Bali o en una discoteca en Tel Aviv. En un hotel en el Sinaí y un ómnibus en Jerusalén, en Londres o Madrid…

 

Y aunque las dimensiones concretas de cada atentado determinan en general su impacto, aunque la cantidad de muertos y heridos no siempre alcance los 85 muertos y cientos de heridos en la AMIA, todo ataque terrorista encierra en si, sea donde sea perpetrado, el mismo espíritu de odio e inhumanidad que motivó a los responsables del atentado del que ahora se conmemora el 15º aniversario. En cada uno, en cada cohete lanzado contra civiles, en cada bomba en un bus o en un tren, en cada suicida junto a una embajada o una concurrida calle de cualquier continente, hay , de hecho, otra AMIA.

 

Es como nos dijo el Sr.Luis Czyzewski, argentino, que perdió a su hija Paola de 21 años en la explosión en la AMIA, recordando que dos años antes de ese atentado, había sido perpetrado otro, contra la Embajada de Israel en Buenos Aires: «Luego del Atentado a la Embajada nos convencimos que este fue el resultado de un conflicto ajeno a la Argentina y lo racionalizamos de esa manera. Fue un error gravísimo del que nos dimos cuenta tarde».

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