Cuando una crónica policial se vuelve tragedia

Estuve reflexionando en los últimos días sobre un suceso que por lo menos a mí me conmovió, por lo insólito de la situación, pero por sobre todo por los efectos nefastos que produjo sobre una familia de la que ni siquiera conozco su apellido.

Se trata del fallecimiento por infección pulmonar de una beba. De acuerdo a lo que se filtró a la prensa, habría sido una violación, comentario originado, según parece por el diagnóstico de una médica que indicaba fallecimiento con violencia. A su vez, de esto se desprendió que algún familiar directo, padre o tío, habría abusado sexualmente de la niña. Este episodio, tan terrible, en algún noticiero incluía música de fondo, acompañando la sombría noticia.

Los entrevistadores acosaban al padre de la beba para ver si se declaraba culpable. El padre, perplejo, no podía siquiera expresarse; apenas con su cabeza señalaba que era inocente. Cualquiera que haya acompañado a un padre o una madre que se le muere un hijo sabe la situación que vive, por lo que evito otros comentarios.

A la madre la presionaban de tal forma que pedía a gritos justicia; que condenaran al culpable que parecía ser el padre de la niña. Me imagino la angustia de esa madre a quien le dicen que su beba murió producto de una violación del propio padre de la niña y su pareja.

El tío, hermano del padre, reclamaba que a todos les hicieran el examen de ADN, para encontrar al culpable de semejante vejamen y que el mismo terminara en prisión, como castigo de semejante aberración.

Los tres, padre, madre y tío de la beba fueron detenidos en averiguaciones, mientras el tema pasaba a la Justicia.

Los vecinos que veían semejantes escenas y, que se les daba a entender que entre las personas detenidas estaba el asesino, decidieron hacer una especie de justicia por mano propia. Les vaciaron la casa, es decir les quitaron lo poco que con mucho sacrificio habían comprado.

Al otro día el. médico forense que actuó en el caso dejó en libertad a los tres integrantes de la familia. La niña había muerto por una infección pulmonar. Lo que la niña tenía en la cola es lo que los padres conocemos por dermocrema y utilizamos para que a los bebes no se les lastime la piel; no tenía ninguna señal de violencia.

Si no fuera real, sería un excelente guión de película dramática. No me quiero imaginar siquiera por las horas dramáticas que pasó esa familia. A unos se les acusaba de violadores, a otros de no cuidar lo suficiente a la beba. Por si esto no fuera suficiente, encontraron que les habían vaciado la casa cuando lograron llegar a ella.

Lo que pasó es sencillamente un horror, que empieza en un error, pero que se transforma en la tragedia de una familia como hay tantas en nuestro país.

La pregunta es quién se va a hacer cargo del daño cometido contra esa familia que no cometió ningún delito, pero a quienes se les mostró los rostros en casi todos los noticieros; cuál es la responsabilidad social que tienen que tener los medios para casos como estos, o acaso, como es aparentemente una familia de pocos recursos, no pasa nada.

Considero que llegó la hora de reflexionar en serio. La rapidez de la noticia no puede ser más importante que la vida de la gente. La fuga de información de los organismos tiene que evitarse. Debemos empezar entre todos a intentar que historias como estas no pasen nunca más.

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