Los vascos
Es interesante determinar la mala fe de la mal llamada «prensa grande» al informar sólo lo que les interesa, tratando de armar opinión parcializada a favor de los intereses que ellos defienden perdiendo de ex profeso objetividad periodística como es su obligación dar. El caso del contencioso vasco-español es típico.
Sólo nos hacen llegar con profusión los presuntos excesos cometidos por los vascos. Jamás nos llegan las barbaridades cometidas por España o Francia, ni siquiera las opiniones o hechos que puedan redundar en favor de Euskadi. Trataremos de llenar ese «vacío» informativo.
En diciembre pasado se suscribió un acuerdo contra el terrorismo (según ellos ETA) por el PP (Partido Popular) y el PSOE (Partido Socialista Español) en un documento que fue presentado incluso en Bruselas ante las instituciones de la Comisión y Parlamento Europeo. O sea, buscando un marco legislativo para luchar contra ETA.
Obviamente, el grupo de Los Verdes (así se les llama según parece a los partidos nacionalistas vascos) no mostró disposición como era de esperarse (quieren la independencia) para recibir y mucho menos firmar dicho pacto.
El referido documento fue repartido entre distintas organizaciones sociales, políticas, gremiales y religiosas buscando la obvia masa de apoyo contra el presunto terrorismo vascuence. Pero, ante el asombro indignado del gobierno español y del propio Aznar, no sólo careció del ansiado apoyo sino, lo que es peor, hubo quienes se negaron a firmar dejando traslucir a «contrario sensu» una neutralidad y hasta simpatía con los más débiles que es el pueblo vasco y sus viejas aspiraciones libertarias. Nada más ni nada menos que la propia iglesia Católica se negó a firmar y a apoyar el mencionado pacto. La Conferencia Episcopal Española se «frenó» ante la advertencia del ex obispo emérito de San Sebastián, don Juan María Setien, quien manifestara que de apoyar el «pacto» españolista se excluiría a los prelados vascos. Y para aventar cualquier duda el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio Ruoco, transmitió «la dificultad del apoyo reclamado por la división que podría ganar en el Episcopado, dada la posición de la Iglesia Vasca: contemporizadora con los nacionalistas». Sic.
En buen romance, si la Iglesia de España (CEE) apoyaba el pacto político íbero, la Iglesia vasca no acompañaba rompiendo la unidad de la misma. Ante el contundente argumento se frenó la firma. Pero no acabaron allí los hechos. El mismo obispo José María Setien el jueves pasado hizo un pronunciamiento explícito contra el pacto antiterrorista, calificándolo de «vía policial». Ese pacto es obviamente un acuerdo entre dos partidos políticos, y la Iglesia no se debe meter a dilucidar o laudar tomando partido por uno u otro.
Sin perjuicio de no olvidar que la Iglesia Vasca fue un episcopado protestatario y libertario (Franco fusiló curas vascos) y lo mismo (alguna vez lo señalamos), entre sermón y sermón se predica a la «nación» vasca, a la «patria» vasca, al «país» vasco, etc.
O sea, marcando siempre el sentimiento nacional patriótico separatista. Lo que es más, por allá hay quien sostiene, conocidas publicaciones mediante, que la ETA nació en la época franquista de escisiones de la juventud del PNV (Partido Nacionalista Vasco mayoritario) reunidos y amparados en Conventos Jesuitas Vascos. No sé la veracidad, pero quienes hemos sido hijos de Loyola (que también fue vasco) no dudamos demasiado en que puede ser verdad. Pero lo cierto, de fácil y racional conclusión, es que el Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (CEE) o sea la Iglesia no toma partido por nadie, como corresponde. Pero, que al no apoyar un documento que nos lo presentan con tanta contundencia, prensa mediante, en contra de los vascos y de la ETA, toma distancia del gobierno español y sus partidos oficiales (PP y PSOE) y hay tácitamente, si no una aceptación u apoyo, sí una posición «contemplativa» hacia Euskadi. Esto claro está, sin perjuicio de la Iglesia Vasca propiamente dicha que es obvio tiene su inocultable «corazoncito». Así, los comentarios a la respuesta de los obispos que nos llegan vía Internet públicamente, la prensa «grande» tiene que tenerla y la ocultan, se señala a los obispos José Ma. Setien (emérito) a Juan María Uriarte y Fernando Sebastián los que llevaron el peso de los argumentos (lo tratan al pacto de vía policial) en contra de la firma del acuerdo antiterrorista.
De todo esto se resume, que «no es oro todo lo que reluce» y nos lo «pintan» en la prensa oficialista y alcahueta de los poderosos y nostálgicos imperios español y francés.
Detrás de todo esto hay una lucha centenaria y libertaria de un pueblo, el vasco, que desea independencia, libertad y soberanía. Lucha que no empezó ayer, sino que tiene 400 años de terco y noble empeño característico propio de la raza. No nos cansaremos de señalar; que si bien hay excesos de parte de los vascos, propios de las guerras, los crímenes cometidos históricamente por los gobiernos españoles incluyendo genocidios como el de Gernika, durante cuatro centurias, son infinitamente mayores. Todas las guerras son crueles.
Pero siempre hay un fin superior de una de las partes en contraprestación de la mezquindad de la otra. La de los vascos tiene como fin la libertad. La de España la explotación de Euskadi.
La mayoría de nuestros ancestros vascos, no se fue de su tierra dejando familias, amigos, costumbres, sentimientos, su vida misma, para venir a estas tierras desconocidas sólo por antojadiza casualidad. Fueron las persecuciones, postergaciones, falta de futuro, torturas, hambre, etc. que por el solo hecho de ser vascos y querer la libertad, sufrieron en su momento. Aquellos polvos trajeron estos lodos. Aman su libertad y soberanía y con su tradicional tenacidad sin duda que algún día, hacemos votos para que sea pronto, la obtendrán. ¡Gora Euskadi Askatuta!
* Convencional del Partido Nacional
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