La calle de los horrores y temores

Pasada la etapa de las eliminatorias electorales, conformadas las series de postulantes para disputar en las elecciones del 25 de octubre, la confianza y mayoría de la ciudadanía que otorgue el aval para asumir la presidencia de la República, la rivalidad política entra en efervescencia entre los candidatos, que muchas veces no apelarán a las mejores formas de confrontación electoral.

Como en toda disputa, deportiva, electoral, el mayor desgaste lo debe hacer el aspirante al título, al logro de posiciones políticas, no extrañando que en este caso se apele a todas las artimañas, que serán ilícitas cuando reflejen enfoques que manipulan acciones y realidades que parten de principios falsos.

Algunas de las argumentaciones que se han difundido en estos últimos días dejan traslucir la falta de ideas y de imaginación de la oposición, al publicitar la incertidumbre, sospecha, del manejo financiero del futuro gobierno, ante la airada protesta del oficial, que cuestiona y pone un manto de sospecha en el manejo económico del país, dando a entender la inconveniencia de invertir en Uruguay hasta conocer el resultado de las próximas elecciones.

Pero esta forma de horrorizar al mercado de capitales, nacional e internacional, quizá se pueda entender y explicar como un exabrupto, con hondo contenido de sentimiento de culpa, puesto que también cabría la posibilidad de refutar y entender que si la oposición logra el gobierno, «inversores del mundo, no inviertan en este país».

No hay nada más seguro para inversores y países llamados del primer mundo, para el logro del desarrollo de sus empresas, que contar con una legislación claramente confirmada por los diferentes sectores de la economía, desde los empresarios y trabajadores, adecuados y contenidos por las normas y leyes estatales.

Hay que hacerles entender a ciertos empresarios de segunda, y de igual categoría a políticos, que ya los negocios empresariales de la moderna economía globalizada no se llevan a cabo en países «bananeros», que una pandilla gobernante maneja en su provecho las finanzas y economía de una nación donde los inversores encuentran vía libre para sus espurios negociados.

Una economía seria, manejada por inversores y capitales responsables, desean y buscan un país, una sociedad suficientemente organizada para ofrecer instituciones que sean responsables de convenios, tratados, legalidad jurídica, sabiendo que las máximas seguridades las puede ofrecer el Estado protector del ahorro nacional, y el internacional que no sea «golondrina».

Se debería recordar que pese a las crisis nacionales y regionales desde 2000, Uruguay es una plaza financiera estable, debido al sacrificio que debió y está pagando aún el pueblo, asumiendo compromisos de deuda para reflotar bancos fundidos y tapar agujeros de los manejos irresponsables de los gobiernos de coalición, blanquicolorados.

Cuando vendían la figura de un avión aterrizando en Carrasco con 1.500 millones de dólares prestados por EEUU, que al final del cuento no voló el avión, pero sí lo hicieron los billetes para pagar las deudas.

En este departamento, donde proyectos para construir están a la espera de inversores, donde la desocupación siempre ronda los hogares de los obreros, no debe ser nada fácil convencerlos de que esperen meses para cubrir las necesidades de alimentación familiar, pasando hambre, a la espera de resultados electorales.

Hay urgencias que se deben atender, pero para eso la metodología de encarar las promociones electorales se debe basar en propuestas y planes con sustento de cumplimiento. Basta de fantasías y argumentaciones quejosas que no solucionan los reales problemas de una sociedad a la que cada día le aparecen nuevos problemas, los cuales, conociéndolos, no son fácilmente solucionables.

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