Fin de las internas
A una semana de las internas, prácticamente calmadas las procelosas aguas de los partidos tradicionales y restando solo las definiciones dentro del Frente a nivel de confirmación de fórmula, vale hacer consideraciones sobre los resultados pasados y futuros con sus presuntas consecuencias. Por lo pronto y como efecto positivo, se hizo una campaña bastante correcta y civilizada.
Las canalladas que llovieron en comicios anteriores, invocando conductas personales con familias incluidas sin medir calumnias por un lado, con compras de equipos médicos por parientes de las más altas autoridades exonerando impuestos y demás etcéteras, todas barbaridades, «alegremente» expuestas con el solo fin de buscar resultados electorales, importando poco o nada el honor de los calumniados, cargos inventados e inexistentes, hasta hoy, se han obviado. Salvo las últimas rispideces entre Mujica y Lacalle sobre el tema de los importadores y la gruesa respuesta del «Pepe», que no le han hecho bien a ninguno de los dos.
Los planteos se han basado en más o menos programáticos perfiles y determinadas medidas en temas puntuales aunque fundamentales, seguridad, minoridad, derecho de propiedad, constituyente, y otros etcéteras. El Partido Blanco en un todo global, triunfó. Contra todas las predicciones de encuestadores y afines que aseguraban la primacía del Frente que termina perdiendo por una diferencia sensible de 5 puntos: 46% a 41% y monedas. De este resultado, el primer acierto y tal vez el fundamental de los blancos fue el lograr la unidad obtenida y sustanciada en las dos últimas presidencias del Honorable. Tanto en la de Lacalle como la concretada por Larrañaga se cultivó y prolijó con los matices naturales de los sectores, una camaradería, coherencia y unidad ideológica que, justo es reconocer, antaño por décadas estuvo varias veces ausente, y que tanto daño produjo al partido. Se llegó a dividir el lema durante casi 30 años entre herreristas y blancos independientes.
Separación aprovechada por el coloradismo sin duda. 93 años de llano, si bien fue un milagro la vigencia del Partido durante ese prolongado tiempo en la más absoluta intemperie, no fue por casualidad. Hoy en cambio, hay manos tendidas, abrazos hermanados y cordialidad mancomunada en el trato colectivo interno que ha servido y sirve como nostálgica esperanza para aquellos que se fueron y en el fondo desean poder volver al partido de sus mayores.
El gesto de grandeza de Larrañaga aceptando con contundente convencimiento y generoso desprendimiento personal el ofrecimiento a la vice por el doctor Lacalle. Incluyendo darle el tinte progresista necesario en cualquier fórmula presidencial de cualquier colectividad que deben brindar opciones ideológicas vigentes y modernas. Es un gran ejemplo que selló esa unidad y marcó la ruta hacia el destino final de noviembre. Por supuesto, habrá que pulir y perfeccionar algún matiz puntual, como la creación de una guardia nacional o la edad de menores infractores en aras de la seguridad pública que son temas a discutirse y prolijear según el caso. Pero de seguro, que ninguno de esos temas tiene el peso ideológico de atacar el sagrado principio constitucional sobre el derecho de propiedad o el llamar una Constituyente para voltear una Constitución que garantiza el régimen democrático.
Eso sí, cambia hasta el sistema de vida y sociedad de nuestro «paisito». No son medidas nacionales y sí con un «tufo» muy marcado a regímenes marxistas totalmente opuestos a nuestro sentir patrio. Son propios de la vieja Unión Soviética, rumana, cubana, chinita y otros varios. Todos por cierto, conocidísimos. ¡Estos planteos son inaplicables para el sentir democrático blanco y nacionalista! Pero también es cierto que ayudaron a fortalecer la unidad partidaria contra esos criterios foráneos de quienes aman los totalitarismo marxófilos y que al decir de Wilson, son los verdaderos enemigos agazapados que desde «afuera» atentan contra la Patria y el Partido Blanco.
Los enemigos nunca estuvieron adentro ni afuera de la Colectividad de Oribe. Con similar criterio, el propio gobierno comete un error garrafal al menospreciar y «serruchar» la historia y los méritos de los que hicieron, y como tales construyeron la Nación y el país todo. Y fueron los héroes que crearon y lucharon por la patria contra los imperialismos, con banderas de partidos tradicionales. Se quiere hacer borrar y olvidar como estrategia, muy «baja» por cierto, las gestas y sus fechas nacionales obtenidas en campos de batalla regadas por las mejores sangres de sus hombres y sus héroes, y los 180 años de existencia democrática que nos hicieron muchas veces, ejemplo reconocido en el mundo.
El Uruguay no comenzó su existencia libérrima con el comienzo del gobierno del doctor Vázquez y su Frente Amplio. La libertad y soberanía la hicieron Lavalleja y Oribe con sus Treinta y Tres Orientales en el 1825. De los cuales, treinta y dos eran blancos. El «tocar» los sagrados restos de Artigas es un error e irreverencia monstruosa.
Tal vez se piense que como su vigencia política ya había terminado antes de la batalla de Carpintería, enfrentamiento creador de los partidos tradicionales, se podría «fabricar» una historia nueva en su entorno, teniendo como referencia hechos recientes como la llamada «revolución tupamara» o de ideologías internacionales «socio marxófilas». Si eso fuese así, sería una bellaquería insólita. No olvidar que el padre Artigas fue el primer federal en estas tierras del Plata. También lo fueron sus tenientes Lavalleja y Oribe. Y los blancos siempre, también lo fueron y lo somos.
Artigas si hubiese estado en esa época de Carpintería, sin dudas hubiese sido blanco. Y si alguna duda quedase, jamás hubiese abrazado una doctrina foránea imperialista. Estos conceptos también ayudaron a la unidad y solidez del Partido Blanco. Por supuesto, hay muchos más ejemplos. Pero creo con lo expuesto alcanza, por ahora, para dar razones sobre el triunfo nacionalista y un futuro gobierno en noviembre.
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