Mujica, su imagen y "El Principito"
Cuando siento reiterar las palabras diciendo que la imagen de Mujica no es presentable para ser presidente de un país, me acongoja, no por Mujica, sino por el razonamiento que rodea los dichos.
El filósofo Kant decía: ….La etapa del infantilismo en la historia desapareció con el
surgimiento del racionalismo. Es decir cuando el hombre tiene como instrumento la razón, con sus categorías y metodología, se suponía que permitiría al hombre ser racional, para medir sus actitudes y pensamientos.
En estas elecciones pasadas y mirando ahora a octubre, aparece el líder tótem, es decir el líder al cual le adjuntamos nuestras inquietudes y necesidades, armándolo de acuerdo a nuestros deseos. Así fanatizamos a los nuevos Líderes-Dioses o antidioses, ellos se transforman con la imagen que queremos (en nuestra imaginación) y que en el «espejo cultural» o colectivo, queremos que sea reflejo del símbolo que admiramos.
Compatriotas, que buscamos resolver en estas elecciones nuestros impulsos inmediatistas, o ¿un gobierno dirigido, para construir un país donde podamos mejorar todos?
En una sociedad simbólica, la elección del presidente se procesa mayoritariamente por la seducción que nuestro candidato pueda ejercer y trasmitirnos a través de los medios de comunicación.
Mientras Kant confiaba en lo racional, Freud descubre el concepto de que el inconsciente (aquello que se construye desde la niñez…) es el que nos hace tomar decisiones en el presente (consciente), basado en las vivencias subjetivas (inconsciente) que tiene más peso que la propia razón.
Los marquetineros, aprovechando estas sutilezas sociales, juegan con los símbolos de la imagen de su candidato, intentando llevarla a símbolo o imagen conveniente colectivamente para obtener la toma del poder.
Cuidado, ¿qué elegimos? Un Tótem-Líder que tome el poder o un pueblo participativo (Congresos, clubes, comités de base, partidos políticos, etc.) que tenga su representante como máxima figura; de lo contrario es un Líder-vertical alejado luego de las elecciones de la realidad social. ¿O regalamos el poder por cinco años o somos partícipes orgánicamente con estructuras internas partidarias (clubes o comités de base) y otras formas participativas?
La imagen de Mujica, ¿se puede cuestionar?, cuando hay un negro elegido en EEUU como presidente, un indio en Bolivia, un obrero metalúrgico en Brasil. Busquemos las ideas, las alianzas, los proyectos del «cómo» se realizarán los programas, pero por favor
quien busque la imagen se quedó con el programa de Tinelli del pasado año o atenta contra nuestra inteligencia.
Quién no recuerda el libro «El Principito» de Antoine de Saint-Exupéry, cuando cuenta que un científico reunido en un congreso internacional expone sus descubrimientos, pero como su imagen era rodeada de una túnica blanca por ser asiático, y no por un traje con corbata, fue dejada su tesis sin trascendencia; años después se vistió como los occidentales, de traje con corbata, y en ese momento fue reconocido su gigantesco aporte científico. Compatriotas, si Antoine de Saint-Exupéry estuviera junto al Principito de su libro, nos explicaría que es un problema que tienen las «personas grandes».
Cuando los Peirano, con su buena imagen, pasaron de banqueros a ministros, aunque caímos perjudicados los uruguayos siempre, fuimos seducidos por sus cuellos blancos. Simplemente lo que quiero no es defender al FA o a Mujica, quiero que los dudosos de la imagen de Mujica reflexionen junto al Principito. El diría: en el error o en el acierto, mientras otros vaciaban bancos o acomodaban «amigos», este hombre arriesgó infinidad de veces su vida por sus ideales, o prendía luces como el candelero de Saint-Exupéry.
Juzguemos entonces por las promesas, los programas, por la importancia que significan y que el poder esté compartido con instrumentos democráticos partidarios o interpartidarios y no con autoritarismo o verticalidad, como de alguna forma puede esbozarse ahora. Alabemos las propuestas positivas y critiquemos las dudosas; y si no hay propuestas claras protestemos, pero por favor lo superfluo no debe decidir el voto de ningún candidato.
A pesar de todo, el silencio nos rodea, la pregunta más importante a cuestionar no es la imagen del o de los candidatos, sino su respuesta a lo siguiente: ¿Por qué se continúa polarizando el país socialmente? Las cadenas comerciales e importadores comienzan a estar ligados entre sí, junto con las grandes superficies comerciales; las mismas anulan y limitan aceleradamente a las Pymes (95% de las empresas del país). ¿Qué haremos? La industria nacional casi desaparece por la apertura a las importaciones en forma totalmente liberal y el sistema cambiario no permite el resurgimiento industrial. ¿Qué se hará al respecto? La tecnología ligada a la industria ¿no es un tema a conocer? Los valores culturales con los cuales somos bombardeados por los distintos medios, con chatarras envasadas en los medios de difusión que son casi monopólicos, ¿no son un tema nacional, dentro de la libertad de expresión? El preguntar me lo enseñó El Principito y el no cuestionar la imagen nos permite preguntarnos lo más importante. Pero por si alguien no se dio cuenta, las preguntas son para los dos presidenciables.
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