Hacia el cuatrimestre después

El domingo 28 se cumplió una etapa fundamental en el proceso para dotar al país de gobierno.

Está decidido, en el FA, quién será el candidato a presidente. Ahora, de inmediato, se abre la etapa para decidir quién lo acompañará como vice, «redondeando» la fórmula.

Existen, a priori, una serie de exigencias políticas indispensables a cumplir, para lograr la formación y, luego, el éxito en el funcionamiento de esa fórmula en el futuro gobierno al que aspiramos.

Debe ser el vice, por encima de todo, un compañero con empatía ideológica total con la visión del presidente. Así ocurrió cuando compitieron Tabaré y Astori, y el primero eligió como vice a Nin. En todo caso, debe exigirse dicha relación empática, dado que es indispensable. Máxime, sabiendo los riesgos que corremos por ser mortales, que no debemos ignorarlos, y de los que tenemos antecedentes en nuestra corta historia nacional.

Despersonalizando el tema, se hace indispensable y primario que ese equipo de gobierno sea consciente de su carácter de «mandatario» de la fuerza política que lo ha catapultado. No se pueden aceptar mandatarios que, al asumir en sus cargos, se autoerijan en autónomos de la fuerza política que los impulsó. El relacionamiento entre la fuerza política y sus mandatarios debe ser permanente, mientras dure el mandato en el gobierno. Los ejemplos de lo que no hacer los dejo a la fértil imaginación del lector.

Existe un programa, armado con sudor y lágrimas por la militancia en el orgánico y superior Congreso. Ese programa debe ser respetado esencialmente, sin desviaciones de ningún tipo. Y en aquellos asuntos en que el implacable devenir imprevisto de los hechos obligue al gobierno a decisiones no contempladas claramente en el programa, deben pasar, necesaria e irrenunciablemente por la decisión previa de la fuerza política.

No puede haber una visión «por la derecha» para la economía y otra «por la izquierda» para el resto de las áreas de gobierno. La mentada unidad también debe florecer indispensablemente en la ideología del programa. Porque después que le prometemos a los posibles votantes una línea de acción, estamos éticamente presos de ella. Para economía «por la derecha» podríamos tener, si nos equivocáramos o fuésemos ciegos, un segundo plato de Lacalle. En el tema de los «acuerdos» entre los candidatos a presidente y a vice, no puede haber imposiciones del segundo.

El candidato a vice, como el ‘a presidente’, son «candidatos comunes» del FA y no pueden, legítimamente, encabezar las listas de sus grupos políticos.

Es además innecesario, porque todo el mundo sabe quién está detrás de la 609 o de la 2121, por encima del puesto que ocupe.

Todos estos elementos deben estar en la mente y en el alerta de la militancia.

No podemos seguir admitiendo calladamente que los grupos políticos, negando en los hechos la existencia del movimiento, del que de la boca para afuera dicen sentirse diferenciadamente orgullosos, decidan las cosas y las traigan cocinadas a los órganos de decisión, para que el silencio (¿cómplice?) de los delegados de base sea interpretado antojadizamente y por conveniencia de espurios intereses ocultables, como aquiescencia, en aras de aquel viejo proverbio maquiavélico de que » el que calla otorga».

El temor a la diatriba de que se es «enemigo del FA», cuando se hacen observaciones a actuaciones que las merecen, es lo que ha dado vida, en la hoy desleída fuerza política, y en quienes irregularmente la dirigen «desde arriba», a montar «la aplanadora oficialista» que nos está conduciendo a esos resultados nefastos que los porfiados hechos insinúan. Y que ya insinúa que actuará en el inminente Plenario, bajo el santo sacrilegio de la mal entendida «unidad». Todo precocinado y a levantar la mano (de yeso).

Es el momento de «tomar las riendas» y transformar esa «aplanadora» en un útil elemento de siembra y labranza.

Queda en manos de la conciencia de los militantes no abandonar la lucha y tomar un tren que enmendando su triste curso nos lleve por la senda correcta al objetivo deseado y no al abismo.

Todavía hay tiempo: quedan cuatro meses para intentarlo.

Después a no inventar que el frío o la seguridad de que ganamos (?), sean el justificativo mediocre de idénticos resultados, para explicar por qué tantos se quedaron en su casa o no nos fueron a votar.

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