EDITORIAL

El vientre y la escoria

«Aún está fecundo el vientre que dio a luz esta escoria», debería escribirse en la puerta de cada escuela y liceo, para no olvidar que el fascismo, el fundamentalismo y el terrorismo pueden resurgir en los lugares y los momentos más inesperados.

Un ejemplo de ello es lo que está ocurriendo en Honduras, donde una vez más tenemos que soportar la presencia de uniformados reprimiendo y matando a su pueblo, sin saber por qué lo hacen y después que lo hacen parecen sentir hasta satisfacción.

Otra vez sangre joven, sangre de pueblo y de futuro, riega la tierra de Centroamérica. Todo como si los uniformados de las fuerzas armadas no hubieran aprendido de la historia, ni de los amores y desamores de los militares con los pueblos.

La situación de Honduras es tremendamente dramática, desde el mismo momento que su presidente, Manuel Zelaya, fue derrocado a punta de metralleta y expulsado de su país, en un acto de cobardía que indigna hasta al más derechista de los presidentes latinoamericanos y caribeños.

Ayer los cancilleres de Chile y Uruguay condenaron enérgicamente el golpe de Estado en Honduras, porque «es algo que no puede volver a tolerarse», dijo nuestro canciller, el doctor Gonzalo Fernández.

«Ojalá logremos una salida pronta que signifique en lo básico la restauración de la democracia en Honduras y un camino que nos haga pensar que estas crisis políticas no pueden resolverse con golpes militares, que quede eso claro», aseveró por su lado el canciller chileno en Montevideo, después de reunirse con Gonzalo Fernández.

Estas reacciones son sólo parte y parte muy importante del mundo democrático ­gobiernos, partidos y pueblos­, que han reaccionado contra los golpistas, manifestándose no sólo en la OEA sino también en las Naciones Unidas.

Hoy, quizá, sea necesario volver a cantar en las aulas aquel maravilloso poema de Nicolás Guillén que decía y sigue diciendo: «No sé por qué piensas tú/ soldado, que te odio yo/ si somos la misma cosa/ yo/ tú/ Tú eres pobre, lo soy yo/ soy de abajo, lo eres tú/ ¿de dónde has sacado tú/ soldado, que te odio yo/ Me duele que a veces tú/ te olvides de quién soy yo/ caramba, si yo soy tú/ lo mismo que tú eres yo/ Pero no por eso yo/ he de malquererte, tú/ si somos la misma cosa/ yo/ tú/ no sé por qué piensas tú/ soldado, que te odio yo/ Ya nos veremos yo y tú/ juntos en la misma calle/hombro con hombro, tú y yo/ sin odios ni yo ni tú/ pero sabiendo tú y yo/ a dónde vamos yo y tú/ ¡no sé por qué piensas tú/ soldado, que te odio yo!».

Por todo esto, en medio de la lucha por recuperar la democracia en Honduras, en ese pequeño país que sabe de vientres y de escorias, hay que hacer todos los esfuerzos porque en octubre vuelva a ganar el progresismo con el Frente Amplio y se derogue la Ley de Impunidad.

Cualquier paso atrás sería colocarnos como pueblo y sociedad en el «amanecer» de la noche.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje