Bensión y el "pacto social"
Las empresas públicas tienen un patrimonio importante que ha sido construido con el esfuerzo de todos los uruguayos. Todos somos accionistas (…) y tienen que contribuir a Rentas Generales para contribuir a la sociedad». Estas no son palabras de algún dirigente de la oposición, de los que sostienen que el papel del Estado es decisivo para el desarrollo armónico de nuestra sociedad. Aunque no lo crea el lector, estas palabras, junto a sus redundancias, fueron pronunciadas por el ministro de Economía, Alberto Bensión, ante la Comisión Permanente, tratando de justificar el aumento de los combustibles que multiplicó por dos, de una sola vez, el incremento del costo de vida en todo el año calendario.
En primera instancia esas afirmaciones parecen ser el resultado de una estrategia puesta en práctica con el objetivo de aplacar a la oposición frenteamplista, reconociendo explícitamente la existencia de un «pacto social» en base al que las empresas públicas deben aportar a Rentas Generales para que el Estado deba cumplir sus obligaciones sociales. Sería bueno que estas afirmaciones sirvieran para detonar una polémica, que de ocurrir, sería realmente aleccionadora.
Bensión sostuvo –palabras más o palabras menos– que el aumento de los combustibles se justifica en el marco de lo resuelto hace casi una década, en el referéndum que impidió la venta de Antel, como pretendía el gobierno herrerista, al mejor postor. No queremos equivocarnos, pero parece evidente que la jugada del ministro está dirigida a quitarle revoluciones a la izquierda, indicando que ese dinero ha servido para concretar una tarea social, lo que, más que discutible, es poco cierto.
Si hay algo que ha ocurrido gobierno a gobierno, durante los últimos veinte años, ha sido un congelamiento del gasto social, hecho verificable Presupuesto tras Presupuesto, y un incremento importante en rubros que se fueron rápidamente engrosando, no justamente vinculados a lo social. Cualquiera que visite un hospital de Salud Pública, o que simplemente camine por la ciudad y vea los niños abandonados, o los hombres y mujeres que esperan la muerte en algún portal, tapados por cartones, que atienda al crecimiento de la marginación, sabe perfectamente que el gasto social en este país se sigue achicando, mientras prosperan los contratos de obra y otras lindezas, del mismo tenor, que se han verificado en los últimos tiempos. ¿Será necesario para aclarar más este panorama mostrar nuevamente la distribución presupuestal rubro a rubro, para saber que el gasto social no es el privilegiado?
Más bien esas afirmaciones del ministro parecerían un reconocimiento indirecto de que el afán recaudador del gobierno determinó que se le «fuera la mano» en el tema de los combustibles. Pero Bensión no se contentó con hablar del «pacto social» que el gobierno estaría intentando que se cumpliera. Afirmó también que los combustibles, en adelante, estarán atados al precio del crudo. Sin embargo desde el pique mismo, la política emprendida se desmiente a sí misma: el precio del crudo tomado para calcular el incremento de los combustibles fue de 29 dólares el barril, cuando realmente en el momento de la suba estaba situado a 25 dólares. ¿ Otra acción desprolija? ¿Qué hará Bensión ahora? ¿Impulsará una reducción de ese incremento, cuyo monto, es un verdadero desatino que puede quebrar hasta la política de estabilidad del propio gobierno?
La respuesta a todo esto la tendremos, seguramente, en las próximas semanas.
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