La operación memoria del PIT-CNT es en verdad una operación futuro
La semana próxima pasada reflexionamos sobre lo que significó para el Uruguay la implementación del modelo de los 90, básicamente lo que significó en términos económicos, políticos y sociales. Publicamos al mismo tiempo un conjunto de datos referidos al empleo en el Uruguay, a la ausencia de negociación colectiva, a la falta de libertades sindicales y principalmente al comienzo de un proceso de fragmentación social, que lastima a cualquier uruguayo con sensibilidad social.
También nos referimos a que no creemos que nuestro papel en la sociedad en tanto representante de los trabajadores se reduzca a reivindicar salario, condiciones de empleo, categorías laborales, convenios de productividad, seguridad y salud en el trabajo.
Siendo las tareas antes mencionadas claves para la existencia con fortaleza de los sindicatos, nosotros nos hemos propuesto militar por una sociedad mejor, signada por la construcción de un país productivo con justicia social y profundización democrática. Esta decisión tiene que ver con otras adoptadas por la generación de Gerardo Cuesta y León Duarte, cuyo faro que alumbra el camino fue nuestro querido presidente Pepe D´Elía. No estamos inventando nada, estamos prosiguiendo un camino de construcción de la unidad en la diversidad que acuñó la generación de los 60 a la que nosotros creemos y aspiramos honrar. Es decir, nos proponemos ir detrás de un programa de soluciones para los más débiles, entre otras cosas, porque tenemos la obligación de ser escudo de los débiles.
Repaso habitualmente el libro escrito por mi querido compañero Carlos Bouzas, «La Generación Cuesta Duarte», y me convenzo de que estamos en el camino correcto: seguir construyendo todos los días una Central claramente definida como socio política, que se preocupa del plato de guiso del trabajador, de su salud, de sus condiciones de vida, pero que apuesta al mismo tiempo a movilizarse detrás de un programa que transforme la sociedad en bien de todos. Como me dijo hace unos días un veterano de esa generación: «podemos tener muchos errores, pero uno que sería imperdonable es no estar del lado de los que menos tienen». En eso estamos con nuestra mira puesta en el futuro.
Por eso, los tres ejes de las movilizaciones de los meses de julio y agosto son claramente apuestas a las futuras generaciones y principalmente compromisos con ellas:
1) Anular la Ley de Caducidad. Ya hace unos cuantos días comenzamos la campaña para anular la Ley de Caducidad. Lo hicimos desde la profunda convicción de que la futura generación de uruguayos no merece tener en su ordenamiento jurídico una ley de estas características, que protege a militares que asesinaron, desaparecieron y torturaron a cientos de uruguayas y uruguayos. La memoria colectiva nacional y el fuerte compromiso democrático de nuestra sociedad va a permitir anular una ley que nunca debió existir, por nosotros, pero mucho más por nuestros hijos.
2) Aprobar la Ley de Negociación Colectiva en el sector privado. La movilización para respaldar la aprobación de esta ley forma parte, ni más ni menos, de impulsar un proceso para seguir modernizando las relaciones laborales; para que se instituyan ámbitos de mayor modernidad a la ley de consejos de salarios aprobada en el año 1943. Esto significa un avance sustancial de cara al país del futuro que debemos construir. Las sociedades más fuertes son las que tienen sindicatos y organizaciones sociales fuertes, capaces de pararse en la escena nacional con seriedad, con ideas y con firmeza y estos instrumentos legales son importantes para darle mayor institucionalización a las relaciones en un mundo del trabajo muy cambiante que nos presenta nuevos desafíos.
3) Operación Memoria. La denominada «Operación Memoria» consiste simplemente en plantear: Un modelo como el que se aplicó en los 90 no coincide en absoluto con el Uruguay que soñamos. Un país con flexibilización y desregulación laboral: nunca más. El achicamiento de la Industria no se sustenta; muy por el contrario tenemos que ir hacia la producción de productos y servicios de calidad. Un país con educación de calidad para todos. El mercado no es capaz de regular, muy por el contrario ha generado un mundo de inequidades y de fragmentación social. El Estado tiene un papel clave para jugar y en ese papel, nuestras Empresas Públicas son claves para el desarrollo nacional… A muchos no les gustará y lo puedo entender, pero a pesar del gusto ajeno vamos a seguir opinando sobre qué futuro queremos los trabajadores para nuestra sociedad. El «hacé la tuya» no es parte de nuestra concepción, muy por el contrario, vamos a seguir trabajando todos los días para hacer la «nuestra», la de todos los hombres y mujeres de bien de nuestro país.
En síntesis: seguimos apostando al futuro…
Compartí tu opinión con toda la comunidad