Fuenteovejuna, señor comendador
De ahí «todos a una, como fuenteovejuna», no cabe otra. Siempre lo dijimos, no hemos tenido vacilaciones en afirmar que la puja interna del Frente Amplio para elegir candidato a la Presidencia, fuese cual fuese el resultado, conllevaba una decisión: posicionarse tras el ganador, en este caso el senador José Mujica. Para los compañeros «el Pepe», y lo más deseable para los intereses de la fuerza política, del proyecto renovador iniciado por el gobierno de Tabaré Vázquez, es la incorporación de Danilo Astori (su inmediato seguidor en caudal electoral) como vicepresidente.
En esta confrontación con los partidos tradicionales, la izquierda debe posicionarse junto al programa, sus hombres más representativos, más sólidos, más respaldados por el pueblo frenteamplista. En ese marco desarrollar la organización, la movilización y los instrumentos de propaganda y comunicación para revertir estados de ánimo, incomprensiones que las hay, y muchas, preocupaciones que también existen e interrogantes, quizás la más importante no está en la masa de votantes, en el «popolo minuto» sino en el pensamiento de los frenteamplistas, de aquellos que no se manejan con espejitos de colores, que son exigentes en su razonamiento y que dejan lugar a dudas, siempre necesarias, pero que no hay que dejar que se enraícen, porque lo que necesitamos es dar el pueblo frenteamplista, al que está decidido, al que está para decidirse y al que vacila y discrepa, certezas. Certezas de que se seguirá por el camino de Tabaré, el de los cambios con responsabilidad y profundidad; certeza del cuidado desde arriba de los equilibrios de la convivencia en diferencia; certeza de la transparencia y el rigor en las cuentas públicas, y certeza de que el discurso no trastocará normas acordadas y coincidencias de objetivos y planes de acción.
Hoy, como nunca, para los críticos, para los indecisos, para los que aún no ven claro que aquí se juega la renovación o la restauración conservadora, donde confrontan por un lado el Partido del Cambio que cumplió (pagando precios, como el IRPF) con el programa, y por otro el partido de la «Santa restauración», que es la involución para el Uruguay, la marcha atrás, la reversa en la «subida de Pena». Sí, somos ellos y nosotros, aunque no quisiéramos decirlo ellos lo dicen y lo hacen; se refieren a las familias ideológicas, la prueba es la invocación de Lacalle a «que esperen los inversores a noviembre», que es sinónimo de lo que son capaces de hacer con tal de volver a ganar.
No queremos ser frontales, pero también la historia ha enseñado duras lecciones, y basta leer las consecuencias de la derrota de la Comuna de París, donde las «pitucas» disfrutaban de sacarle los ojos con la punta de los paraguas a los comuneros derrotados; sí, la oligarquía es soberbia y es inhumana; no es este el caso, pero sin embargo, la memoria de lo que son las revanchas nunca hay que dejarlas en el desván del olvido.
Para todos, hermanos uruguayos, compañeros y compañeras frenteamplistas, para la visión política no hay Hospital de Ojos. Si le erras es el precipicio, si le aciertas es el desafío de seguir con las realizaciones en el camino de la siempre inalcanzable pero noble utopía.
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