Elecciones, viviendas y Lacalle

Ni la televisión, ni los votos cambian la realidad; la primera vende imágenes al mejor postor y transforma impostores en pastores, la segunda cuestiona, interpela y declama soluciones, premia y castiga empujada por este proceso de crecimiento de las desigualdades, que avanza más rápido que las reformas y las ayudas.

Hace 20 años pagábamos los trabajadores para conformar un Fondo Nacional de Vivienda que nos permitía acceder a una vivienda digna, hoy a través de endeudamientos (préstamos BID), pagamos por programas que traen «mejoramientos» y sin vivienda, en conclusión pagamos para ser pobres.

Caminando proponemos un camino, resistiendo al posibilismo; el chantaje de las empresas constructoras al elevar al máximo el valor del metro cuadrado de construcción, es producto de la derivación de la complacencia de lineamientos económicos y de vivienda, la exigencia de mantener esta cartera por parte de los que la delinearon incurre en mantener y sostener ese chantaje que premia a los de siempre y castiga a las mayorías.

Paralelamente a esta respuesta, solo se alienta a bajar estadísticas de pobreza, no soluciones que apunten a erradicarla, pues sin recursos, sin fondos estamos condenados a otros 5 años más del mismo cuento, el de la «sábana corta» si nos tapamos la cabeza nos destapamos los pies, si nos tapamos los pies nos destapamos la cabeza.

Para atender las demandas sociales que serán más, pues más empleo no significa mejor ingreso, cuando la insuficiencia de éstos en permitir una calidad de vida digna, buena, dentro de los derechos y estándares de la cultura de la familia uruguaya, seguirán resistiendo a vivir en asentamientos, que implica disociar esa cultura, disociar la familia, aumentar la dispersión, alentar la desunión, pérdidas de valores, violencia familiar e inseguridades.

Ante esto solo cabe re-socializar, refundar el Uruguay de la inclusión y esto se logra con recursos que deben pagar más los lo que tienen más, volviendo a aportar el 1% las patronales a un nuevo Fondo Nacional de Vivienda que se debe reanudar con los 20 años que no aportaron y que superan los 1.000 millones de dólares.

Regalo de Lacalle hace 20 años, que al crear el Ministerio de Vivienda en su gobierno eximió del aporte a las patronales, y sí exigió y condenó solo a los trabajadores a pagarlos.

Sin fondos no se hace ciudad, se deshace ciudad y luego tenemos que ir por sus pedazos.

Creer que la democracia es solo votar, es más de esto, necesitamos democracia popular y social, en la que cada uno tengamos igualdad de oportunidades, yendo a las raíces del problema y no yéndonos por las ramas.

Debemos apuntar bajo y a la izquierda, comprometiendo a los cambios necesarios con recursos de quienes hoy lucran con el Estado como las empresas constructoras y otros monopolios, sí, a la izquierda social postergada por la izquierda economicista.

Tenemos que revertir políticas y conceptos, pues el sistema cual camaleón se viste según la ocasión.

La economía crece y también crece el número de trabajadores en el seguro de paro, y el camaleón actúa para amortiguar y minimizar este hecho.

Así como a los vendedores ambulantes el neoliberalismo los llama «economías emprendedoras», esto significa que el garrapiñero parado en la Avda. 18 de Julio es un «empresario», es un «emprendedor».

Igual concepto quieren camuflar al llamar a un rancho «soluciones habitacionales».

Por ello algunas frases son tan esclarecedoras que ningún camaleón o camuflador podrán cambiar, y fueron las palabras de un niño al ser preguntado sobre qué le parecía la inauguración de su vivienda digna:

«Que lindo es ver llover sin mojarse».

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