Veinte años de mala suerte

El Partido Colorado y el Partido Nacional gobernaron juntos, desde la recuperación de la democracia (1985) hasta la asunción del Frente Amplio, el primero de marzo de 2005. Durante esos veinte años, se sucedieron cuatro gobiernos, cuatro gestiones compartidas por ambos, que marcaron la vida de nuestro país con un denominador común: estancamiento económico, decadencia política y desintegración social.

Durante esos 20 años, sufrimos demoledoras crisis económicas, graves procesos inflacionarios, un asfixiante endeudamiento externo e interno, elevado desempleo y precarias condiciones laborales, salario real deprimido y niveles de inversión prácticamente nulos. Tuvimos atraso cambiario, desindustrialización y conflictividad constante, un fuerte deterioro de todos los servicios del estado, déficit y aumento de la presión fiscal, un proceso de empobrecimiento y debilidad creciente de nuestra economía, que en el 2002, desembocó en la peor crisis de toda nuestra historia, en un retroceso económico y una fractura social sin precedentes.

Hoy, superada esa etapa de padecimientos y calamidades, los dirigentes blancos y colorados han vuelto a asombrar al mundo, son los protagonistas de un caso único. Gracias a ellos, el Uruguay se ha convertido en el único país democrático donde se puede gobernar durante 20 años, sin interrupciones y luego, negar toda responsabilidad acerca de los resultados registrados durante el período.

Como el Uruguay no hay. Como los colorados y los blancos gobernando, tampoco. Durante 20 años no hubo errores, no hubo malas políticas ni malas decisiones, no existió fracaso, clientelismo o incompetencia, nadie se equivocó. Y para aquilatar el verdadero valor de la hazaña, hoy nos brindan profundas explicaciones sobre lo sucedido. Según los dos socios históricos, el misterio de dos décadas de derrumbe uruguayo se debe a la confluencia de cuatro factores determinantes: 1) no se podía hacer otra cosa, 2) el mundo se ensañó con nosotros, 3) hubo mucha mala suerte y 4) hubo mucha, muchísima mala suerte.

Es un mensaje sabio y tranquilizador, pero sobre todo valiente. Qué mejor contribución para nuestra superación nacional que asumir con todo rigor republicano que lo sucedido no es culpa de nadie. El mundo y la fatalidad fueron los responsables de arruinar los resultados de tan destacadas gestiones. Una infamia, una chicana criminal de un cruel destino. Pero veamos algunos ejemplos, que ilustran el papel devastador que la mala suerte jugó en esos gobiernos.

Durante 20 años, colorados y blancos tuvieron la mala suerte de prescindir de políticas sociales, ya sea de asistencia, desarrollo o atención a las realidades más acuciantes de la pobreza e indigencia en el país. Según ellos, el crecimiento económico, por sí mismo y como una fuente, derramaría recursos y oportunidades, incluso para los ciudadanos más pobres. Hubo mucha mala suerte al aplicar una política de atraso cambiario, al acumular un elevado déficit fiscal y una enorme presión de deuda, que junto al muy escaso dinamismo, generó una extrema vulnerabilidad de la economía. La mala suerte impidió tomar decisiones a tiempo y fue también la culpable de que nos comiéramos olímpicamente las devaluaciones de nuestros países vecinos, que pulverizaron en dos meses el «Uruguay plaza financiera» que se levantó como modelo durante más de 20 años.

Hubo mala suerte, al garantizarle una cobertura de impunidad, gratuita e inexplicable, a un conjunto de militares fascistas, que tuvieron principales responsabilidades en el terrorismo de Estado desatado durante la dictadura. No se investigó nada, se negó que hubiera niños desaparecidos y cuerpos enterrados en los cuarteles y se impidió toda búsqueda en predios militares. Pero hubo tanta mala suerte, que a poco de asumir el Frente Amplio, la investigación y los hallazgos comprobaron la mentira y la falacia institucionalizada, y los juicios pusieron al desnudo las responsabilidades de aquellos que pasaron 20 años muertos de risa.

En cada elección, repitieron que si ganaba el Frente Amplio se produciría un caos económico, desconfianza total y fuga de capitales, se extinguiría la inversión. Alertaron acerca de nuestra incompetencia para el manejo de la economía y en particular, sobre nuestra irresponsabilidad fiscal. Y hubo mucha, muchísima mala suerte, porque cuando el Frente Amplio asumió el gobierno, el país creció como nunca, hubo más confianza que nunca, la inversión aumentó como nunca y batimos todos los récords de exportación y empleo. Quizás este año tengamos la oportunidad de presenciar el surgimiento de una nueva tendencia electoral en el país. La aparición de lo que podríamos denominar «la corriente del masoquismo nacional», que debería reunir a aquellos ciudadanos que se sientan a gusto con el fracaso, el retroceso, con la mentira, el engaño y la decepción. Si esa tendencia se formaliza, tendrá varios candidatos cantados para apoyar y votar con entusiasmo.

Creo que todos los demás, los que no compartimos esos gustos, deberíamos tomar por otro camino y hacer una opción elemental por el sentido común, por el progreso, por la justicia, por el desarrollo de nuestra propia sociedad y por lo único que representa un paso al futuro. Para no enterrarnos en el atraso y el pasado, hay que asegurar la victoria del Frente Amplio y evitar que vuelvan a gobernar, los que ya han reconocido tener tan terrible mala suerte.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje