Ubiquemos las elecciones internas en su verdadero lugar
Los resultados de las elecciones internas parecen interpretarse de maneras diferentes. Pero lo curioso es que quienes los interpretan de manera diferentes son los mismos que tres días atrás afirmaban que este suceso electoral no condicionaba de ninguna manera lo que será el verdadero dictamen ciudadano en el mes de octubre.
De más está advertir sobre la euforia trasmitida por la mayoría de los medios de comunicación que se percibe en los espacios que generosamente otorgan al «supuesto» partido ganador y las dudas e intrigas que pretenden generar contra el Frente Amplio.
De más está decir que en el segundo gobierno del Frente Amplio habrá que profundizar sobre las empresas que hacen prensa, es decir, no limitar la libertad informativa pero sí buscar la forma en que los medios de comunicación no pasen a ser deformadores de opinión en vez de formadores de opinión en un sentido amplio.
Debe quedar claro que la libertad de prensa y de información no tiene nada que ver con la libertad empresarial, un principio que las empresas periodísticas se preocupan por mantener en una especie de niebla y de falta de claridad.
Más de una vez nos encontramos con que se busca entremezclar la libertad de prensa con intereses empresariales.
Más allá de que esta es una discusión muy importante que está en el debe del debate ciudadano, volvamos a lo del inicio.
Vivimos el pasado fin de semana una instancia ciudadana importante, que la impuso el Frente Amplio (antes no existía) y que busca democratizar los procesos internos de los partidos políticos.
El FA siempre definió sus candidatos a la presidencia de la República a través de formas abiertas, transparentes, con representación de las bases, es decir, una propuesta y una práctica totalmente diferente a las resoluciones de los partidos de la derecha que se definían y cocinaban entre cuatro paredes y tres «popes».
Sin duda que este proceso de elecciones internas institucionalizadas ha sido un importante aporte del FA.
Por otra parte, es en definitiva una instancia en la que los militantes y los adherentes más activos y más consustanciados con el quehacer político participan y tienen la oportunidad de expresar su voluntad.
Esta instancia, que surgió como una acción interna alejada de toda conspiración, de propaganda, de que quien tenga más dinero atiborra a la ciudadanía con su mensaje, se ha bastardeado totalmente por parte de los partidos tradicionales.
Hoy se encara como un acto electoral en el que prácticamente es obligatorio votar y que, aparentemente, define la verdadera elección presidencial.
Es un problema de interpretación.
Seguimos creyendo que, fundamentalmente, es una instancia de compromiso partidario, de militancia y que compromete a los ciudadanos que más se sienten comprometidos con determinada concepción de vida y de lo que debe ser el país.
Por eso, no participamos del exitismo de algunos grupos políticos y de los medios de comunicación que funcionan como transmisores.
No podemos descontextualizar el acontecimiento ciudadano que vivimos este domingo. Tal vez el último domingo de octubre resulte vencedor el mismo que, para algunos, resultó ganador en esta interna electoral. Pero también existe la posibilidad de que finalice en un fiasco, porque no será fácil tapar el sol con poesía.
Cuando los ciudadanos comiencen a recordar lo que han sido otros gobiernos, y lo que hoy viven, es muy probable que ahí definan su voto, el que realmente importa, a fines de octubre.
Hoy politólogos, etc., se devanan los sesos buscando explicaciones, justificaciones, sobre los resultados del domingo pasado. En realidad creemos que ahora es borrón y cuenta nueva. Esta es la instancia que importa, en la cual los partidos se aglutinan en torno a un candidato y en la que los ciudadanos tienen la oportunidad de comparar hechos, no palabras, y optar por quien entiendan que mejor interpretará sus intereses y necesidades.
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