Las zonas francas según el PIT-CNT

El PIT-CNT es una de las organizaciones más importantes del país. Buena parte del mérito debe atribuirse a su dirigencia, por lo que es de presumir que no tienen un pelo de tontos sino que, por el contrario, no les falta la ponderación necesaria para no perder de vista el interés general en aspectos particularmente sensibles, sin desmedro, obviamente, de la defensa de los intereses que representa.

Esto viene a propósito de las conclusiones del Encuentro Nacional de Desarrollo Productivo del PIT-CNT, las cuales abarcan los ingredientes habituales de la mitología sindical en relación al sistema financiero (regulación de la inversión extranjera, limitación a la exportación de capitales, progresivas restricciones al secreto bancario y otras por el estilo) que no por reiteradas dejan de ser inquietantes en la medida en que parten del presupuesto de que el sistema financiero está en colisión con el aparato productivo.

La novedad es el capítulo que destina a las zonas francas, que en nuestro país fueron creadas por una ley del año 1923 y cuyo régimen actual está regulado básicamente por una ley de 1987, con el agregado de la nueva ley 17.484.

Según trascendió en la prensa (Informe de Maximiliano Montautti en «El Observador» del l4 de junio), el PIT-CNT propone impedir las actividades financieras en las zonas francas porque las mismas funcionan como un paraíso para instituciones bancarias no reguladas» y, en términos más generales, «se tenderá a la eliminación de las ZF debido a que constituyen un factor de cuestionamiento a la soberanía».

En cuanto al primer punto, hace ya varios meses que la Cámara de Zonas Francas entendió, en ocasión de una reunión con la Comisión de Hacienda del Senado sobre el proyecto de ley ­posteriormente aprobado- de Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo, que la misma es una aspiración de sus integrantes, en el entendido de que sus exigencias serían aplicables al sistema financiero. Eso está consagrado en el nuevo texto legal, que incluye, con respecto a los usos y actividades que determine la reglamentación, a los explotadores de ZF entre los sujetos obligados a informar operaciones sospechosas e inusuales. En consecuencia, la inquietud del PIT-CNT de que las ZF funcionen como un paraíso para actividades bancarias no reguladas fue contemplada con largueza.

En cuanto al segundo punto, o sea suprimir las ZF, nos parece francamente insensato. Las empresas que trabajan en las mismas abarcan el ámbito industrial, comercial y servicios. Trabajan allí cerca de diez mil personas y la media salarial debe ser superior al promedio. El 75% del personal de las empresas deben ser ciudadanos uruguayos salvo excepciones que deben ser aprobadas por el Poder Ejecutivo. Las doce ZF están distribuidas en seis departamentos. El conjunto de sus actividades genera un valor muy superior al 3% del PBI, sin incluir a Botnia. Todo indica que el proceso de expansión continuará en un futuro previsible.

¿Pero acaso el PIT-CNT no conoce esos datos y muchos más que ilustran sobre algo tan positivo para el país, sean cuales fueren los parámetros de evaluación que se apliquen? ¿Deben eliminarse, como proponen, porque creen seriamente que cuestionan la soberanía nacional?

Hmmm… difícil de creer. La suspicacia crece, especialmente si se consideran las declaraciones del señor Oscar Andrade, integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT, contenidas en el informe ya mencionado, en el sentido de que «también le importa al PIT-CNT que haya en esta actividad el respeto a las organizaciones sindicales».

Resulta entonces que al mismo tiempo que procuran la eliminación de las ZF aspiran a ampliar su esfera de influencia dentro de las mismas, lo cual, dicho sea de paso, habrá de depender de quienes allí trabajan.

En resumen, no es que eso «también le importa», sino que quizás sea lo que más le importa al PIT-CNT y todo lo demás apenas una cortina de humo.

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