Perdió la oportunidad de hacer silencio

Bluth y sus "reflexiones"

La historia se construye hora a hora, día a día, y en ese devenir del tiempo los hechos del pasado van adquiriendo, según su magnitud, una creciente importancia o, por el contrario, se diluyen lentamente hasta, como el alguna de un arroyo que llega al océano, desaparecer totalmente.

Sin embargo los uruguayos debemos continuar planteándonos una disyuntiva que es fundamental para seguir construyendo nuestra imperfecta democracia. ¿Es posible que nuestra sociedad perdone a quienes asesinaron, torturaron y hicieron desaparecer personas? Claro, al respecto existe una incuestionable resolución del pueblo que en un plebiscito aprobó la vigencia de la Ley que suspendió la pretensión punitiva del Estado a quienes cometieron esos delitos. Sin embargo sobre el tema debemos analizar algunos elementos que, justamente ayer, el ex secretario de la Presidencia de Julio María Sanguinetti mencionaba en más que infelices declaraciones.

Elías Bluth expresó su sorpresa indicando que el resultado feliz de la investigación que determinó la aparición de la nieta del poeta Juan Gelman «es un misterio» porque en los años 1987-88 «fue investigado el destino de los detenidos desaparecidos luego de la promulgación de la referida Ley de caducidad», y no hubo –se infiere de sus palabras– ninguna pista de ese secuestro.

Claro, sabemos muy bien que allí está uno de los puntos que debieran analizarse. Si alguien duda de esa investigación o de otras es hora de que se pida cuentas para analizar la situación y replantear el caso. Si es que uno de los extremos fundamentales de la referida Ley no se habría cumplido con el único fin de encubrir a quienes concretaron las más aberrantes acciones incluidas en la Doctrina de la Seguridad Nacional, todo el andamiaje de la Ley de Caducidad debiera desplomarse. Especialmente cuando sabemos que esas acciones tuvieron un origen espurio y extranacional: recordemos que la vigencia de las dictaduras en el continente fueron decididas por el Departamento de Estado, a fin de realizar el gigantesco «ajuste» de las economías de la región y comenzar a aplicar la nueva teoría en boga en ese período, impulsada por los organismos multinacionales de crédito, el neoliberalismo.

Los resultados fueron dramáticos, ya que lo único que se obtuvo fue más pobreza para los pueblos y el fluir constante de riqueza hacia el exterior. Quién tenga algo de memoria que recuerde el pasado mediato, cuando hombres como Alejandro Végh Villegas, Valentín Arismendi y otros, que continuaron la misma política durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti y, posteriormente, cuando logró el poder el Partido Nacional, y durante el segundo período de Sanguinetti, qué fue lo que ocurrió.

Claro, la agresión inaudita contra la Constitución de la República y contra los derechos humanos se concretó, todos sabemos, en el período de facto. ¿Es posible, entonces, que los uruguayos perdonemos a quienes pusieron en marcha al fascismo en el Uruguay, incluso a quienes asesinaron, torturaron y secuestraron? La propia Ley de Caducidad indica que existen delitos «permanentes», como la desaparición de personas, que no están comprendidos en la cobertura que propicia esa norma legal.

Por ello cuando habla Bluth y sostiene que en este país la democracia se consolidó a partir de esa Ley de Caducidad, se está equivocando –o falseando– una realidad que él debería conocer muy bien.

Uruguay es uno de los únicos países en que estos siniestros personajes, que se escudaban en capuchas para agredir a personas indefensas, la mayoría de ellas detenidas por oponerse a quienes habían violentado la Constitución de la República, no han recibido ningún castigo, ni siquiera han sido llevados ante los tribunales de Justicia para que aclararan sus acciones de lesa humanidad.

Bluth como siempre, en su seguidismo genuflexo hacia el poder, ahora que está en una especie de desértico llano, sigue hablando y mostrando su insensibilidad hacia miles de compatriotas agredidos en aquel período, además de una deshonrosa actitud antidemocrática.

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