Del gobierno progresista al gobierno popular

Desde hace bastante tiempo muchos compañeros, y casi todos los «politólogos», han incursionado en la falta de capitalización electoral de lo que coinciden en definir como buena o muy buena gestión del gobierno frenteamplista, así como de la imagen positiva que, mayoritariamente, tiene la sociedad uruguaya del compañero Tabaré Vázquez. La mayoría de los análisis concuerdan en que, de una multiplicidad de factores, el elemento prevalente es de carácter comunicacional. Concretamente tanto analistas profesionales independientes, como compañeros frenteamplistas, confluyen en que gobierno y fuerza política no tiene capacidad de comunicación o medios idóneos para internalizar en la sociedad los logros, de lo que muchos consideramos, como el mejor gobierno de los últimos cincuenta años.

Nosotros pensamos, concordando parcialmente con algunos análisis como los antes mencionados, que incluso las dificultades de comunicación obedecen a otro factor decisivo y de carácter político-estratégico. Como bien sañalara hace algún tiempo el compañero Pablo Anzalone, pensamos que el elemento determinante y fundamental que nos plantea esta contradicción es la falta de promoción, desde el propio gobierno, del involucramiento de la fuerza política y la sociedad civil organizada en la construcción, gestión y defensa de un proyecto político democrático.

Seguramente los tiempos electorales habilitarán a que, desde la izquierda, podamos contraponer nuestra gestión en el gobierno y confrontar con la derecha en su intento regresivo, restaurador del modelo neoliberal. Esto sumado al carisma y sintonía de «Pepe» Mujica con nuestro pueblo, seguramente nos llevará a ganar las elecciones en primera vuelta en octubre próximo. Sin embargo, la lección fundamental que la historia reciente nos demuestra, es la imperatividad del pasaje de un gobierno, que inició un proceso de transformaciones de signo progresista, a un gobierno de participación de las grandes mayorías que profundice los cambios y que exprese radicalidad en la defensa de los valores democráticos, construyendo ciudadanía cotidianamente, en el marco de un proyecto de país productivo de matriz nacional.

La única garantía, si la hay, de irreversibilidad de un proceso de cambios la da la participación del pueblo como actor principal y determinante.

Desde el segundo gobierno del Frente Amplio, con Pepe como presidente, a través de un proceso como decía el Prof. Tierno Galván «de orejas grandes y bolsillos transparentes», empezaremos a construir el proyecto histórico con el que soñamos desde nuestra juventud: el gobierno popular de izquierda, el gobierno popular del Frente.

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