Irán y la profundidad de la protesta

A diferencia de los sucesos del Líbano, en Irán se continuó con una república islámica integrista con Mahmoud Ahmadinejad como presidente de la revolución islamista de hace 30 años.

Los jóvenes que son la mayoría de la población, comenzaron a poner la mayor resistencia al autoritarismo de aquella revolución islamista integrista.

Recordemos que el promedio de edad de su población oscila los 28 años ya que el índice demográfico es muy alto. Estos jóvenes que nacieron posteriormente a la revolución fundamentalista, han puesto en estas últimas elecciones un quiebre al autoritarismo islámico del Ayatolá. A pesar de que el candidato reformista Mir Hossein Mousavi fue colaborador del Ayatolá hace años, el movimiento que representa es mucho más reformista en potencia de que lo que podemos apreciar en el presente.

El 38% de votos del opositor reformista Mir Hossein Mousavi y los 62% declarados por Ahmadinejad no son creíbles. Decía una figura mundial muy castigada por su dictadura: «Lo que cuenta no es quién vota, sino quién cuenta los votos».

En un país donde las encuestas están prohibidas, donde las visas de los periodistas extranjeros no se renovaron y el parlamento junto a los demás poderes se concentra únicamente con el ganador, la eliminación o fraude electoral al opositor es tierra de cultivo.

La dictadura islámica integrista es comentada por Michael Slackman en algunos detalles para que podamos conocer su raíz antidemocrática y clerical, por ejemplo:

«El Consejo Guardián tiene la facultad de descalificar a candidatos para la función pública exclusivamente por razones ideológicas. En febrero de 2004, el Consejo Guardián descalificó a miles de candidatos que se presentaban a las elecciones parlamentarias, y en diciembre de 2006, el Consejo Guardián descalificó a una cantidad similar de iraníes impidiéndoles presentarse para escaños en consejos Municipales y la Asamblea de Expertos.

La represión del disenso político en Irán no es un fenómeno nuevo. El gobierno tiene una larga historia de arrestos y ejecuciones de miembros de organizaciones armadas y no violentas contra el régimen, incluyendo una ola masiva de ejecuciones en 1988. Las organizaciones de derechos sostuvieron que, entre 1979 y’1994, el gobierno ejecutó de 4.000 a 5.000 prisioneros políticos.

En el curso de la última década, los clérigos radicales que gobiernan Teherán y sus aliados en las distintas ramas del gobierno, han actuado para mantener su poder absoluto aplastando intentos de reforma política».

¿Qué pasó en Irán?, nos preguntamos. La población concentrada en la ciudad y a la cabeza los estudiantes, no soportan las 160 lapidaciones mensuales (que se cuentan) impuestas por delitos juzgados por fundamentalistas religiosos. Ellos, los jóvenes, pretenden fluir por Internet, poder sentarse en un café con una chica en la misma mesa, que las mujeres si quieren usen bicicletas, fumen, elijan sus valores en relación a la sexualidad y no estén condenadas a la lapidación, etc., es decir las limitaciones fundamentalistas y las formas representativas del Estado desbordaron al ciudadano de la ciudad que está más avanzado que el rural.

No son simples manifestaciones por un fraude electoral que muy posiblemente se haya efectuado, sino que hay un voluntad de cambio, de romper los límites teocráticos, los extremos políticos de Ahmadinejad en lo interno y lo externo, junto con un deterioro socio, económico que la población ya no quiere seguir esperando promesas futuras.

En esta situación, las causas exteriores aumentan aún más la rebeldía contra el régimen de Mahmoud, ya que el petróleo con precios muy inferiores al año pasado se refleja en su economía débil antes y ahora con mayor incidencia en su población. La propuesta del nuevo presidente Obama de comenzar un diálogo no es escuchada por Ahmadinejad, situación que podría dar un respiro a Irán sin deteriorar su imagen, ya que Obama aceptó un Irán con energía nuclear, excluyendo claramente su empleo para lo bélico. Cerrando las puertas, Ahmadinejad no da lugar para los reformadores en el gobierno ni de los cambios de las vidas que sus ciudadanos piden. Por eso se sale a las calles a pesar de la inmensa represión, a pesar de haber anulado todo medio de comunicación opositora, la calle está clamando nuevas elecciones, porque en ellas se juega el cambio.

Un político iraní, de acuerdo con lo que dice Clarín de B. Aires, que no quiso ser identificado, dijo: «El que es revolucionario no puede ser progresista y el que es progresista no puede unirse a la revolución islámica».

En este punto sin retorno ya hay confirmados 20 muertos en las calles, centenares o miles de heridos y no se sabe cuántos muertos pueden haber en centros hospitalarios o de detención.

Como todo en cualquier ciclo de vida nace, se desarrolla y muere, sin duda estamos ante el cuestionamiento de la revolución islamista, y ante el período sin duda, más tarde o temprano de su caída definitiva. Será la caída del totalitarismo islamista, no del Islam, puesto que el Islam en su historia fue fuente de vida, libertad, tolerancia y un gran beneficiario de los derechos de la mujer.

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